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El pero de la belleza morena

El pero de la belleza morena

¿En qué momento decidimos que la piel morena era un defecto?

La belleza latina se ha ganado poco a poco un espacio en el imaginario e...

Por Alma Delia Murillo 


“Eres morenita pero bonita”. ¿Alguna vez han escuchado esa frase? Yo ya perdí la cuenta de tantas veces que la oí de labios de mi abuela, que era blanca como la leche, o de mis compañeras de escuela, de oficina y de otro montón de personas siempre muy dispuestas a dar su opinión sobre la apariencia de los demás.

Toda la ignorancia y el racismo que encierra esa frase queda al descubierto si invertimos los adjetivos: “Eres bonita pero morenita”.  Porque el “pero” que esos jueces colectivos de la belleza encuentran es precisamente el color oscuro de la piel latina, africana, asiática. Claro que no se atreven a decirlo así porque entonces no hay ni para dónde hacerse y queda totalmente expuesta su visión estrecha. Pero así es.


¿Por dónde empezar?

Les invito a concebir en nuestro poderoso imaginario un planeta donde no existe la inteligencia evolutiva y donde el Universo, torpe y racista, decide que tanto en el reino animal como en el vegetal todos los organismos deben verse de un solo color para tener valía. Ya, ya sé que estoy diciendo el disparate más burdo digno de un pastelazo, pero imaginemos el desvarío completo: las flores, todas, tienen que ser amarillas y no hay más: ni rosas ni rojas ni púrpura ni azules ni naranja, sólo amarillas. Y los animales, todos, tienen que ser blancos: felinos blancos, aves blancas, insectos blancos, anfibios blancos, roedores blancos.

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¿Qué pasaría si todos los organismos que habitan el planeta — humanos, flora y fauna — fueran de un mismo color?  La catástrofe, el caos, el fin de las especies. Sobrevivimos precisamente gracias a la diversidad. El genoma humano se refuerza y enriquece gracias a la mezcla de códigos genéticos interraciales. 

Seamos honestos: todos somos un poco responsables de esta lectura de castas que le damos a la belleza en función del color de la piel. Tengo amigos queridísimos a los que respeto y de los que jamás habría pensado que les escucharía expresiones como: “tuvieron un bebé hermoso, rubiecito y de ojos azules; ya mejoraron su raza” o “tú que eres morena consíguete un novio alemán para mejorar la especie”

En lo cotidiano, en nuestros círculos inmediatos e íntimos, un desprecio velado por la piel morena sigue presente: al elegir la ropa para no vernos “tan morenos”, al teñirnos mechas rubias en el pelo negro, al elegir al “güero de la familia”, que no es otra cosa que el menos moreno de la misma… en frases como la de mi abuela.


Echemos ahora una mirada a los medios. 

¿Durante cuánto tiempo las actrices morenas estuvieron condenadas a personajes secundarios o de servidumbre?, ¿el espacio que van ganando poco a poco las chicas brunette en Hollywood es suficiente?  Desde luego es valiosa la presencia tanto de Salma Hayek o Jennifer Lopez, pasando por Eva Longoria y Jessica Alba, hasta America Ferrera o Rosario Dawson, porque han sembrado un mensaje la belleza morena es belleza que no tiene que pedir perdón por no ajustarse a un patrón rubio, delgado y ojiverde. La propia Kim Kardashian, por más polémica e intolerable que resulte para algunos, va haciendo con su generoso cuerpo fuera de todo molde algo importante: plantar cara y curvas a un prototipo que además de aburrido, es irreal porque ignora que en el mundo hay razas y genes tan diversos como seres humanos pueblan al planeta.

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Vea también: La mala del cuento.

La piel morena no debería ser “pero” de nada: ni de la belleza ni de la inteligencia. 

Es una pena que, a pesar de la historia tan dolorosa de guerras raciales y que ha costado tantas vidas, aún no lo asumamos por completo. Vuelvo a pensar en mi abuela y en su frase. La imagino diciéndole a Serena Williams: “Eres una gran tenista pero morenita”. O diciéndole a Nina Simone: “Eres extraordinaria cantante pero morenita”. O a Eva Mendes: “Eres bonita pero morenita”.

Es tan torpe que hasta resulta gracioso. 

Ay, abuela, te moriste sin saber apreciar la diversidad. Qué pena, tú te lo perdiste.


Soy morena porque el sol me miró

Miro la piel de mis manos mientras escribo y recuerdo estos versos que escuché por primera vez hace muchísimos años pero que no he olvidado nunca.

Si el sol me besara con besos de su boca. 

Soy morena porque el sol me miró.

Sabremos que la humanidad realmente habrá evolucionado no el día que podamos incrustarnos un micro chip en el lóbulo de la oreja para que haga las funciones del smartphone, sino el día que ser pelirrojo, moreno, rubio, obscuro como una noche brillante o pálido como una hoja de papel, no sea pretexto para clasificar el valor ni la hermosura de los seres humanos.  

Falta mucho, lo sé; pero también estoy segura de que ya empezamos y, como corren tiempos de necesitar desesperadamente razones para alegrarnos, yo me alegro por ello.

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