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Intercambiar contraseñas: ¿un propósito de vida en pareja este año?

Intercambiar contraseñas: ¿un propósito de vida en pareja este año?

Lee este artículo antes de hacer ciertas “pruebas de amor”. Existen muchos riesgos.

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Por Julia Santibáñez @danioska


Hasta hace no mucho tiempo se decía que una chica le daba a su novio la “máxima prueba de amor” cuando aceptaba tener relaciones sexuales con él. Es decir, con el paquetito iba implícito el amor. La fuerza que tiene hoy la vida en línea ha hecho que, para muchos, la mayor prueba de intimidad en un noviazgo sea intercambiar contraseñas del mundo 2.0.

El razonamiento es: si no tenemos nada que esconder, ¿por qué no vamos a darnos libre acceso al correo, a Facebook, Twitter, Netflix y cuantomás? Así nos demostramos que somos un libro abierto, lo que implica la total confianza de uno en el otro. Y en estas fechas, quizá más de una pareja se plantee darse esa “prueba de amor” arrancando el 2016, pero vale la pena pensar dos veces en los riesgos que puede implicar.

Claro, a algunos les puede parecer que suena idealmente romántico (a otros nos dispara de inmediato la señal roja de ¡Alarma!), pero ¿qué pasa si a uno no le gusta una opinión o conducta digital del otro? Tener acceso irrestricto brinda la posibilidad de querer moderar lo que la pareja dice o hace en sus mensajes directos o correos. ¿Y cuando tienen un enojo fuerte? ¿Si uno o ambos están resentidos? ¿Y si en algún punto rompen?¿Qué uso puede dar un “ex” a la información privada? ¿A las fotos? ¿A los datos de contactos? De algún modo, tener entrada sin freno al mundo virtual de una persona es igual a poseer el armamento para destruirla, situación particularmente peligrosa cuando hay enojo o rabia de por medio. Y, además, ¿no resulta mayor prueba de amor confiar uno en el otro sin necesidad de “pruebas”?

Mujer viendo computadora
¿Pruebas de amor?


Vida real y vida virtual

En un estudio realizado por el Pew Research Center, uno de cada tres adolescentes encuestados había compartido una contraseña con su novio o novia. Las razones que brindaron para ello fue dar una señal de intimidad y confianza a su pareja, y en especial las chicas fueron mucho más propensas que los chicos a esta práctica (38% vs 23%). Quienes lo hicieron en general no reportaron resultados positivos, con novios(as) exigiendo cuentas sobre por qué él o ella te escribió tal cosa o exigiendo borrar fotos que les molestaban con amigos del sexo opuesto.


Pero el asunto va más allá de los adolescentes. The New York Times entrevistó a Kashmir Hill, una mujer de 28 años que vive Nueva York. Poco después de terminar una relación de noviazgo entró a la cuenta de correo de su expareja (habían intercambiado contraseñas) y encontró un mensaje que él había enviado a su madre, explicándole las razones por las que ya no amaba a Kashmir, lo que por supuesto le causó profundo dolor. Además, mientras su novio y ella estaban juntos abrieron una cuenta de banco, de la cual ambos conocían la contraseña. Poco tiempo después del rompimiento y para su sorpresa, Kashmir descubrió que la cuenta tenía sólo 10 dólares. Así permaneció durante meses, hasta que ella decidió cerrarla. “Es suficiente con ser rechazada en la vida real, pero ¿por qué también serlo una y otra vez en el mundo virtual? De ahora en adelante, en mis relaciones voy a mantener separada mi vida en línea de mi vida real”, comentó.

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Quizá el asunto de fondo ni siquiera es que haya algo que esconder, sino que todos necesitamos espacios que son 100% nuestros, una especie de territorio privado. Como dijo el escritor colombiano Gabriel García Márquez, todo el mundo tiene tres vidas: la pública, la privada y la secreta. Es decir, es natural y hasta necesario tener secretos que no conozca absolutamente nadie, ni siquiera la pareja con la que compartimos almohada hace meses o años. Aquí, algunas ideas sobre las particularidades de los accesos de distintas cuentas si uno de tus propósitos de 2016 es compartir contraseñas con él o ella:

Ilustración Hombre y mujer laptop
Compartiendo contraseñas e intimidad.


Correo electrónico: Si bien en las redes sociales mostramos mucho de nuestra vida privada, el correo es de los últimos reductos de intimidad que quedan hoy. Ahí uno envía y recibe mensajes de amigos, familia, quizá exparejas, colegas. Es donde, también, uno puede comunicarse con un amigo o amiga cercano cuando tiene problemas de pareja o incluso si necesita abordar algún conflicto familiar que preferiría conservar secreto. Compartir la contraseña implica renunciar a esa privacidad. Por otro lado, es frecuente que en el correo recibamos notificaciones del banco y de la tarjeta de crédito. De nuevo, quizá dar carta abierta a esa información sensible sea un peligro mayor. Adicionalmente, un exnovio(a) enojado(a) podría incluso cambiar la contraseña del correo, de modo que tú mismo(a) ya no pudieras tener acceso a tu cuenta. En casos todavía más extremos puede dar lugar al robo de identidad.

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Facebook/Twitter/Instagram/Flickr: De acuerdo, el mundo ve lo que todos (o casi) aireamos en las redes sociales sobre qué pensamos, dónde comemos y con quién, a dónde vamos de vacaciones, lo que nos pasa. Pero ¿y las fotos o mensajes de tiempo atrás, quizá incluso con otra pareja? ¿Y los mensajes con amigos del sexo opuesto que, sin tener segundas intenciones, podrían leerse como si la tuvieran? ¿Y los intercambios con un exnovio(a) con quien absolutamente no tienes ningún interés en regresar pero que le generan inseguridad a él o ella?

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Teléfono celular: No sólo puede desencadenarse un problema si alguien coquetea por mensaje contigo aunque no tengas ninguna relación con él o ella, sino que además, igual que ocurre con la cuenta de correo, en casos de enojo mayúsculo el que alguien tenga tu contraseña puede llevar a la suplantación de identidad: hacer llamadas a tu nombre, enviar WA como si fueras tú, entre otras conductas.


Cuenta de banco: Mucho mucho cuidado, sobre todo si la relación no es todavía sólida. Dar acceso a la información bancaria es realmente delicado, muy poco recomendable en general.


iTunes: Cuidado, no olvides que la cuenta está vinculada a tu tarjeta de crédito.


Computadora personal: Si él o ella se queda en tu casa (o viceversa) y sólo hay una computadora a la mano puede ser natural compartirla. Quizá la mejor opción entonces sea crear otro usuario, para que cada quien tenga acceso diferenciado y no expongas fotos, correos antiguos, información que quieres reservar para ti.

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Netflix: Ok, aquí no parece haber mayor riesgo, salvo el hecho de que él o ella añada películas malísimas a tu lista de favoritos.

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