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Si la familia política se inmiscuye mucho en los asuntos de la pareja, hay que comunicarle al otro cómo nos hace sentir esa situación.

La "otra" familia

La "otra" familia

Las relaciones con la familia de nuestra “media naranja” suelen ser difíciles y en ocasiones amenazan la estabilidad de la pareja.

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Si la familia política se inmiscuye mucho en los asuntos de la pareja, hay que comunicarle al otro cómo nos hace sentir esa situación.

¡Cada vez que te escucho hablar me parece escuchar a tu madre en lugar de a ti misma: nuestra pareja la forman tres personas en vez de dos! ¡Nos ahorraríamos muchos problemas si me hicieras caso a mi en lugar de a tus hermanos! ¡Siento que tus padres invaden continuamente nuestro espacio: ya no aguanto más!

Expresiones como estas, la mayoría de las veces proferidas por uno de los miembros de la pareja con resentimiento y sensación de frustración, suelen ser el preámbulo de interminables discusiones que no suelen conducir a ninguna parte, salvo al desgaste de la relación y el aumento de las tensiones. ¿Estas desavenencias se pueden evitar?.

La psicóloga Mari Carmen Ramajo, psicóloga y sexóloga de Centro ISEP Clínic Barcelona, considera que este tipo de situaciones son evitables pero para conseguirlo además de seguir ciertas recomendaciones es importante comprender las razones de que surjan discusiones a causa de la familia política.

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"Suele haber conflicto cuando uno o ambos miembros de la pareja son excesivamente dependientes de la propia familia", señala la experta de ISEP, quien aconseja tener presente que los modelos parentales, es decir los provenientes de los padres, de cada miembro de la pareja, son distintos.

Estos respectivos modelos, según la psicóloga y sexóloga de  ISEP, influyen en los diferentes estilos comunicativos de los integrantes de la pareja, así como en la forma en que cada uno de ellos afronta las situaciones y los problemas de la vida e incluso en las expectativas y creencias acerca de cómo debería ser la relación.

Para evitar discusiones y mejorar la relación con nuestra familia política, la doctora Ramajo aconseja cómo primer paso y aunque parezca una obviedad “reconocer que si bien formamos una pareja, somos personas diferentes y que por tanto nuestras respectivas familias también lo son”.

No acumular malentendidos ni tensiones

Según esta psicóloga, también es importante tener presente, que “hemos sido nosotros dos quienes decidimos crear un proyecto de vida común, y que éste es el núcleo más importante a defender”, así como “intentar tomar las decisiones de forma conjunta, procurando llegar a acuerdos satisfactorios para ambos”.

“Si la familia política se inmiscuye mucho en los asuntos de la pareja, hay que comunicarle al otro cómo nos hace sentir esa situación, y hacerle partícipe a la hora de buscar alternativas para afrontarlo juntos”, recomienda la experta, que también enfatiza la necesidad de “poner límites y no acumular malentendidos o situaciones que nos hayan molestado”.

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“Crear actividades y objetivos de pareja, para sentir que sus dos miembros son quienes organizan y toman decisiones”, es otra de las medidas básicas que sugiere Ramajo, para fortalecer la unión de cara a evitar desavenencias debidas a la familia política.

Los problemas de relación con la familia política son de los más frecuentes por los que se solicita ayuda profesional, explica la psicóloga clínica Laura García Agustín, directora del Centro Clavesalud, que agrega que “la deficitaria y malograda relación entre distintas personas provenientes de ambientes y contextos distintos favorece la confrontación de valores, creencias, actitudes, normas y comportamientos”.

Para la autora del libro “¿Hacemos las paces?”, generalmente las confrontaciones se producen en mayor medida entre las suegras y las nueras, aunque “ambas pueden aprender a acercar posturas y tratar de comprender la posición contraria”.

“Lo primero que hay que hacer para acercar posturas es respetar la opción de otro. Desde el respeto es más fácil entender que la otra persona haga cosas distintas a las que nosotros hacemos”, señala García Agustín.

A las suegras, la psicóloga les recomienda que traten de sugerir un modo de hacer las cosas, pero sin imposiciones ni chantajes. Es lógico que haya ciertas actitudes y comportamientos que no comparta con su hija política, pero no por ello serán peores que los suyos ni hace falta emprender una batalla”.

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A las nueras, García Agustín les sugiere que “no esperen que su marido le ponga los límites a su propia madre. Si les molesta algo de su suegra tendrán que ser ellas quienes le expresen su desacuerdo y le marquen unas pautas a seguir sin implicar al hijo”.

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