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Cita 10 de Tinder

Cita 10: Mr. Músculos, el hombre que vivía sin letras

Cita 10: Mr. Músculos, el hombre que vivía sin letras

En la décima cita de la serie: la tentación de salir con alguien que da la finta de tipo malo.

Cita 10 de Tinder
Cita 10 de Tinder

Por Damiana Miller

Hay muchas clases de hombres a los que no suelo dar like en Tinder: a quienes posan con vehículos deportivos de lujo o motos Harley Davidson, o a los que presumen una erección en ropa interior, a los fans de las frases motivacionales y, menos aún, a los excesivamente musculosos.

No es nada personal, simplemente me parece que no tendré nada en común con ellos, y quizá ellos tampoco conmigo.

Sin embargo, una vez decidí entregarle el corazón verde Tinderiano —deberían convertir este color en un Pantone— a un musculoso y a su selfie con ropa interior en el baño. Hubo algo en él que me llamó la atención: la finta de tipo malo, su peinado, los tatuajes en sus brazos y a la falta de vocales en su nombre de perfil: Ngl.

Por extraño que parezca, me dio like también. Ergo, hicimos match.

Hombre ejercitado tomando selfie
Mr. Músculos


Nunca en domingo, pero…

Me invitó a salir. Debo mencionar que era domingo, un día que dadas las experiencias previas, evito tener dates. Acepté, motivada por su trabajo como arquitecto y su afición a la fotografía. "Quizá no sea tan cabeza hueca", pensé tan prejuiciosa como se lee.

Pasó a recogerme a mi casa. El plan era ver una película en la Cineteca, y quizá ir a tomar algo después. Cuando llegó, me sorprendió que tuviera un vehículo compacto y austero, algo que no me importó mucho y que, de hecho, me animó a verlo con otros ojos. "No es un presumido. Vamos bien", me dije.

La conversación inició en medio de un embotellamiento vial, algo que la Ciudad de México no perdona ni en domingo.

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Me platicó de su última novia, con la que había estado por cinco años y que lo había cambiado por un directivo de la empresa en la que trabaja. Así que cumplía una de las reglas básicas de casi todos los hombres con los que había salido de Tinder: el corazón roto.

También me habló sobre su rutina diaria, que consiste en levantarse a las 4:00 AM para ir al gimnasio por dos o tres horas, en la Colonia Del Valle. De ahí, debe trasladarse a Bosques de Las Lomas, al otro extremo de la ciudad, para llegar a un despacho del que sale a las 17 horas para ir a su oficina en la Condesa. Su jornada termina después de las 11 de la noche. Y así, sucesivamente. Todos los días.

—¿Cuántas horas duermes? —pregunté.
—Máximo cuatro.


Un hamster y el caos

Quizá esa es la razón por la que no me gustan los musculosos, aunque tengo gran respeto por su disciplina excesiva. Los veo como hámsters que no dejan de correr en una pequeña rueda que no conduce a ninguna parte.

Yo, en cambio, soy un completo caos. Hay veces que despierto a las 4:00 AM para escribir y otras que abro el ojo a las 9:00 AM, con el canto de los pajaritos de fondo (como Blancanieves) para bañarme, desayunar y salir a trabajar. Lo cierto es que necesito al menos ocho horas de sueño para comportarme como un ser humano más o menos normal. Otra cosa, me ejercito, pero no con la constancia que debería, ni en horarios establecidos. En fin, mi orden y el suyo eran tan opuestos como el agua y el aceite.

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Aunque quizá, la mayor diferencia entre Ángel (Ngl, en Tinder), alias Mr. Músculos, y yo, fue cuando dijo:

"Odio la lectura, me encantan los libros, pero los de foto, los de arquitectura o los de matemáticas, no los que tienen letras. Detesto la literatura, la poesía, el periodismo o cualquier cosa escrita. Me da igual la ortografía, las reglas gramaticales y la sintaxis".

Nota mental: para odiar tanto todo esto, sabía bastante.

En ese momento sólo quería lanzarme del vehículo en movimiento, aunque no tuve el valor suficiente. Lo que sí tuve claro desde ese momento es que no habría una segunda cita.

Llegamos a la Cineteca después de hora y media de trayecto. Casi lo que dura una película de Hollywood y lo máximo que mi paciencia podía aguantar. Bajó su cámara fotográfica. No entendí muy bien por qué. Comenzó a tomarme unos cuantos retratos —debo admitir que bastante buenos— antes de entrar a ver El último amor del Sr. Morgan, un filme que cuenta la historia de un sesentón que se enamora de una maestra de salsa treintañera en París.

Del otro lado de la pantalla ocurría otra película: Pesadilla en la calle Tinder.

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Músculos sin entendimiento

Comenzó a tomarle fotos a la pantalla, incluso con flash, pese a que ya había comenzado la película. En ese momento, sólo deseaba que me tragara la tierra y que no estuviera ninguno de los Supercívicos, reclamando con razón, la falta de respeto y educación de mi acompañante.

Mr. Músculos, por suerte, se quedó dormido a mitad de la película. Cuando terminó, dijo: "Lo siento, son demasiados puntos de sentimentalismo en mi día, que se compensan con los puntos de intelectualismo que gané hoy. Nunca había venido a este lugar. Qué bonito es, pero qué aburridas películas pasan".

Para el Tinderboy número 10 lo importante era ganar puntos, como en un videojuego o en una carrera.

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El camino de regreso fue igual de largo, más de 90 minutos. Siguió hablando de su ex novia, de la gran química sexual que existía entre ellos y de lo difícil que había sido volver a sentir eso con otra chica.

Llegamos a casa. Aunque sabía que no tenía ganas de volverlo a ver, dije una frase políticamente correcta para cerrar nuestra cita: "Espero verte pronto". Le di un abrazo, abrí la puerta y subí a mi casa a dormir.

Creo que fue un error decir que era buena idea volver a vernos. Los días siguientes sólo llegaban decenas de mensajes por WhatsApp, en los que me contaba frivolidades como el sabor de té que había elegido y en los que compartía selfies en el gimnasio.

Pocas veces respondí sus mensajes, argumentando que estaba muy ocupada.

Un día, me armé de valor y le dije: "Creo que no tenemos nada en común. Perdóname. Yo no puedo salir con un hombre sin letras".

Seguimos siendo amigos de Facebook, incluso cuando comenzó a tener una relación. Todos los días, pero especialmente los fines de semana, aparecían fotos de ellos dos sonrientes, en Pueblos Mágicos mexicanos.

Semanas después de comenzar su relación, me borró de Facebook. Lo agradecí, en el fondo.

Hace tiempo lo stalkee y vi que ya no están juntos. Todo el tiempo se queja de que no entiende a las mujeres, pero sus músculos siguen creciendo.

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