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Pequeños lujos

Pequeños lujos

En el campo de la gastronomía hay productos de lujo que vale la pena probar. ¿Cuáles? Caviar, trufa, salmón.

Hay artículos de lujo que lo han sido siempre, o casi siempre. Es el caso, desde luego, del caviar. El hecho de que aparezca en El Quijote y no precisamente en una mesa aristocrática no quiere decir que no haya sido un producto valorado y caro. Hoy su comercio y venta está muy restringido por ser el esturión una especie en peligro.Otro lujo: las trufas. La trufa blanca del Piamonte alcanza, cada invierno, precios astronómicos, pongamos que en torno a los 9 mil dólares la libra. La negra se cotiza bastante más baja, pero eso no quiere decir que esté al alcance de todos los bolsillos: es cara.Pero hay alimentos que fueron lujos y ya no lo son, o lo son menos. Quizá el caso más claro sea el del salmón. El salmón, tanto fresco como ahumado, fue durante mucho tiempo un pescado de lujo. Era escaso y, en consecuencia, caro. Lo curioso es que no había unanimidad en su aprecio.Bien, el salmón empezó a criarse en granjas y a producirse masivamente, lo que, como primera providencia, lo abarató mucho, y esa pérdida de 'valor' monetario trajo aparejada una disminución espectacular del aprecio general, del prestigio del otrora rey del río.Quien dice salmón dice ostras, langostas. Hoy vienen de muy diversas procedencias, las hay todo el año, y sus precios son muy variables; pero ya casi nadie entiende que una docena de ostras al natural sea un lujo al alcance de pocos.Pero quedan auténticos pequeños lujos, que son los productos de la máxima calidad. Hace unos días tuvimos la ocasión de disfrutar de unos espárragos trigueros de los de verdad, espárragos silvestres, no cultivados. Pequeños y delgados, su sabor realmente amargo nos devolvió, de alguna manera, a otra época en la que las cosas sabían siempre a sí mismas.Hoy la gente ve un espárrago verde y le llama triguero. Y no es así. Los espárragos verdes que abundan en el mercado, y casi todo el año, son espárragos cultivados. De jardín, les llaman algunos. No les voy a quitar mérito, pero no son como los silvestres. Ni siquiera insinúan el más leve amargor.Pero sigue habiendo espárragos trigueros. Como su propio nombre indica, suelen crecer entre el trigo, y se requiere cierta habilidad para dar con ellos. Son, normalmente, pequeños y delgados.No un lujo carísimo; ciertamente, más caros son estos espárragos que sus primos de jardín, pero no desequilibran ningún presupuesto. Es un poco lo que ocurre con todo lo que los franceses llaman 'primeurs'; está claro que los primeros guisantes de cada primavera se cotizan altos, pero son únicos.Por fortuna, sigue habiendo este tipo de lujos asequibles; el problema es, normalmente, dar con ellos, porque, y precisamente por ello son lujos, suelen ser bienes escasos. Pero compensan: son sabores de verdad, sabores auténticos. Lujos, al fin.

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