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Kylie Jenner

Contouring, el nuevo filtro de Instagram

Contouring, el nuevo filtro de Instagram

¿Qué tanto es demasiado? Cuando se trata de mostrar al mundo el rostro perfecto, parece que todo se vale. ¿Se vale?

Kylie Jenner
Kylie Jenner
Por Graciela Miramontes


 


 

Dicen que las mujeres bellas no necesitan maquillaje, pero que un poquito de máscara, lipstick y blush no le hacen daño a nadie. 
 
Hace un par de años, el mundo empezó a presenciar el dramático cambio —¿o deberíamos llamarlo transformación?— de la menor del clan de las Kardashian (Jenner). La mencionamos a ella, en particular, no porque tengamos un amor desmedido por su polémica familia, sino porque lo escandaloso de su “nuevo yo” fue precisamente que atravesaba por la tierna etapa de los sweet sixteen, going on seventeen.


 


Una foto publicada por King Kylie (@kyliejenner) el

 
 


 
Es bien sabido que muchas chicas piden regalos extravagantes para celebrar su transición a la adultez, pero mientras unas pidieron un convertible, que Drake cantara en su cumpleaños y un nuevo par de boobies, Kylie obtuvo dos de los anteriores más la implícita autorización de darle un makeover tanto a su aspecto como a sus redes sociales. Empezando con la app que tiene la camarita de Polaroid como logotipo.

 

En 2014, justo en la red carpet de los Billboard Music Awards, Kylie mostró un nuevo set de carnosos y voluptuosos labios. Mismos que acompañó de un makeup evidentemente recargado, que le exageraba los pómulos, le agrandaba los ojos y la hacía lucir como cualquier otra persona, menos como ella misma. ¿La respuesta del público? Locura total.


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Una foto publicada por King Kylie (@kyliejenner) el

 
Este hecho, aparentemente superficial, encendió un sinnúmero de banderas rojas y provocó el siguiente cuestionamiento: ¿Acaso estamos atravesando como sociedad por un momento en que importa más cómo nos percibe el mundo, efecto del social media y de la sobreexposición?
 
Hace poco tiempo tuve la oportunidad de convivir con una obsesionada por lograr el Instagram perfecto. Alguien que te persigue para que le des like a sus fotos, que cuida hasta el más mínimo detalle y monta —literalmente— escenarios ficticios en su área de trabajo; sin quererlo, logró el cometido de llamar mi atención de una forma completamente distinta a la que ella buscaba.
 
Quizás, el age gap sitúa nuestras prioridades en un orden distinto, pero algo que es difícil de entender es el mecanismo bajo el cual funcionamos cuando queremos impresionar.


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Retoque, una cosa; reconstrucción, otra
 


Es normal posar para una foto, pero construirla es otra historia.

 
Recientemente pudimos conocer el caso de dos mujeres que decidieron desenmascarar sus cuentas de Instagram para mostrar la realidad tras cada foto. Essena O’Neill, blogger australiana de tan sólo 18 años,  hizo un llamado al mundo cambiando las descripciones de sus fotos y revelando los “horrores” y sacrificios por los que tuvo que atravesar para lograr likes y followers. Esto, además de borrar el resto de sus cuentas de social media.
 
Hace unos días, tocó el turno a la modelo de 24 años, Stina Sanders, quien empezó a subir fotos de momentos tan comunes que se volvieron incómodos para sus seguidores, al grado de bajar significativamente su preciado número. Sesiones de depilación, malos pedicures y, sobre todo, fotos sin filtro, fueron la manera de Stina de “depurar” la ansiedad por la que atravesaba con tal de lucir perfecta.


 


Una foto publicada por STINA SANDERS (@stinasanders) el

 


 

 
En un grado de menor escala —y volviendo a aquella chica a la que conocí— entiendo que la misma presión por la que ellas atravesaron, e incluso, la que en algún momento hemos sentido, es la misma por la que atravesó Kylie aún con su vida llena de signos de dólares y glamour.
 
Para ella, el tema de sus labios delgados y ser señalada como “la menos atractiva” del Kardashian Krew, fueron detonantes para tomar el camino que la llevara a lucir como ellas, en especial, como su hermana mayor, la señora West. Puede que nosotros no contemos con el presupuesto ni con la popularidad de estas celebridades, pero deberíamos tomar un tiempo para reflexionar lo que verdaderamente importa.
 
Disfrutar de unas vacaciones con tus amigos no tiene que volverse una competencia por lograr la mejor foto con plantas de fondo, bikini y sonrisa fingida. Mucho menos, tapar nuestros poros con trescientas capas de maquillaje e, incluso, tomar medidas extremas para agrandar nuestros labios con tal de llenar un vacío que, evidentemente, tiene una raíz mucho más profunda.


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La frase de “lifestyles of the rich and the famous” es uno de los principales motores que mueven a esta red social y es por ello que se acompaña de Amaro, Mayfair, Valencia y un juego de luces que tú ya conoces. Es fácil encontrarte a ti mismo en búsqueda de la estética perfecta antes y después de darle click a la cámara, y es entonces cuando el propósito de esta invención se habrá cumplido.
 
Si bien es  cierto que es nuestra cuenta y que podemos hacer con ella lo que nos plazca, existe un mundo ideal en el cuál no sería necesario cruzar esa barrera de convertirnos –o pretender– ser alguien completamente diferente a lo que en realidad somos. Todo, a costa de una mayor cantidad de likes.
 
A manera de reflexión tenemos que aprender mucho más de la gente que nos rodea que seguir sus pasos para lograr el famoso #breaktheinternet. Como, por ejemplo, a sonreír hasta que la cara se nos arrugue (con un semblante makeup free) y a desconectarnos un rato, tan sólo por el bien de la convivencia humana y directa. 
 
En pocas palabras, empecemos a usar correctamente el hashtag de #nofilter.


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