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¿Tener hijos es algo para todas las mujeres?

¿Tener hijos es algo para todas las mujeres?

En pleno siglo XXI, aún hay mucha presión social contra las mujeres que deciden no tener hijos. Pero el cambio de mentalidad empieza por cada uno.

La maternidad es una decisión, tanto ejercerla como no hacerlo.

Por Laura Martínez Belli


Cuando Doris Lessing se divorció de su primer marido abandonó a sus dos primeros hijos. Así lo decidió y nunca fue un secreto. “No hay nada más aburrido para una mujer inteligente que pasar mucho tiempo con niños pequeños. Yo sabía que no era la mejor persona para criarlos; hubiese acabado alcohólica y frustrada intelectualmente, como acabó mi madre”. Esa respuesta directa hacía que más de uno pusiera el grito en el cielo. Después se volvió a casar y tuvo otro bebé. De nuevo, se divorció, pero esta vez se llevó a su hijo con ella. 


Estaban juntos cuando, muchos años después, un montón de periodistas se arremolinó ante su puerta para avisarle que le habían concedido el Premio Nobel de Literatura en 2007.


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Unas por otras

Siempre me llamó la atención esta mujer a la que la maternidad no sólo le deprimía bastante, sino que cuando tuvo hijos prefirió dejarlos con su padre. Así, ella podría crecer intelectualmente, cosa que —a todas luces— consiguió.


Muchos la denostaron y siempre le preguntaron por el abandono de sus hijos (a quienes contactó cuando alcanzaron la edad adulta) con un tono de reproche. Cientos de padres hacen lo mismo: dejan a sus hijos con su madre para perseguir una carrera, o incluso para rehacer su vida, porque sí, porque la rutina les abruma, o porque —como Doris— no soportan la vida familiar. Si bien no es que sean modelos ejemplares, la sombra de la culpa no los persigue como persiguió a Doris.


Rousseau no dejó a sus hijos con su madre, sino que directamente abandonó a los cuatro bebés en un orfanato. Cuando Voltaire le preguntó al respecto, atinó a contestar: “¿Cómo podría trabajar con tanto ruido de chicos y tantos problemas domésticos?”.


Por increíble que parezca, la explícita veneración a Rousseau se expandió, no obstante, a intelectuales tan rigurosos como Kant, Schiller, John Stuart Mill, Tolstoi y Shelley, quien también optó por abandonar a su propio hijo en un orfanato, donde murió dieciocho meses después de internado.


Huir del modelo

Que una mujer no desee ser madre sigue siendo visto como algo que va contra natura. Enseguida se dan dos explicaciones posibles: “pobrecita, no puede” o “es lesbiana”, como si la preferencia sexual inutilizara el ADN.


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Para algunos es más fácil una respuesta simple que otra que les obligue a replantearse la forma de entender el mundo. Si una mujer tiene treinta y tantos años y una pareja, la pregunta obligada (después de “y la boda, para cuándo”) siempre es “y ustedes, ¿cuándo van a tener un bebé?”. Muchos responden con sonrisas políticamente correctas. Eso es, cuando menos, impertinente. Las razones por las que una pareja no tenga hijos son infinitas. Y si en efecto es porque desean concebir, pero no pueden, la impertinencia viene con un tsunami de sentimientos: frustración, enojo, tristeza.


Doris Lessing intentaba huir de un modelo de mujer: el impuesto por su madre. En sus propias palabras: “Siempre sentí pena por mi madre. Incluso desde que yo era muy pequeña pude percibir muy claramente lo desgraciada que era. La combinación de encontrarla intolerable, y sentir al mismo tiempo una desesperada compasión por ella, era lo que hacía la situación difícil de soportar. Ahora, en efecto, las cosas han mejorado muchísimo, porque ahora las mujeres trabajan y el principal problema de muchas de ellas era que hubieran querido trabajar y no podían. En realidad ya no veo mujeres como mi madre. Era terrible lo que pasaba antes. Toda mi generación tiene madres frustradas y amargadas. Y todas estuvimos intentando escaparnos de lo que ellas eran”.


Una decisión personal


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No se necesita tener una madre frustrada para no querer serlo. Se puede tener una madre amorosa, realizada en su labor maternal y, sin embargo, decir “yo no quiero tener hijos”. Ahora se puede, me dirán. Y entonces, ¿por qué a las mujeres que deciden no ser madres se les dice siempre: “Ya cambiarás de opinión”, como si fuera algo tomado a la ligera, cuando a veces —paradójicamente—, la decisión de tener hijos es la no pensada, la que se toma como el paso siguiente en una relación estable? “Si todo marcha bien, los hijos vendrán naturalmente”, me dijeron una vez.


El deseo de no tener hijos no es nuevo. En los años 70, con el nacimiento de la píldora anticonceptiva, se crearon organizaciones a favor de esta ideología. Lessing, por ejemplo, hubiera sido de esas mujeres que la hubieran tomado a conciencia.


Algunas de esas organizaciones son: The National Organization for Non-Parents; No Kidding international; Kidding Aside. Asimismo, hay términos como child free (libres de niños) o childless (sin niños), que se diferencian entre la elección y la imposibilidad de tenerlos. En el 2013, la revista Time le dedicó su portada a un importante dilema: ¿Es igual ser mujer a ser mamá? Y se refirieron a un estudio realizado en 2010 en el que se demostró que en todas las razas y poblaciones ha bajado la tasa de fertilidad. Lo cual nos aboca a otro problema distinto, aunque no menos importante, como que en China se acaba de levantar la ley del Hijo Único ante la preocupación del envejecimiento de su población. Y la mayoría varones, además.


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NoMo, es el nombre

Como vivimos en la generación de las etiquetas, a las mujeres que deciden no ser madres se les ha llamado las NoMo: NoMothers.


Una de las principales promotoras de las NoMo es la asociación británica Gateway Women, creada en 2011 por la psicoterapeuta Jody Day, autora también del libro Rocking The Life Unexpected. Su éxito no es más que el reflejo de la cantidad de mujeres en Inglaterra, Irlanda, Canadá, Estados Unidos y Australia que están llegando a los 40 años sin hijos y que están aprendiendo a no avergonzarse ni justificarse por ello. A diferencia de hombres solteros sin hijos, ellas no son consideradas como “solteras codiciadas”, sino como viejas egoístas a las que se les está pasando el arroz o las está dejando el tren, ustedes elijan la metáfora que les convenga.


Porque a pesar de tener un alto nivel educativo y ser profesionalmente exitosas, ninguno de los triunfos de una mujer se equiparará jamás con la grandeza de ser madre, y así se los hace sentir la sociedad.


Doris Lessing recibió un Nobel, pero en todas las entrevistas le preguntaban por el abandono de sus hijos. ¿Por qué empujar a las personas hasta la pared? Cada uno que tome la decisión que vaya acorde con su mente y su espíritu y abandonemos de una vez la soberbia de creer que el mundo se hizo a nuestra imagen y semejanza.


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La próxima vez que conozca a una mujer sin hijos, muérdase la lengua y no pregunte por su maternidad. Si ella lo considera relevante, se lo contará.


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