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Papá no viene a verme. Cómo enfrentar la ausencia

Papá no viene a verme. Cómo enfrentar la ausencia

¿Qué pasa cuando falta papá? Sea por divorcio, viudez o abandono, los que necesitan protección son los niños.

"Me separé y mi hijo no tiene padre", "Estoy sola con mi hijo, su padre no viene nunca", "No importa, yo puedo sola, "Ser madre sin padre es estar sola".

Estos y muchos otros comentarios parecidos se escuchan en las entrevista a mamás  solteras, separadas o viudas, si bien es más frecuentes en las separadas.

Algunas madres suponen que si no está la presencia del papá están 'solas' y es bueno reflexionar sobre que la presencia física de un padre no garantiza que se cumpla bien dicho rol.

Es frecuente que muchos hombres desaparezcan después del divorcio y no vean a sus hijos, los vean muy poco o no pasen dinero para su manutención. Muchos desaparecen en el embarazo.

¿Qué hacer ante esto? Muchas mujeres con orgullo dicen: "No importa, yo puedo sola",  otras dicen: "Estoy muy sola y no puedo con esto".

Ninguna de las dos reacciones es útil ni sana para ella ni para sus hijos. Esta situación a veces enoja y otras deprime tanto a las mujeres que esos sentimientos no las dejan ver claramente que el hijo las necesita sin enojo, depresión o miedo.

El enojo hace tener una actitud de 'yo puedo con todo' y no aceptar ayuda o afectos de personas cercanas que pueden cumplir con un buen modelo masculino o paterno. Abuelos, tíos y amigos pueden hacerlo.

La depresión hace que el niño se sienta abandonado y con frecuencia culpable ante una mamá que sufre sintiendo: 'no puedo con esto'.

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Es importante que las mamás sepan que aunque duela hay personas que no sienten la paternidad por distintos motivos: no han sido amados, temen tener responsabilidades o no quieren compromisos ni compartir su vida con nadie. Lo cierto es que un padre ausente es mejor que un padre presente que no quiere estar y que produce daño.

Que el padre no esté no significa que el rol no se cumpla. Puede haber otra persona que lo cumpla, el niño va a aprender a vivir ese papá que le tocó.

Es cierto que la vida de mamá es más exigida pero la energía no hay que ponerla en sufrir o mentir inventando un papá que no existe, sino tratando de ser natural y no abrumar al niño sino dejarlo crecer con esa verdad y la familia que tiene y que le da amor.

Si se le miente el niño pasa años esperando la visita de ese papá ausente, la caricia que no llega, el llamado, el regalo, la cuota para su alimento, la espera es larga y muy dolorosa. El niño debe saber qué puede esperar y qué no puede esperar de su papá en determinado momento.

Las madres pueden luchar por sus derechos sin incluir a los niños en su pelea y ver de qué manera el rol puede verse cumplido y su hijo tener un modelo digno sin esperar lo que nunca llegará.

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