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Mujer con copa

La cruda realidad de los propósitos de año nuevo

La cruda realidad de los propósitos de año nuevo

Nos cargaron todo el año. Es hora de darles un tratamiento de spa para que iniciemos con el pie derecho el nuevo año.

Mujer con copa
Mujer con copa

Por Graciela Miramontes


Si lo vemos desde un punto de vista realista, las festividades decembrinas representan la temporada más feliz y complicada del año al mismo tiempo. ¿Por qué? La pasamos bien, con familiares y amigos, sí, pero al final –y eso ocurre cas siempre- añadimos un año más al círculo vicioso de las promesas sin cumplir.

Frases como: “Juro que este año haré ejercicio” o “Ahora sí voy a dejar de tomar” son sólo un par de ejemplos de algunas de las cosas que nos decimos a nosotras mismas. Las 12 campanadas se resumen en 12 segundos en que pronunciamos mentalmente doce deseos que esperamos cumplir luego de la media noche. Sin embargo, la historia dista mucho de la realidad, pues tal y como niño con juguete nuevo, luego de un par de semanas, deja de ser divertido.

No nos engañemos. Sabemos perfectamente que todas hemos caído en el mismo cliché. Por ello, nos atrevimos a dividir el ciclo de vida de los propósitos de año nuevo, sin ninguna intención de dañar tu ego. Lo único que queremos es un poco de franqueza de tu parte.


Fase 1: El reclutamiento


Reflecting 💡 Going to be doing giveaways for the holidays including a pair of these leggings!! Stay tuned :)

A photo posted by Jen Selter (@jenselter) on

La escuela nos enseñó que un año se divide en cuatro estaciones (primavera, verano, otoño e invierno), pero nuestro cuerpo parece registrar sólo dos: calor y frío. Naturalmente, la primera significa menos ropa y la segunda, colgarse hasta el tapete de lana.

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Parece algo injusto el hecho de que estas se contraponen de una forma tan radical: cuando el termostato sube queremos correr a la playa y cuando baja, las fastuosas (y calóricas) fiestas de fin de año, llegan para confortarnos y a la vez atormentarnos.

Esta situación se convierte en el peor chiste del mundo. Te preguntarás cómo pretendes que luzca bien en mi bikini si no dejas de ondear el pavo en mi cara, y la respuesta resonará a escasos segundos de que termine 2015. Incluso, puede que a estas alturas, hayas recibido señales de humo del más allá, materializadas en afiches pegados en todos los gimnasios de la ciudad.

Promociones al 2x1, inscripciones gratis e infinidad de opciones que te prometen tener el cuerpo mejor labrado tan pronto pises la duela, te atraen igual de pronto que una mosca sobre miel. Un nuevo outfit para el gym, con par de tenis de última tecnología, nunca habían sonado tan atractivos como hasta el día de hoy.

Fase 2: El campo de batalla

Maleta, lista. Ropa, lista. ¿Actitud? Programar mi alarma a las cinco de la mañana nunca me había emocionado tanto.

Pones un pie fuera de tu casa y aunque el clima pareciera intentar convencerte de quedarte, no lo haces. Eres una guerrera. Echas todo en la cajuela y te pones en camino. Llegas al gimnasio y, de repente, te sientes como en el primer día de escuela: nerviosa, emocionada y con ganas de estrenar todo lo que traes en la maleta. Incluso, no pierdes la oportunidad de posar frente al primer espejo para subir una foto en Instagram que diga #gymlife.

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La chica del frontdesk te acompaña a dejar tus cosas y te conduce al salón de clases: treinta minutos de cardio, y a la mitad estás tendida en la lona. Malas noticias, porque todavía falta aunque tú sólo ruegas que alguien se apiade de tu alma.

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Fase 3: Las trincheras


Si pensabas que la primer parte de tu rutina era suficiente, estás equivocada porque eso apenas era el comienzo. Tal y como en el cuento navideño de Scrooge, cada instructor aparece frente a ti como el fantasma que viene a darte una lección y tu segunda visita del día toma la forma de un físico-culturista retirado. Con suerte, esto te dejará un cuerpo al estilo Jen Selter y eso a nadie le viene mal, piensas.

La clase transcurre y el dolor que recorre tu cuerpo se aloja en puntos que ni siquiera sabías que existían. Las mancuernas de 2.5 libras se sienten como si cargaras 400 toneladas y tus pantorrillas están más calientes que Selena Gómez en su último video.

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El entrenador conoce la historia: todos los años se enfrenta al mismo grupo de incautos y poco a poco ve cómo la gente deja de asistir. Tú te cuestionas si realmente vale la pena continuar. Sin embargo, la idea de las vacaciones playeras te hacen querer levantar el disco más pesado del lugar y poder estrenar ese bikini que todas las celebridades presumen.

Fase 4: La deserción


Terminas la rutina bañada en sudor y con el rímel corrido porque quizá te ligabas a alguien. El entrenador, declara terminada la sesión y te señala la caminadora para que corras unos quince minutos más. Tú quieres decir que apenas puedes moverte, pero que tu dolor muscular y falta de voluntad de vida, te harán guardar silencio.

Terminas a rastras y te vas a tomar un merecido baño. Cada roce de tus dedos se siente como navajas y la sensación de que quince caballos pasaron sobre de ti está lejos de desaparecer.

Tu día en la oficina transcurre lento; cuentas cada segundo para poder irte a casa a desfallecer en la cama. Cuando por fin llega la hora de ir a casa, tus muslos se sienten como dos leños pesados, difíciles de manipular.

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Para no hacer el cuento largo, luego de cenar es muy probable que caigas en un coma y la mañana siguiente, se sentirá como el Apocalipsis. Es precisamente este momento el que será decisivo para el resto de tus días porque los calambres y articulaciones (aparentemente atrofiadas) te harán cometer el error más grave de los novatos: no ir al gimnasio.

Cuando menos te des cuenta, tu semana se hará de tres, luego de dos y después de ningún día y tu membresía se convertirá en un gasto más añadido a tu tarjeta de crédito. Pasarán los meses de frío y cuando llegue el momento de empacar para la playa, infinidad de pareos y ropa de manta holgada, serán los protagonistas de tu outfit.

No estamos diciendo que dichas elecciones sean malas, pero tal y como el 90% de todos los que brindaron doce segundos antes de exclamar “¡Felíz año nuevo!”, volverás a posponer tu meta 365 días más.

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