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Las consecuencias de enfrentar las adversidades

Las consecuencias de enfrentar las adversidades

El cuerpo reacciona para enfrentar las adversidades. Pero estos son los peligros que corremos.

Las señales que el cuerpo emite al sentir peligro pueden ser eventualmen...
Por Patricia Monge
 
 
El científico estadounidense Walter Bradford Cannon echó una luz ante la ciencia cuando dijo que, ante el peligro, los animales reaccionan con una descarga general del sistema nervioso simpático, preparándolos para luchar o escapar. Y lo mismo sucede en el ser humano.


 

Enfrentarnos a las adversidades de la vida es uno de los desafíos inherentes al hombre que, tarde  o temprano, todos tenemos que asumir. Estos desafíos pueden ir desde situaciones extremas donde se pone en juego la supervivencia física o bien cuestiones que atentan más con nuestra capacidad psicológica.
 


Cuando estamos frente a uno de estos desafíos, en nuestro cerebro ocurren muchas cosas que quizá ni siquiera imaginemos. Ahora bien, entender lo qué ocurre en nuestro cerebro mientras estamos en momentos de estrés no evitará que sucedan, pero así tendremos un conocimiento más extensivo de nosotros mismos y quizá podamos sacar provecho de esto.

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Vea también: El cerebro del corazón

 


 

¿Qué sabemos?
 


Cuando el cerebro detecta una amenaza se activa una respuesta biológica que se ha modelado durante cientos de miles de años. Las reacciones fisiológicas son automáticas: se acelera la respiración para proveer más oxígeno al organismo y se incrementa el ritmo cardíaco para hacer llegar el oxígeno a todo el cuerpo. Asimismo, se activa el sistema cognitivo, que es la capacidad que tiene el cerebro de imaginar y anticipar las amenazas e incluso suponer eventualidades.  
 

Richard Lazarus, psicólogo profesor de la Universidad de California en Berkeley y pionero en el estudio de la emoción y el estrés —especialmente de su relación con la cognición—, explica que el desarrollo del cerebro humano, en particular de sus áreas prefrontales, expande nuestras capacidades para revisar el pasado y examinar el futuro.


 

Así, Lazarus postula la existencia de dos mecanismos evaluativos implicados en el proceso de respuesta frente al peligro:


 

  • Evaluación primaria, en la que se establece si el estímulo es peligroso o inofensivo. En este proceso, la amígdala (el conjunto de núcleos de neuronas situada en el interior de los lóbulos temporales de cerebro) es la responsable de detectar, generar, mantener y responder ante el miedo y la rabia. Su función es fundamental para la supervivencia del individuo
  • Evaluación secundaria, que busca establecer la disponibilidad de recursos del organismo para afrontar la amenaza.
 


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Cuando la amenaza por fin desaparece, se activan otros mecanismos para volver a la situación de reposo. Si por el contrario la respuesta de estrés permanece, tiene lugar el llamado “estrés crónico”. En este caso, los componentes de la respuesta de estrés que en su momento ponían al individuo en una situación favorable para resolver el problema, se vuelven en su contra.

 


El estrés crónico produce cambios en el hipotálamo, la corteza prefrontal y la amígdala que se relacionan con la pérdida de la memoria y la hipertrofia neuronal.
 

Si lo pensamos detenidamente, es lógico: el estrés crónico tiende a producir fallos en la memoria a nivel general, pero más las relacionadas con el miedo. Los cambios físicos en estas áreas cerebrales dependen de la liberación repetida tanto de cortisol como de glutamato, el neurotransmisor más abundante del cerebro que en exceso, puede ser tóxico para las neuronas. 
 


 

Para acabar con el estrés
Hay dos factores principales que influyen para que el estrés no desaparezca.


 

  • Factores ambientales: estilo de vida acelerado, urbano. Éste, no permite que el ser humano descanse y recupere su estado de bienestar, haciendo que el cerebro esté en un constante estado de alteración.
  • Factores individuales: cuestiones biológicas y psicológicas que generan ansiedad y depresión. La ansiedad, es como un radar que se activa para captar las ondas de alarma que están alrededor, cuando este radar está dañado el cerebro constantemente percibe peligro, lo que activa las  alarmas innecesariamente.
 


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La depresión puede ser biológica y psicológica. Es la reacción en la cual nuestro organismo se rinde ante la adversidad, reduce sus intentos de solución por considerarlos infructuosos y se entrega a la desesperanza.

En la depresión, así como en la ansiedad, nuestro pensamiento se vuelve propenso a lo negativo; es decir, el cerebro seleccionará y priorizará ciertos datos en contra de otros. En el caso de la depresión, la información negativa, y en el caso de la ansiedad, la información relacionada con el peligro.


 
 
Vea también: ¿Es el amor una enfermedad?

 


 

Peligros
 


La Organización Mundial de la Salud alerta que uno de cada cuatro personas sufrirá una depresión antes del 2020, hecho que califica de “epidemia silenciosa”. La depresión es ya la segunda causa de incapacidad en el mundo, con 350 millones de personas que la padecen. Su coste anual es de 745 billones de dólares al año en Estados Unidos, frente a 120 millones en Europa. “Desarrollar la resiliencia es clave para detenerla”, afirma la experta.
 

 
Soluciones


 

Ante este problema, el psiquiatra Enrique Rojas afirma que “es un error educar para la felicidad, hay que educar para el esfuerzo, lo otro es consecuencia”. Por fortuna, nuestro cerebro cuenta con diversas herramientas que pueden protegernos de estas complicaciones.


 

La “resiliencia”: es el conjunto de factores y mecanismos que nos permiten superar adaptativamente las situaciones de adversidad. 


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Estos son los factores que intervienen en ella:


 

  • Habituación. Es la propiedad general de nuestras células nerviosas que consiste en la acomodación al entorno y un principio de economía, para evitar respuestas ociosas.
  • Extinción. Sucede cuando nos exponemos a un estímulo temido y comprobamos una y otra vez que las consecuencias negativas que esperábamos no ocurren tal cómo anticipamos, y se atenúa la respuesta de estrés.
  • Reevaluación. Al modificar la manera en cómo y qué pensamos, se cambia la manera en que sentimos.
 


Las investigaciones más modernas, hablan de cómo los pensamientos influyen en la emociones desde la perspectiva de la neurociencia, haciendo posibles cambios a niveles químicos en el cerebro.

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