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El dilema, tan sencillo como definitorio, remite a la galería de fotos y videos que muchos hombres solteros envían por teléfono.

¿Fiesta o Netflix?

¿Fiesta o Netflix?

La diferencia de ponerse cómodos y pasarse de comodino.

El dilema, tan sencillo como definitorio, remite a la galería de...
El dilema, tan sencillo como definitorio, remite a la galería de fotos y videos que muchos hombres solteros envían por teléfono.

Por Rose Mary Espinosa | @univisiontrends


El dilema, tan sencillo como definitorio, remite a la galería de fotos y videos que muchos hombres solteros envían por teléfono. No, no estoy hablando de ese tipo de fotos, sino de imágenes de etiquetas de vinos muy preciados (reserva y Gran Cru), botellas a medias --que no medias botellas--, ingredientes gourmet y latería predecible, selección de películas, series, documentales, videojuegos, y hasta fotos de las pantallas, los home theaters o el simple love seat, para entrar, literalmente, en calor.
Podemos mirar y mirar las fotos, constatar el magnífico gusto, cuando lo hay, sentir antojo por alguno de los quesos fotografiados o ganas de refugiarse en ese espléndido y tan alardeado sofá Rapunzel púrpura y, no obstante, la lotería de las sorpresas de la noche sigue siendo insuficiente para que nuestro anfitrión nos convenza de que una cómoda velada, que incluye ultramarinos y una movie, es mejor a una verdadera cita en un lugar neutral.

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Lugar neutral no necesariamente significa fiesta y fiesta no necesariamente significa lujo, euforia, evasión de cercanía e intimidad. Significa acaso un poco de aire fresco, de ir por partes, un tanto de equilibrio también. . . Que la cita sea siempre en territorio del pretendiente hace que la balanza se incline hacia su lado en varios aspectos: tiempo, espacio, divertimento, menú, etc.: todos los balones están en su cancha. Y aquí quisiera dejar fuera lo que se creería son los principales motivos para rechazar las ofertas del famoso “come over”: primero, pensar que es una cuestión de tacañería, segundo, que es una trampa para tener relaciones sexuales. ¿Por qué? Porque esas sospechas, quizá las más frecuentes, son tan auténticas como relativas. Me explico: tan válido es armar un plan económico como cierto es que muchas veces el host se luce y ‘”echa la casa por la ventana’’. En cuanto a la trampa sexual, es un temor genuino: puede facilitar la intimidad aunque no necesariamente provocarla, a menos que sea a través de la fuerza, la amenaza, la inconciencia. Pero, insisto, eso es harina de otro costal.

Ilustración pareja viendo TV
Ilustración pareja viendo TV

Un tranvía llamado wishful thinking

Aquí me refiero sobre todo a las primeras citas, antes de la cotidianeidad, y también a las citas que todas las veces toman esa forma: la de caerle al galán, siempre y cuando, aclaro, ese tipo de cita no sea algo que ambos prefieran o disfruten.

Wishful thinking. ¿Quién no ha estado ahí? ¿En la comodidad de la cama, a punto de darle play a la serie o a la movie, a punto de meter la cuchara al bote de helado o los chopsticks al pad thai? Y en eso imaginamos cómo sería si alguien (ese alguien, algún alguien, cualquier alguien) estuviera con nosotros y entonces pasamos al wishful texting o, incluso, al on demand y sus variaciones: Ven. Llega cómo puedas. Estaciona dónde puedas. Avísame y bajo a abrirte. Te estoy guardando un lugar. Puedes meter el coche. Dile al poli que vienes conmigo. Mando por ti. Te pido un taxi. Pídete un Uber. Ya estoy en la camita, ¿gustas?

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Y aquí vuelvo al disclaimer original, tantas veces como sea necesario: este no es un texto en contra de la calentura ni de la frugalidad. Más de una vez me ha bastado un mensaje de texto para entregarme a domicilio en un dos por tres. También ha habido ocasiones en que llego con todo y cena y ocasiones en que lo que menos importa es el estómago vacío. ¿Fiesta o Netflix? ¿Por qué no ambas? ¿O fiesta y después Netflix u hoy fiesta y mañana Netflix o ni fiesta ni Netflix? Con ahorro o sin ahorro, con sexo o sin sexo, dudo que alguien proteste ante la oportunidad de ponerse cómodos. Lo que quizá sí exaspere es cuando alguno se pasa de comodino.

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