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La pintora Carmen Herrera continúa pintando en su estudio de Manhattan como desde el primer día

Que 101 años no es nada: la centenaria pintora cubana Carmen Herrera expone en el Whitney de NY

Que 101 años no es nada: la centenaria pintora cubana Carmen Herrera expone en el Whitney de NY

Ignorada por los críticos de arte y adelantada a su tiempo, Carmen Herrera siguió pintando sin descanso y sin vender un cuadro durante décadas. Esta semana inaugurará su propia exposición en el Museo Whitney de Nueva York, el mayor logro de su carrera.

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La pintora Carmen Herrera continúa pintando en su estudio de Manhattan como desde el primer día

"El autobús siempre llega a quien lo espera", le dijo el pintor boricua, Tony Bechara, a su amiga Carmen Herrera mientras charlaban en una celebración en su honor. Ella le contestó: "Bueno, Tony, ¡yo he estado en la parada durante 94 años!"

La pintora cubana que vendió su primer cuadro a la edad de 89 años verá exhibida su obra en el Museo Whitney de Nueva York en una muestra individual que se inaugura este miércoles. Además, Netflix estrenará un breve documental sobre ella titulado 'The 100 Years Show' próximamente.

Tras décadas dedicada al arte, Carmen Herrera por fin disfruta del reconocimiento que no obtuvo en el pasado, a pesar de haberse adelantado a la corriente minimalista y de haber creado un universo geométrico propio.

Ha cumplido 101 años y su voz solo se rompe por la risa que desata su agudo sentido del humor. La energía para pintar se la dan su pasión por el arte y su imprescindible café con leche, que toma en el estudio de Manhattan donde trabaja desde 1954.

Carmen Herrera nació en La Habana en 1915, en medio de una familia numerosa. Mientras sus padres perseguían la verdad en su oficio de periodistas, Carmen buscaba una versión de la realidad diferente a través del pincel.

Su visión se formó en las mejores escuelas de la Habana y París, donde estudió historia del arte y arquitectura. Siendo una veinteañera se casó con el profesor estadounidense Jesse Loewenthal y se mudó a Nueva York, donde siguió sus clases de arte.

París fue su ciudad de acogida a principios de los años 50, cuando entró en el círculo del Salon des Réalités Nouvelles que reunía a los pintores abstractos del momento. Realizó varias exposiciones con ellos y el público fue testigo del incipiente talento de la artista. Su potencial, sin embargo, quedaba eclipsado por otros artistas más populares. Josef Albers, Jean Arp y Sonia Delaunay fueron algunos de los pintores que expusieron con Herrera. Todos ellos inmersos en la persecución de la proporción perfecta de las figuras geométricas y la armonía de los colores más puros.

Herrera encontró su fórmula: tres colores. Pronto se dio cuenta de que para crear su mundo de figuras geométricas no necesitaba más que dos tonalidades y amplios lienzos en los que apuntar al horizonte. Y entonces fueron solo dos colores.

En París coincidió con la joven generación de artistas latinoamericanos, entre ellos Los Disidentes de Venezuela, que también impulsaron el abstraccionismo geométrico; también con la corriente del concretismo brasileño y con los argentinos y uruguayos del Grupo Madí.

Tuvo la maldición de adelantarse demasiado a su tiempo. Sus composiciones inauguraron el minimalismo diez años antes de su 'nacimiento oficial' y cuando volvió a Nueva York no se comprendió su estilo. En ese momento, el expresionismo abstracto estaba en boga y los bloques de color que proponía Herrera rompían muy bruscamente con los paradigmas del arte de esos días.

Ser pionera, mujer e inmigrante, no le puso las cosas fáciles. Sin embargo, con la fe que caracteriza a los más grandes artistas de la historia, siguió firmando obra tras obra aunque no recibiera los halagos de la crítica ni le llovieran los encargos.


En los 80 y 90, El Museo del Barrio y The Alternative Museum en Nueva York le cedieron espacio para mostrar su obra. Su primera exposición monográfica en Europa no sucedió hasta el 2009 en Inglaterra y más tarde en Alemania.

El reconocimiento merecido le está llegando en esta última década. Museos de la talla del MoMA, el Tate Modern o el Boston Museum of Fine Arts han adquirido algunas de sus obras. El público por fin puede ser testigo de la carrera centenaria de la artista.

En mayo se inauguró su primera gran exposición en la Lisson Gallery en Nueva York. Sus lienzos recientes de más de metro y medio de ancho anuncian que cumplir 101 años no le ha restado energías ni inspiración.

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