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Los libros miniatura son fáciles de transportar y en la época antigua eran diseñados para ser llevados como amuletos.

La biblioteca de Liliput

La biblioteca de Liliput

La fragilidad y la dificultad que ofrece su realización hacen que estos libros miniaturas tengan un encanto especial para muchas personas.

Los libros miniatura son fáciles de transportar y en la época antigua er...
Los libros miniatura son fáciles de transportar y en la época antigua eran diseñados para ser llevados como amuletos.

La exposición que ahora se presenta en la Biblioteca Miguel de Cervantes es precisamente el fruto de la pasión de una coleccionista española por esta parcela tan particular de la bibliofilia: los libros en miniatura.

Así se denominan a los volúmenes que no sobrepasan los 75 milímetros de alto. Aunque este punto varía según la época, los países y los especialistas. De este modo, en Europa suelen aceptarse bajo esta denominación incluso las ediciones que alcanzan los 100 milímetros referidos a la mancha impresa, mientras que en los Estados Unidos, donde se encuentra la principal sociedad internacional de editores, coleccionistas y autores de mini libros, sólo se admiten como miniatura los que no sobrepasan los 75 milímetros referidos a su encuadernación.

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La Iliada en una nuez

Pero los libros diminutos no son un fenómeno actual. Han existido siempre. De hecho, Plinio en su Tratado de Historia ya menciona la existencia de un pequeño manuscrito de La Iliada que cabía en una cáscara de nuez y son numerosos los ejemplares de tabletas de arcilla sumerias que no sobrepasan los 40 milímetros de tamaño.

Pero los primeros creadores de estas obras minúsculas no se dejaron llevar por el espíritu extravagante del más pequeño todavía sino por cuestiones puramente prácticas: eran más fáciles de transportar y suponían un espacio mínimo y compacto en el que poder almacenar mucha información, aunque también tenían un aspecto simbólico importante y muchos de ellos, sobre todo los religiosos, se diseñaban para ser llevados siempre encima como amuletos.

Con esa idea se realizaron multitud de devocionarios, breviarios y libros de horas. El ejemplo más cercano y lujoso lo tenemos en el Credo de Carlos V, un precioso libro joya a modo de colgante que se conserva en la Biblioteca nacional y que no mide más de 40 milímetros de alto.

Pero debido a lo complicado de reducir a mano con los utensilios usados en esa época la compleja letra gótica de entonces, los ejemplares manuscritos en miniatura sobrepasan el tamaño que antes comentábamos.

De la misma manera y debido a los escasos recursos técnicos, la mayoría de los primeros libros impresos también sobrepasa el límite de la miniatura, pero la dificultad que entraña su pequeño tamaño les hace merecedores de ser tenidos en cuenta en una recopilación como ésta.

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De hecho, algunos autores como Douglas McMurtrie sugieren que un incunable puede ser considerado miniatura cuando no exceda de los 120 milímetros, si la mancha impresa no sobrepasa los 75 milímetros de alto.

Pero hay excepciones, como la de la Biblioteca Nacional de Francia, donde se conservan dos hojas de pergamino del Diurnale Moguntinum que supuestamente imprimió Meter Schoffer entre 1462 y 1468 que sólo mide 94 milímetros de alto. Y ya en 1500 se imprimió un Officium Beate Marie Virginus de 33 milímetros del que no se conocen más datos de impresión.

En la exposición que presentamos puede verse un volumen en vitela de 1530 cuya encuadernación no sobrepasa lo 80 milímetros. Se trata de la vida de Tomás de Kempis y está impreso en Florencia.

La época dorada

También pueden contemplarse algunos ejemplos facsímiles de libros de horas y códices minúsculos e incluso algunas hojas originales manuscritas de tamaño diminuto.

Aunque el bloque más importante de la muestra corresponde a los libros impresos entre el siglo XVIII y XIX, que fue la época dorada de este tipo de libros y en el que no sólo se recogen ya ediciones de carácter religioso sino también dirigidas a la infancia y a las mujeres, tanto en su aspecto educativo o adoctrinador como lúdico.

Almanaques, libros de música, diccionarios, recopilatorios poéticos, biografías, tratados de historia, propaganda política... En total, en esta exposición pueden verse más de mil ejemplares en diferentes lenguas y en todo tipo de encuadernaciones que forman una auténtica Biblioteca Liliputiense y en la que se presta especial atención a las ediciones minúsculas del Quijote.

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