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Chilaquiles rojos con pollo

Chilaquiles y nachos, el mundo de diferencia (aunque el Washington Post no lo crea)

Chilaquiles y nachos, el mundo de diferencia (aunque el Washington Post no lo crea)

Los puntos sobre las íes y cinco razones por las que los nachos nunca serán chilaquiles.

Chilaquiles rojos con pollo
Chilaquiles rojos con pollo

Por: Mariana Camacho | @MarianaCamacho

En la cocina mexicana la tortilla y la salsa son la base de muchas preparaciones. Los chilaquiles son una de ellas y son un básico del recetario casero mexicano. Los chilaquiles no son nachos (aunque a los nachos los queremos bien), contrario a lo que afirma este encabezado del Washington Post, que ha casado reacciones en contra en redes sociales,. ¿Qué los hace diferentes?

Aquí algunas ideas:

1. Aunque no es una regla escrita en piedra, las tortillas que se usan para los chilaquiles son viejas. Tortillas de días pasados, a veces duras, que se aprovechan gracias al uso de una salsa (si hay que buscar una comparación pensemos en el principio de las torrejas, o pan francés, un plato, que bien los franceses pain perdu, que hecha mano del pan duro).

  • En cambio los nachos: son tostadas (totopos de maíz crujientes y, de origen, salados).

2. La salsa es básica y es el elemento que hace versátil a este plato: verde, roja, tan picante como se le quiera, hecha a base de chiles verdes como el serrano o secos como el pasilla, de frijoles o de algún mole.

  • En cambio los nachos: son nachos desde su empaque y, aunque nadie niega que se pueden salsear, su textura es más apta para otras funciones como acompañar guacamoles, picos de gallo, dips o baños del más americano de los quesos.

3. La consistencia de los chilaquiles es un tema de gustos: pueden ser crujientes (con tortillas doradas u horneadas) o pueden ser, como se acostumbra en algunas versiones caseras, “aguados” (para eso, las tortillas se dejan nadando en la salsa hasta que se forma una masa con varias capas, una suerte de lasagna -que ha dado pie a un plato conocido como pastel azteca).

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  • En cambio los nachos: son crujientes al extremo, punto.

4. Son un plato multiusos: funcionan para el desayuno (acompañados con un huevo, carne o pollo deshebrado), para el brunch (son uno de los grandes platos para la resaca).

  • En cambio los nachos: tienen más cuerpo para las filas del finger food, para el snack, son menos protagónicos y buenos compañeros (de películas y eventos televisivos, por ejemplo).

5. A propósito del punto anterior, los chilaquiles se comen (de preferencia) con cubiertos.

  • En cambio los nachos: se comen a mano limpia (y, la verdad sea dicha, por eso los queremos).


Para poner a prueba los cinco puntos anteriores, aquí el procedimiento en dos de sus versiones más caseras y comunes.

Chilaquiles para todos: light, grasositos y ¡sin nachos! /Univision

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