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Más dinero no garantiza una A

Más dinero no garantiza una A

Las condiciones económicas de un vecindario no necesariamente influyen en el aprovechamiento escolar de los estudiantes.

Dichos hallazgos, publicados en la edición de otoño de la publicación "Education Next" del Instituto Hoover, sugieren que hace falta mucho más que mejorar las condiciones de vivienda si se quiere reforzar el aprovechamiento escolar de los niños pobres.

Los investigadores Lisa Sanbonmatsu, Jeffrey Kling, Greg Duncan y Jeanne Brooks-Gunn compararon información de más de 5 mil estudiantes de edades comprendidas entre los 6 y 20 años, cuyas familias participaron en un programa de vivienda federal que utilizó un sistema de lotería para ofrecer ayuda económica.

Los investigadores, académicos de diversas universidades del país, se basaron en datos del programa Oportunidades de Movilización (MTO, en inglés), un proyecto piloto federal del Departamento de Vivienda cuyo fin es ofrecer alicientes económicos a través de cupones a familias pobres para reubicarlos en vecindarios donde tengan acceso a mejores escuelas.

Ese programa piloto se puso en marcha en cinco de las ciudades ciudades más grandes en Estados Unidos.: Baltimore, Boston, Chicago, Los Ángeles y Nueva York.

Durante los primeros cuatro años del programa, más de 4 mil familias solicitaron dichos cupones.

El sistema de lotería dividió al azar a las familias en tres grupos.

El primero recibió cupones de viviendas sin ningún tipo de restricciones, o sea, que los beneficiados podían navegar por el mercado privado y alquilar una casa o apartamento en cualquier vecindario.

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El siguiente grupo sólo estaba autorizado a utilizar sus cupones para alquilar en vecindarios donde la tasa de pobreza era menor del 10 por ciento, mientras que el tercer grupo no recibió cupones.

Del análisis de los datos del MTO, los autores del nuevo estudio encontraron que, en contra de las expectativas, los cambios de residencia no tuvieron "un impacto positivo en el aprendizaje de los niños".

Las familias que tenían cupones con restricciones se mudaron a vecindarios donde la tasa de pobreza era un 28 por ciento menor del promedio de los vecindarios de las familias que no recibieron cupones.

Las familias autorizadas a mudarse a cualquier lugar, eligieron lugares en los que la tasa promedio de pobreza fue 17 por ciento menos de la de los vecindarios donde originalmente vivían.

Sin embargo, las mejoras en las escuelas donde asistieron los hijos de las familias con cupones "fueron modestas".

Los niños de familias con restricciones en sus cupones "vieron sólo una leve mejoría" en sus resultados de los exámenes estatales.

Y los datos de las escuelas donde fueron a parar estos estudiantes reflejaron que tenían aproximadamente un 10 por ciento menos estudiantes de minorías y casi un 13 por ciento menos de estudiantes elegibles para participar del programa de almuerzo gratis o de tarifa reducida.

Para los hijos cuyas familias tenían cupones con restricciones, no hubo una mejora significativo ni en matemáticas ni en lectura.

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Tampoco hubo evidencia de una ventaja para los hijos cuyas familias no tenían que someterse a restricciones.

En términos estadísticos, los autores no encontraron diferencias significativas en actitudes ni comportamientos hacia la escuela entre los hijos de familias con o sin cupones de vivienda.

Entretanto, los estudiantes de los tres grupos reflejaron problemas de comportamientos similares, tales como haber repetido de grado o suspendido de la escuela.

Los autores apuntaron varias razones para el limitado beneficio del programa.

Según Lisa Sanbonmatu, "reubicar a una familia necesitada a un vecindario que, aunque menos pobre, tiene escuelas apenas levemente mejores que la de sus vecindarios originales, no resuelve los problemas que vienen arrastrando el estudiante".

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