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Pedro Infante: la imagen de un México que pudo ser

Pedro Infante: la imagen de un México que pudo ser

Hay quienes dicen que Pedro Infante sigue vivo. O que quizá murió apenas hace unos años. Otros más aseguran haberlo visto y escuchado cantar. No importa cuánto tiempo pase, parece que México no está dispuesto a dejarlo morir.

Pedro Infante S3

A pesar de haber fallecido a los 39 años de edad en un accidente de aviación en el año de 1957, Pedro Infante sigue vivo, presente a través de sus canciones, de sus películas que se transmiten religiosamente cada semana por varios canales de televisión y de su interpretación de ¨Las Mañanitas¨ que es prácticamente la versión obligada en cada cumpleaños.

Y es que Pedro Infante fue y continúa siendo la representación de muchos Méxicos y de muchos mexicanos.

El accidente del gran ídolo Pedro Infante

Pedro logró conjugar en sí mismo una serie de elementos que en su momento resultaron atractivos, pero al parecer eternos. Morir joven, en la cima del éxito, le dió la ventaja de la inmortalidad.

Sus mayores éxitos cinematográficos se dieron en la llamada Época de Oro del Cine Mexicano durante las décadas de los años cuarenta y cincuenta del siglo XX. Y quizás su mayor logro es que su capacidad como actor parecía inagotable. Filmó más de sesenta películas y la versatilidad de los papeles que interpretó es realmente asombrosa. Lejos de estudiar actuación, fue más bien sobre la marcha que descubrió su talento innato, el cual incluso le dio reconocimientos y galardones por actuaciones espléndidas y muchas de ellas, memorables.

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Hace 60 años, Pedro Infante -leyenda de la música y el cine mexicano- despertó antes de las 5:30 de la mañana, dispuesto a impugnar la anulación de su matrimonio. Emprendió un vuelo que, en vez de llevarlo a la Ciudad de México, tuvo como destino final la inmortalidad.

El ser una gran estrella de cine en esos tiempos tenía un significado muy diferente a nuestros actuales tiempos multimediáticos. Por una parte no había televisión, o era incipiente en la década de los cincuenta. Mucho menos había videoclips y la televisión se transmitía en vivo, por lo cual la repetición de un programa era prácticamente imposible.

La radio tenía la supremacía mediática con muchos programas musicales también transmitidos en vivo. Estos fomentaban la imaginación del escucha, que a través del oído tenía que construir mentalmente lo que estaba sucediendo en el estudio radiofónico.

Por ello, ante la imposibilidad de ver a los artistas en la televisión, o tener la fortuna de asistir a una actuación en vivo, el cine resultaba un medio más permanente y aprovechable para ver, tantas veces como se asistiera a una función, la película elegida.

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Y ahí, aparece Pedro Infante, con su voz melodiosa, su estilo único, su carisma incomparable, su carácter seductor. Con la enorme ventaja de poder al mismo tiempo cantar y actuar bien, de hecho, muy bien. En las películas, su sonrisa llenaba la enorme pantalla, su rostro expresivo lo abarcaba todo. Sus lágrimas, carcajadas, angustias, bromas, enredos, picardías, torpezas y actitudes valerosas envolvían al público una y otra vez en una interminable lista de escenas y centenas de canciones que explotaban de manera incidental y las más de las veces, inverosímil, en las películas.

11 frases de Pedro Infante en 11 canciones inmortales

Pedro Infante tuvo la habilidad de cantar muy diversos estilos. Desde el crooner de las baladas románticas, hasta las canciones rancheras y sobre todo, el género que interpretó espléndidamente: el bolero ranchero.

Si la diversidad de sus canciones tenía la capacidad de apelar a muy diferentes gustos, también así sucedió con sus personajes. Pedro Infante era de todos y para todos. El hombre en esencia bueno y agradable, el admirado. Arquetipo aspiracional para los hombres de su tiempo y sueño de ilusión romántica para muchas mujeres. En él se contenía todo lo posible y lo inimaginable. Amigo fiel, hombre de palabra, hijo pródigo, hombre trabajador, hombre débil. Con facilidad asombrosa pasaba de la fortaleza a la fragilidad, poco aceptada y mucho menos legitimada en un hombre mexicano de aquella época.

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En sus película retrató también el paso hacia la modernidad. México y los mexicanos que transitaron durante esos años de la vida rural a la urbana. De las escenas bucólicas campiranas, o de la vida carente y agreste, a la vida acelerada y un tanto peligrosa de la ciudad. Pedro Infante nos llevó de la mano y nos enseñó la posibilidad de cambiar. Posibilidad que se continúa recordando, valorando, apreciando, reconociendo, como un factor de identidad, como un referente determinante de un México que ya no es, pero que tuvo en su momento, la posibilidad de ser.

Cada año, el 15 de abril, cientos de personas se reúnen en su tumba en el Panteón Jardín de la Ciudad de México. Además de la música y las canciones, las flores y los recuerdos, la gente va vestida caracterizando diferentes papeles de las películas de Infante.

Ahí se reúnen los Pepe el Toro, los Tizocs, y los agentes de tránsito, acompañados de las emblemáticas motocicletas que honran la memoria de A toda Máquina. Asombrosamente, muchos de ellos de menos de sesenta años, ya que la gran mayoría nació cuando Pedro Infante ya había muerto, o cuando eran todavía muy pequeños.

Sesenta años después de su muerte, se han apropiado de ese algo que perdura, de ese personaje que le habló y le sigue hablando al pueblo, a la gente, abierto y franco, sin distinciones, atravesando clases sociales, trascendiendo gustos musicales, y apelando a la remembranza sutil de lo que nos pertenece, de nuestro Pedro Infante.

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