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Asma infantil: cada vez más frecuente

Asma infantil: cada vez más frecuente

El asma es la enfermedad crónica más frecuente en la infancia y se manifiesta en general, alrededor de los nueve meses.

Lola Romero es madre de dos niñas asmáticas. Sus hijas tuvieron que ingresar en Urgencias por primera vez debido a los síntomas de asma a los nueve y a los 17 meses de edad, respectivamente.

"Al no poder diagnosticar su enfermedad ni existir un tratamiento para unas niñas tan pequeñas, les recetaban antibióticos, y cada dos semanas teníamos que volver al médico porque no mejoraban. Decían que tenían bronquitis y no les diagnosticaron asma hasta que cumplieron los cinco años", recuerda Lola.

Esta madre relata la frustración que suponía ir de un especialista a otro, y el temor a que las niñas se "ahogasen" durante la noche, lo que la llevaba a dormir con ellas todos los días. "Si las llevaba a la guardería a la semana tenía que sacarlas porque volvían a tener crisis, tenía que estar las 24 horas con mis hijas", concluye.

Lola Romero es una de los cientos de padres de niños de menos de dos años con síntomas asmáticos, que han brindado su testimonio para las últimas encuestas europeas sobre asma pediátrico, como la efectuada en España por Demoscopia.

Según este estudio, con apenas dos años de vida, los niños con síntomas asmáticos han acudido una media de cuatro veces a los Servicios de Urgencias de algún centro sanitario, debido a la gravedad de sus problemas. Ello produce en sus padres un fuerte impacto emocional, preocupación y una sensación de frustración.

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La mayoría de estos niños tienen varios síntomas asmáticos a la vez, el más frecuente son los "pitidos o sibilancias". Cuatro de cada diez de estos pequeños padece estos síntomas una o varias veces al mes, y el 11 por ciento los sufre permanentemente.

El asma es la enfermedad crónica más frecuente en la infancia y, en algunos países, uno de cada tres niños de seis a 24 meses tienen síntomas asmáticos, que aparecen como media antes de los nueve meses de edad. Aunque muchos de ellos ya comenzaron a manifestar problemas respiratorios a los cinco meses de edad.

Debido a la dificultad de diagnosticar el asma en niños tan pequeños, a los que no se puede hacer pruebas de función pulmonar, se entiende que sufren "síntomas asmáticos" ante la aparición simultánea y continua de trastornos respiratorios como sibilancias, dificultad para respirar, tos nocturna o continua y respiración dificultosa al correr o jugar.

Según la socióloga Coral Hernández, el hecho de que el asma pediátrico no esté diagnosticado o esté mal controlado tiene un gran impacto en la calidad de vida del niño y sus cuidadores: "debido a los problemas respiratorios los niños duermen mal, se despiertan con mucha frecuencia, y suelen mostrar falta de apetito y de energía, nerviosismo, irritabilidad, tristeza y fatiga".

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Los padres también duermen mal, y el temor por su hijo genera hábitos como no atreverse a salir sin el niño o que duerman con él. Se sienten angustiados por no saber qué hacer cuando el niño respira mal, están siempre preocupados y tienen que ausentarse a menudo del trabajo debido a la enfermedad de su hijo.

El tratamiento anti-asmático se basa en una medicación preventiva o "de fondo", que se administra todos los días para evitar lo máximo posible la aparición de problemas, y otra medicación intermitente o "de rescate", para ayudar al niño a respirar con normalidad cuando sufre una crisis, es decir, cuando se le agravan sus síntomas.

La administración de estos tratamientos en niños de menos de dos años requiere el uso de dispositivos, como cámaras espaciadoras, mascarillas y otros aparatos difíciles de manejar, mediante los cuales se les aplican los fármacos administrados habitualmente a los niños de mayor edad.

La mayoría de los niños con síntomas asmáticos recibe tratamiento farmacológico, aunque la mayor parte son tratados de forma intermitente, únicamente cuando presentan síntomas. Estos tratamientos son administrados tanto por vía oral como inhalada, mediante mascarillas y aerosoles.

Entre los principales problemas de la medicación está que se tienen que administrar varias dosis al día, que hay que utilizar aparatos especiales y que los niños se resisten a ser medicados Además, en muchos casos los niños no mejoran al poco tiempo de recibir la medicación y o sus síntomas no desaparecen.

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Los síntomas respiratorios relacionados con el asma son muy frecuentes en la primera infancia. Aproximadamente la cuarta parte de los niños menores de tres años tiene en algún momento síntomas de asma como tos, sibilancias y dificultad respiratoria, fundamentalmente durante los catarros. No obstante, alrededor del 60 por ciento de estos niños deja de tener síntomas respiratorios antes de los cinco años de vida y a los siete años.

Uno de los principales problemas del asma en edades tan tempranas es la dificultad de diagnóstico, que es puramente clínico. En niños por encima de seis años el diagnóstico es relativamente claro: los síntomas están más definidos y los niños colaboran para hacer pruebas de función pulmonar.

Sin embargo, en niños pequeños hay que ser más cautos, pues la clínica a veces es indistinguible de la de otros procesos respiratorios diferentes del asma". Por ello a estas edades es más correcto hablar de "síntomas asmáticos" antes que de "asma". Para tratar los síntomas asmáticos infantiles, existen algunos tratamientos, como las teofilinas, las cromonas o el ketotifeno, que han demostrado ser poco útiles y otros más eficaces como los corticoides inhalados, que utilizados con precaución son más seguros. No obstante, los corticoides inhalados son poco útiles en niños que padecen asma relacionado con infecciones víricas y su utilización por vía inhalada no siempre es fácil, además de los posibles efectos adversos cuando se aplican dosis altas.

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Otros medicamentos actúan sobre las citocinas y los leucotrienos, una serie de sustancias denominadas mediadores inflamatorios, cuya acción propicia la inflamación crónica del aparato respiratorio que subyace en los cuadros de asma.

Los leucotrienos, tienen una capacidad de contraer los bronquios mil veces más potente que la histamina y sólo pueden ser bloqueados por los fármacos antileucotrienos. Uno de más avanzados fármacos de esta familia, es el antiasmático montelukast, desarrollado para los niños menores dos años,

Este medicamento puede tomarlo el niño en forma de comprimidos masticables con sabor o en granulados que se administran una vez al día, disueltos en una cucharada de la papilla o el yogurt del niño, sin requerir aparatos complejos.

Los ensayos clínicos de este fármaco confirman que es eficaz para controlar los síntomas respiratorios en asma persistente y moderado, los síntomas asmáticos desencadenados por virus, los síntomas respiratorios postbronquiolitis y el asma inducido por el ejercicio, en los en niños de seis meses de edad en adelante.

El asma es una enfermedad crónica caracterizada por la inflamación y el estrechamiento de los bronquios debido al aumento de la reactividad bronquial frente a diferentes estímulos como la presencia de alergenos.

La aparición de crisis de asma varía en frecuencia e intensidad. Algunos asmáticos están libres de síntomas la mayor parte del tiempo, con episodios de ahogo ligeros, breves y ocasionales. Otros, tosen y tienen sibilancias casi continuamente y sufren ataques después de infecciones víricas, el ejercicio o la exposición a agentes alergenos e irritantes. El llanto o una risa pueden también desencadenar los síntomas.

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Una crisis puede comenzar de repente con respiración sibilante, tos y ahogo. Las sibilancias son particularmente perceptibles cuando la persona espira (se les suele llamar "pitos"). Otras veces, un acceso de asma puede comenzar lentamente, con síntomas que se agravan de forma gradual.

ANTE UNA CRISIS.En ambos casos, los pacientes suelen experimentar primero ahogo, tos o una opresión en el pecho. La crisis puede desaparecer en unos minutos o durar horas o incluso días. El picor en el pecho o en el cuello puede ser un síntoma inicial, especialmente en niños. La tos seca por la noche o durante el ejercicio puede ser el único síntoma.

El ahogo puede volverse grave durante una crisis de asma, creando ansiedad. Instintivamente, la persona se sienta y se inclina hacia delante, usando los músculos del cuello y del tórax para ayudarse a respirar, pero a pesar de todo sigue necesitando aire. El sudor es una reacción frecuente al esfuerzo y la ansiedad.

Durante un ataque asmático agudo, la confusión, el sopor y la piel de color azulado son señales de una disminución grave de oxígeno en la sangre, lo que requiere un tratamiento de urgencia. Por lo general, la persona se restablece completamente, incluso de una crisis grave de asma.

Los bronquios de las personas que padecen asma se inflaman y estrechan como respuesta a ciertos estímulos que no afectan a las vías aéreas de los pulmones de individuos normales.

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El estrechamiento puede provocarlo la reacción a sustancias que producen alergia, como el polen, los ácaros presentes en el polvo de la casa, las escamillas del pelo de los animales, el humo, el aire frío y el ejercicio.

Durante una crisis los tejidos que revisten las vías aéreas se inflaman, aumenta la secreción de moco y el músculo liso de los bronquios se contrae. Este hecho reduce el diámetro de los bronquios, obligando a la persona a desarrollar un mayor esfuerzo para que el aire entre y salga de sus pulmones.

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