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A los hijos únicos se les atribuyen actitudes y conductas egoístas porque están acostumbrados a ser el centro de atención.

El mito del hijo único

El mito del hijo único

Expertos desmienten que los niños que crecen sin hermanos  no sean capaces de desarrollar buenas habilidades sociales.

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A los hijos únicos se les atribuyen actitudes y conductas egoístas porque están acostumbrados a ser el centro de atención.

Los pequeños que no tienen hermanos desarrollan las mismas habilidades sociales que aquellos que crecen con vínculos fraternales, y además son igual de populares. Las investigaciones científicas hacen tambalear una arraigada creencia social que ahora se demuestra  infundada.

Tienen fama de ser mimados, consentidos, egoístas y de tener otras condiciones negativas, olvidando que también poseen cualidades positivas como más confianza en sí mismos y mayor autoestima, un gran desarrollo lingüístico y capacidad intelectual y un considerable nivel de madurez, independencia y autosuficiencia, con frecuencia más desarrollados que los de otros niños de su misma edad. 

“Son numerosos los tópicos que existen sobre los denominados 'hijos únicos', esos pequeños cuyo único 'defecto' ha consistido en no crecer en el mismo entorno familiar y con similares circunstancias familiares que las que afrontan la mayoría de los niños de su misma edad. Por si fuera poco, también se los suele acusar de ser autoritarios y caprichosos”, señala la psicoterapeuta transpersonal María Campos Oliva.

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Según la experta, a los hijos únicos “asimismo suelen atribuírseles dificultades para relacionarse con otros niños, esperar su turno en los juegos y actividades o ser generosos con los demás”.

“En general se les achacan estos comportamientos, porque supuestamente están acostumbrados a ser el centro de atención en su casa, conviven sólo con adultos, no están habituados a compartir sus juguetes y carecen de experiencias fraternales como aunar esfuerzos para lograr un objetivo o reconciliares después de pelearse”, explica María Campos.

“No obstante, esta mala fama de los hijos únicos de ser insociables acaba de ser desmentida por las evidencias científicas”, según la experta.

De acuerdo al análisis de un estudio previo en que participaron más de 13 mil estudiantes estadounidenses de enseñanza media y secundaria, efectuado por investigadores de la Universidad Estatal de Ohio (OSU, por sus siglas en inglés), los niños que crecen sin hermanos no son menos capaces de desarrollar buenas habilidades sociales que aquellos que si tienen hermanos.

Las familias occidentales, con menos hijos.

"No creo que alguien tenga que preocuparse de que, si no tiene hermanos, no podrá aprender las habilidades sociales necesarias para convivir con otros estudiantes", ha señalado la socióloga Donna Bobbitt-Zeher, coautora del estudio junto con el investigador Douglas Downey, ambos de la OSU.

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Los investigadores creen que a medida que el tamaño de la familia se reduce en los países industrializados, y más niños crecen sin hermanos, aumenta el temor de que tal vez se pierdan algo al no aprender las habilidades sociales en sus interacciones con sus hermanos.

Pero su investigación, basada en miles de entrevistas recopiladas en el Estudio Nacional de Salud de Adolescentes, efectuado en 1994-95, permite disipar las inquietudes en este aspecto.

Aquellas entrevistas fueron utilizadas para evaluar la popularidad los niños, al solicitarles que mencionaran hasta cinco amigos de cada sexo. Posteriormente, se contaron el número de "votos" obtenidos en general por cada participante.

Los doctores Bobbitt-Zeher y Downey comprobaron que en los estudiantes más populares (aquellos "votados" una media de cinco veces por sus compañeros) los votos que recibieron no estaban influidos por la presencia de hermanos.

Para los investigadores de la Universidad Estatal de Ohio, ello significa que los hermanos no tuvieron impacto sobre el grado de popularidad de un estudiante entre sus pares ni sobre sus habilidades sociales.

Una persona que no ha tenido una interacción con hermanos en su hogar tiene muchas ocasiones de desarrollar sus habilidades sociales en la escuela, dónde los niños interactúan unos con otros, participan en actividades extra-excolares, y además desarrollan una vida social entre iguales dentro y fuera del centro educativo, según los autores de la investigación.

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