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Aprende a combinar el vino y la comida

Aprende a combinar el vino y la comida

La cultura del vino está cada vez más extendida pero son pocos los que realmente la entienden. Aprende un poco más sobre el tema.

En cuanto a la cantidad necesaria, los caterings profesionales calculan que cada adulto consume media botella de vino en una fiesta. Piensa que una botella de tamaño normal te permite servir seis copas de vino. Para ahorrar en las fiestas con muchos invitados conviene comprar una caja de 12 botellas que suele llevar un descuento del 10 por ciento.

¿Tinto con carne y blanco con pescado?

Aunque en el último año muchos catadores se han revelado contra la clasificación tradicional de "el tinto para la carne y el blanco para el pescado", lo cierto es que esta regla responde a una razón lógica: se trata de ensalzar el sabor del vino y de la comida. Un vino demasiado fuerte puede dejar insípido al plato más exquisito y uno demasiado suave pasa desapercibido en una comida fuerte. Siguiendo esta regla es fácil combinarlo.

"Los tintos y los vinos de más cuerpo van bien con comidas pesadas y con queso. Para alimentos más suaves como pescados va bien un blanco o un clarete", afirma Guillermo C. Suárez, propietario de Distribuciones Enológicas Siglo XXI y profundo conocedor del mundo de los vinos.

"Hay tintos con más cuerpo como los de Borgoña o la Rivera del Duero en España, los tintos más ácidos o ligeros son de Burdeos o de la Rioja. Los blancos de Oregon son buenos ejemplos de un vino seco, blancos afrutados son el Chablis o el de Rueda", agrega.

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Junto a esta regla básica existe una serie de principios que te pueden ayudar a lograr la mejor combinación: los alimentos salados necesitan un vino ácido que reduzca el sabor a sal, como el Vino Verde de Portugal.

Los postres dulces reducen el sabor excesivamente dulce de algunos vinos: un vino blanco ligeramente dulce, un Chardonnay de California, va bien con un pescado con una salsa de mango por ejemplo. Lo mismo se aplica a los postres: el vino debe ser algo más dulce que el postre en cuestión para que no desaparezca en tu paladar, una buena selección es un vino alemán del Rhin o Mosela.

Lo amargo necesita un vino también amargo para que los dos sabores se neutralicen, como un Cabernet de Burdeos.

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