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¡Atención foodies! Roma tiene lugares para morirse de dicha

5 Capitales gastronómicas: Roma

5 Capitales gastronómicas: Roma

Aunque los romanos insistan en que el mejor sitio para comer en Roma es su casa, aquí evidenciamos tres lugares que podrían hacerte enloquecer de dicha.

¡Atención foodies! Roma tiene lugares para morirse de dicha
¡Atención foodies! Roma tiene lugares para morirse de dicha

Por: Franco Marinto

Tras serpentear las callejuelas de Roma llegamos al Hotel Edén, ubicado a un costado del Jardín Borguesi y en las cercanías de la Piazza di Spagna. Somos tres viajeros hambrientos y el concierge, un romano elegante y simpático, al ver que queremos algo auténtico, no turístico, nos dice: “Imposible. Si quieren comer algo auténtico en Roma, tienen que salirse de Roma. Tendrían que ir a casa de algún romano y ningún romano vive en Roma”. 

Como no está dispuesto a invitarnos a su casa (y aunque lo estuviera, su turno termina después de la medianoche) nos dice casi en secreto que va a intentar algo para hacernos muy felices.  Suponemos que su verdadera intención es recibir algunos euros a cambio. No nos importa. Son casi las 10 de la noche y el  hambre es recalcitrante. Tras hacer una llamada nos dice, triunfante: “Tienen una reserva a las 10:30 en la Osteria di Pietro”. 

La Osteria di Pietro está oculta en un callejón en los alrededores de la Piazza di Spagna. Apenas se reconoce por  la cabeza de un jabalí en el pórtico. Son las 10:30 en punto y el sitio se encuentra atestado. Un mesero nos detiene en un pasillo y nos sirve vino sin siquiera preguntar si queremos. A la mesa se posan ante nosotros un tagliolini al tartufo, un rigatone all’amatriciana, un ossobuco a las brasas y un risotto con frutos del mar y trufa (sí, es temporada) que detonan sonrisas y conversación. La hostería es pequeña, ruidosa y familiar. Vemos con curiosidad cómo les ponen los pasteles y las tartas completas a los comensales de otras mesas. Al llegar nuestro turno, nos ofrecen siete opciones y nos recomiendan comerlas todas. Elegimos un pastel de almendra, pero el mesero exige que probemos el tiramisú. " Obsequio de la casa", dice. Igual que la botella de limoncello artesanal que me convida. ¿En cuántos lugares del mundo uno recibe copas de vino, postres y vasitos al gusto de limoncello de cortesía? Bienvenidos a Roma, una de las grandes capitales gastronómicas del mundo. 

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Lo más común es que conozcas sus platos más famosos como la pizza y la p...
Lo más común es que conozcas sus platos más famosos como la pizza y la pasta, pero la variedad de la comida italiana es reflejo de su cultura tan amplia, hay platos de todas las regiones que muestran la diversidad de su historia.

Del café a la Antica Osteria di Tullio 
Imposible no beber cinco, seis o siete tazas de café en Italia. Son los amos del tostado y la elaboración precisa que, insisten, debe tomar no menos de 27 segundos y no más de 29 en su elaboración. Aquí el café es cuestión de arte, como casi todo en Italia. 
Con el risotto y ese tiramisú ya grabados con tinta indeleble en la memoria, nos aseguramos de pedir al mismo concierge de lentes mágicos (usa doble anteojo para leer) que nos recomiende y reserve algo similar a Pietro para la segunda noche. Tras el desfile de Michelangelo, Giotto, Fra Angelico, Bernini y Rafael Sanzio, del recorrido por los jardínes del Vaticano y la Plaza de San Pedro, el circo romano, los foros de Octavio Augusto y de Trajano, y de meter colectivamente los pies a la tina con agua caliente para recuperar energía, chocamos las copas del vino de la casa en la Antica Osteria di Tullio, ante un merecido desfile de pastas y una suerte de dumplings con jugo de carne. Pero lo que merece aplausos de pie esta noche es la orden de alcachofas a la romana. Por ese plato yo diría que, en efecto, todos los caminos llevan a Roma. 

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De una terraza en el Jardín Borguesi a la Trattoria di Monti
El día siguiente lo llevamos más tranquilo: una caminata por la Vía Crespo, curioseando en tiendas de diseñadores locales, un paseo por la Plaza de Vittorio Emanuele II, la Plaza del Campidoglio (trapezoidal, trazada completamente por Michelangelo), la Fontana de Trevi (no importa cuándo vayas, siempre está en restauración) y la Piazza di Spagna, desde donde subimos al Jardín Borguesi. Alquilamos un triciclo al que subimos los tres para recorrer sus caminitos y monumentos. Es la mejor manera de hacerlo, para contemplar sus distintas escenografías y atrapar las vistas más im presionantes de Roma. Para mayor agasajo nos metemos a una terraza en la misma colina, desde donde contemplamos el atardecer acompañados de una copa de vino, un café y una variedad indescriptible de gelati. Es verano. Es Italia. Y es el lugar correcto para probar las bolas de helado que vengan en gana. 

Tercera noche en Roma y tercer acierto consecutivo del concierge de los lentes mágicos del Edén.  El turno es de la Trattoria di Monti, situada a una calle de Santa María Maggiore. Sólo me queda suspirar frente a los  ravioles con gorgonzola y la ternera con salsa de limón que aparecieron, precisos, para mitigar el hambre y poder declarar, sin empacho, que Roma es el paraíso madre de los paraísos culinarios cuando se busca comida honesta, sin tantos fuegos artificiales, en lugares pequeños, ruidosos y concurridos.

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