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Mamis entre dos culturas: cómo es vivir en el extranjero

Mamis entre dos culturas: cómo es vivir en el extranjero

La historia de una mamá hispana que llegó desde Lima a Estados Unidos a adaptar su cultura a una nueva.

Yo crecí en Lima, muy cerca de la casa de mis abuelos paternos y de una larga avenida que se llamaba Canadá. Lo hice entre primos y amigos del barrio con quienes mi hermano y yo jugábamos hasta el cansancio.

En sus pocos ratos libres, a mi madre, quien tuvo a mi hermano antes de que yo cumpliera el año, le encantaba tejerme suéteres y gorritos. Con ella visitábamos a diario la casa de mi abuela, el lugar donde transcurrió gran parte de mi infancia, entre juegos y mucho calor familiar. Fue en Canadá "me refiero al país y no a la larga avenida de mi niñez" donde hace cuatro años tuve a mi hija.

Allí empezó esta aventura de ser una mamá hispana viviendo en el extranjero y es aquí en Texas, mi actual lugar de residencia, donde continúan mis andanzas de la mano de mi pequeña Emilie.

Para mí la maternidad, especialmente en un país extranjero, está resultando muy distinta de lo que fue para mi mamá. Para empezar, debo decir que a Emilie todavía no he podido tejerle ni un gorrito y que para visitar a las abuelas tenemos que volar a Lima o a Nueva Jersey.

Acá en Houston sólo estamos papá y mamá, y nos multiplicamos por cinco para criar a la niña. Yo además observo que en estos tiempos los pequeños tienen una agenda muy activa: a sus 4 añitos Emilie ya ha tomado clases de natación y de gimnasia, visita la biblioteca pública con regularidad y hasta hace poco participó en un fantástico taller infantil de música ofrecido por una universidad.

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Yo aprendí a usar computadoras a los 17 años; hoy los pequeños ya las usan en el preescolar, en el kindergarten, o antes. Cuando llegué a Estados Unidos, hace tres años, me sentí como en el kindergarten.

Contenta, algo nerviosa y llena de preguntas. Tenía que aprender cómo funcionan aquí las ciudades (sistema educativo, actividades culturales, servicios de salud), pero también cómo guiar a mi hija en su nuevo ámbito.

Una de las decisiones que más me sirvió fue unirme a un grupo de madres del vecindario. Con más de trescientas integrantes, esta red, que en parte se teje en el ciberespacio, hizo que mi aterrizaje en Texas fuera suave y hasta divertido.

Usamos el correo electrónico para compartir información de todo tipo, desde pediatras y alimentación infantil hasta escuelas y los secretos del potty training. A varias de ellas las conozco en persona, gracias a los grupos de juego, pero a la gran mayoría no, lo que no impide para nada que la comunicación sea fluida.

El Internet y las bibliotecas públicas son mis otros grandes aliados. Navego siempre en la red en busca de actividades para niños (zoológicos, museos y escuelas ponen allí su información) y llevo a Emilie religiosamente a la biblioteca pues es no sólo un excelente lugar para promover la lectura con ella sino que para mí es un espacio de encuentro con otras madres. Los tiempos cambian y la maternidad también.

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No crean que siempre es tan fácil: viniendo de América Latina todavía me cuesta funcionar bajo el acelerado ritmo del primer mundo. Además, extraño a la familia en Perú. Pero la vida no sería vida sin los desafíos. Por lo tanto, las mamás tenemos que descubrir nuevos recursos y buscarnos aliados. Lo esencial, creo yo, es no aislarse y cultivar el deseo de aprender.

El aislamiento es uno de los grandes fantasmas de las mamás hispanas que vivimos en Estados Unidos. Cuanto más compartan la experiencia de ser madre, ésta será más placentera. Y así, aunque no sepan tejer o no tengan cerca a los abuelos, nadie podrá arruinarles la nueva experiencia. -Por Paola Cairo Roldán Ser Padres, Dec/Jan 10

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