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Sanaciones de alacena

El rincón de los remedios: sanaciones para el alma

El rincón de los remedios: sanaciones para el alma

Para males del alma, remedios de tradición ancestral que se encuentran en la alacena.

Sanaciones de alacena
Sanaciones de alacena

Por: Ricardo García

Los antiguos pueblos mesoamericanos tenían diversas curas contra las enfermedades corporales y contra distintos tipos de molestias, ya fueran grandes o pequeñas. Pero para los males que no eran del cuerpo sino que venían de las profundidades del espíritu, los abuelos de las comunidades encargados de preservar el conocimiento ancestral en relación a las curas del alma, tenían métodos y remedios un tanto más... vamos a llamarles extravagantes. Sobre su efectividad siempre habrá polémica, pues algunas creencias los fundamentan puramente en supersticiones. Sin embargo es interesante apuntar que la materia prima para muchos de estos remedios curativos se sacaba (y aún ocurre así en algunas casas de familias modernas) de las cocinas de las abuelas, pues se trata de hierbas, semillas o ingredientes (como la miel o chiles de algún tipo) fáciles de encontrar en casi cualquier alacena.

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A continuación, algunos de los males que para muchas familias de América Latina todavía encuentran la promesa del remedio en la alacena.

El insomnio
¿Qué lo provoca? El nombre contemporáneo que más se usa para llamar al culpable de este padecimiento es “ estrés” que, por lo que se sabe define a un desorden de la racionalidad provocado por un estado nervioso que ocasiona un exceso de suposiciones. Antes de que el té de tila ganara fama de buen somnífero, para recuperar el sueño perdido por el desasosiego se usaba una planta conocida como 'ojo de gallina' (Galphimia Glauca), cuyo compuesto activo tiene un efecto en el sistema central nervioso que lo relaja e induce fácilmente al sueño. A la fecha, sigue siendo recomendación de algunas abuelas cuando detectan en la familia a un miembro ojeroso.


La ansiedad
Pero si lo que se desea es un calmante que sólo reduzca la ansiedad sin desconectar al consumidor por completo, algo que simplemente le permita funcionar, el té de zapote blanco es el indicado. Según los conocedores de estos remedios, deben conseguirse seis hojas de este zapote y hacer una infusión en medio litro de agua.


Para el mal de amores
Se le conocía como “tiricia”. Así que alguien que por mal de amores estaba inapetente, desganado y pálido, estaba bien 'atiriciado'. El consejo de los curanderos de pueblo ante estos casos es beber una pócima de toronjil morado en ayunas, y como agua de uso ingerir agua en la que se ha remojado palo de Brasil. Además recetan que antes de cada comida se tome una copita de jarabe de rosas, cuya preparación es simple y les dejamos aquí por si la quieren usar como premio al paladar más que como remedio.

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Para la envidia
Según las creencias ancestrales, no hay nada peor que dejar entrar a tu casa a una persona envidiosa, incluso si su envidia es 'de la buena'. Sin embargo, a sabiendas de que en ocasiones esto resulta inevitable, nuestros antepasados tenían una costumbre para el caso: encender una vela hecha con las venas y la piel de chiles picantes (existía incluso la restricción de no usar chiles dulces o de agua en su elaboración).

Para el enamoramiento (y/o la reconciliación)
Esta es una fórmula puramente supersticiosa. A diferencia de otros remedios que encuentran explicación en la medicina herbolaria, éste no tiene más sustento que la creencia en cosas de brujería. Sin embargo, es bastante conocido y difundido: cuenta la tradición que alguien que sufre de amor no correspondido puede recurrir a la miel para enamorar al causante de sus desvelos. El remedio surtirá pronto efecto si se mete una foto de la persona amada en un frasco con miel de abeja. Después, según se indica, debe dejarse reposar hasta que el enamoramiento ocurra. (Las instrucciones son similares para propiciar una reconciliación de cualquier tipo, no necesariamente amorosa, con la diferencia de que lo que ha de meterse a la miel es un trozo de papel de estraza con el nombre de la persona).


Y para la buena suerte: semillas

El árbol de colorín, originario de México, da unas semillas rojas (de la familia de los coralloides) a las que se les han atribuido algunas propiedades 'energéticas' a través del tiempo: básicamente se les achaca el poder de alejar a los infortunios, la mala suerte no ronda a quien las porta. En este caso el consumo de las semillas de color rojo encendido no se indica en absoluto (se sabe que son tóxicas con efectos que van desde trastornos visuales y dilatación de pupilas hasta la parálisis respiratoria), simplemente se recomienda portarlas a quien desee alejar la mala fortuna.

Collares y pulseras de semillas 'protectoras'.
Collares y pulseras de semillas 'protectoras'.

Otro 'padecimiento' para el que los curanderos tradicionales recomiendan semillas como amuletos es el llamado 'mal de ojo' provocado por personas de mirada fuerte o caliente (a entender: borrachos o embarazadas) a niños pequeños que súbitamente manifiestan fiebres inexplicables. La primera medida para protegerlos, obviamente, es alejarlos de las miradas de borrachos. En el caso de que estén en contacto con una mujer embarazada, la recomendación es que ésta le unte al pequeño en riesgo un poco de su saliva detrás de las orejas. Pero hay otra forma de prevención en la que los curanderos confían: se trata de la semilla de la planta tropical Mucuna Sloanei. Seguramente la has visto en la playa: es una semilla negra que semeja el ojo de un venado. Como los niños no pueden protegerse solos, se les hace una pulsera con varias de estas semillas a modo de 'protección'.

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Más allá de estos remedios típicos de los indígenas mexicanos, el mal de ojo es una superstición —extendida a lo largo de diversos países, según el Diccionario de Religiones Comparadas—, que considera el daño que puede causar una persona envidiosa al envidiado con sólo mirarlo, uno que puede ir desde la simple mala suerte hasta enfermedades graves, según estas creencias. Contra este tipo de 'mal de ojo' también se utiliza un chile en específico: el chiltepín, se quema para ahumar a la persona, de forma que el humo que se desprende de su combustión se le quede impregnado.


A pesar del halo de superstición que rodea a remedios como los anteriores, no es de extrañar que se siga creyendo en aquellos hechos con plantas, semillas, frutos y extractos naturales, si prometen curas a males que ningún medicamento puede asegurar. ¿Cuál es el remedio que recuerdas que se ha compartido por generaciones en tu familia? ¿Cuál sigues usando?


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