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Niños con fiebre, alarma familiar

Niños con fiebre, alarma familiar

Los padres se alarman mucho cuando el niño tiene fiebre. Los pediatras dicen que en general no es para preocuparse.

La fiebre es una elevación de la temperatura corporal por encima de las cifras normales, que oscilan entre los 36,7 y 37 grados centígrados (ºC), medidos con un termómetro en la axila, la ingle, el recto o el oído, aunque el calor humano varía según la zona del cuerpo, la actividad física, la edad e incluso la hora del día.

El dolor es una sensación desagradable que se presenta como consecuencia de una alteración del organismo o debido a una afectación del sistema nervioso. Es una experiencia personal, sensorial y afectiva que, en muchas ocasiones, no tiene manifestación externa, pero que es el principal síntoma que nos lleva a una consulta médica.

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Ambos síntomas, son una señal de alarma que indica que algo no marcha como debiera en el organismo, y en el caso de los más pequeños, son las causas de consulta más frecuentes a los servicios de Urgencias o Atención Primaria de los hospitales.

Cuando el que sufre un estado febril o padece un episodio doloroso es un niño o una niña, el problema parece mayor, debido a que padres y madres ven a sus pequeños más desprotegidos.

Según la pediatra Marisa Herreros Fernández, la fiebre consiste en la elevación de la temperatura axilar por encima de 37,4º C o de 37,9º C, si se toma rectal, pero "no decida que su hijo tiene fiebre poniéndole la mano sobre la frente, use el termómetro".

En el caso de que el pequeño tenga fiebre, hay que mantener una temperatura ambiental agradable, evitar ponerle mucha ropa, y darle a beber abundantes líquidos, ofreciéndole líquidos azucarados sin forzarle.

Los expertos aconsejan controlar la temperatura y, si el niño está molesto, tratar su fiebre con fármacos antitérmicos, respetando las dosis e intervalos entre las tomas, indicados por el médico.Los baños o compresas con agua templada reducen la fiebre en muy poco tiempo y sólo deben usarse para ayudar a los antitérmicos. La fiebre por sí misma no es una enfermedad, sino un signo que acompaña a algunas enfermedades. No es necesario bajarla en todas las circunstancias, sólo si el niño está molesto.

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No obstante, se debe consultar inmediatamente al médico, si el niño tiene menos de 3 meses, está adormilado, decaído o muy irritable, si ha tenido una convulsión, si se queja de dolor de cabeza y vomita, si respira con dificultad, si su temperatura axilar supera los 40,5º C o cuando le aparecen manchas en la piel.

Los especialistas recuerdan que la fiebre, si bien debe verse como una condición que altera el bienestar físico del niño, también debe considerarse como la mejor señal de que hay alguna enfermedad infecciosa que debe ser controlada. Es como un semáforo que nos avisa de que algo va mal.

Se puede decir que un niño tiene fiebre cuando su temperatura, tomada en axila, supere los 37 grados centígrados. Si el niño es menor de cinco años, es preferible colocar el termómetro en la zona rectal, dónde la medición es más precisa. La temperatura oral también ofrece datos precisos si se mide adecuadamente y es la más recomendable para niños mayores de cinco años.

Según los pediatras, el termómetro debe estar colocado durante un tiempo mínimo de tres minutos. El niño debe estar vigilado en todo momento para evitar posibles alteraciones que se traduzcan en una medición equivocada.

Hay indicios de que un niño tiene fiebre cuando presenta sudoración, enrojecimiento de la piel, escalofríos y respiración agitada. Por otro lado, ciertos comportamientos como la disminución de la actividad normal, la inquietud e irritabilidad o la pérdida de apetito, son posibles indicadores febriles.

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El tratamiento de la fiebre proporciona al niño un aumento de su bienestar, tiempo de sueño e ingestión de líquidos, así como un alivio del dolor y descenso de la pérdida de fluidos.

El otro gran motivo de alarma paterna y de consulta urgente a los centros médicos son los dolores infantiles.

Durante mucho tiempo se ha creído equivocadamente que el niño no sufría dolor o, incluso, que era una cosa muy pasajera y que, por lo tanto, no merecía la pena darle ningún analgésico.

Ahora, muchos especialistas consideran que los más pequeños son más sensibles al dolor que los adultos, y que se puede prevenir y tratar bien con los medicamentos adecuados.

En pediatría, los principales tipos de dolor son el postoperatorio, el abdominal y el músculo-esquelético. También destacan el dolor de cabeza, el torácico, el de oído y la inflamación de las amígdalas. En los más pequeños es común el dolor de la dentición.

Además, la fiebre suele estar acompañada por dolores musculares y articulares que empeoran cuando la temperatura corporal supera los 39,5 ºC. La cefalea es un trastorno frecuente en la infancia que repercute en la calidad de vida de los niños y en España afecta a un 40 por ciento de la población infantil.

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