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Se retira el argentino Andrés Nocioni

Andrés Nocioni: El hombre de la gente

Andrés Nocioni: El hombre de la gente

Andrés “Chapu” Nocioni, que jugó para los Bulls, Kings, 76ers y ganó la medalla de oro en Atenas 2004 con argentina, puso punto final a su carrera.

Se retira el argentino 'Chapu' Nocioni desde Madrid Univision Deportes Network

Por Sebastián Ciano

A la hora de hablar de Andrés Nocioni no basta con enumerar los trofeos obtenidos, las medallas ganadas, los premios individuales. Tampoco los puntos, rebotes, o las asistencias. Realmente no alcanza contar sus mejores partidos, recordar sus hazañas. Mencionar los prestigiosos equipos con los que jugó. Sinceramente, el Chapu es más que todo eso para los hinchas del básquetbol en Argentina.

Existe algo muy importante en cualquier orden de la vida, que es el sentido de pertenencia; a una familia, a un grupo de amigos, a una institución. Ser, identificarse o sentirse parte de algo, encontrar cosas en común que nos adquiera y conforme en una sola genera una sensación particular, necesaria para la cotidianeidad.

Andrés Nocioni es el hombre de la gente. Y esto no es restarle méritos u opacar su enorme talento. Pero hay algo que él – ni nadie – no puede contradecir, y es el hecho de la identificación eterna de la gente que vibró y se emocionó con todo lo mencionado en el primer párrafo de este artículo.

Muchas veces el corazón y la pasión de un jugador se premia de igual manera que su talento, incluso aún más, aunque ésto a veces no sea lo más conveniente. La gente que vivió la carrera de Nocioni se identifica con un jugador que defendió y luchó por la camiseta de turno como pocos. El Chapu hacía pensar que nació en cada club en el que jugó, y esa es una característica que, en su caso, estuvo lejos de la demagogia, sino que se relaciona a la forma de sentir en básquetbol, muchas veces emparentada con aquel que paga la entrada para verlo jugar.

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La identificación del hincha con Nocioni no tiene mucha comparación; no hay muchos casos en el mundo del básquetbol en el que la gente se sienta tan cercana a los protagonistas, muchas veces tildados despectivamente de millonarios o distantes superestrellas.

A sus 37 años dejó el básquetbol para siempre. Lamentablemente no pudo ser con un último título, ya que su Real Madrid se quedó con la ganas del tricampeonato al perder la final ante Valencia el pasado viernes, en lo que fue la primera consagración de la historia para los “Taronja”. Su identificación con los “Merengues” fue inmediata: llegó en 2014 y en 2015 ya había sido campeón y MVP de la Final Four de la Euroliga.

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Luego de tres temporadas en Argentina entre Racing de Avellaneda, Olimpia de Venado Tuerto e Independiente de General Pico, Nocioni cruzó el charco y su carrera jamás detuvo la curva ascendente. Llegó a TAU Cerámica, donde explotaría tras un breve paso por Manresa. Campeón de aquel inolvidable doblete en 2002 (Liga y Copa del Rey), y MVP de la ACB en la 2003/2004. El amor era imborrable a esa altura.

Con esos pergaminos a cuestas llegó el turno de la NBA, donde jugó para Chicago, Sacramento y Philadelphia un total de 537 partidos entre temporada regular y playoff. Su estirpe de jugador de elite quedó instalada para siempre.

En medio de tanto éxito y metas alcanzadas, durante el lockout de la NBA en 2011 se dio el lujo de volver fugazmente a la Argentina, donde (¡sin seguro!) jugó para Peñarol de Mar del Plata y obtuvo el torneo “Super 8” de aquel año. De más está decir lo que significó ese hecho para el público “milrayitas”.

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Paralelamente, Nocioni hizo de la selección argentina un equipo histórico junto a Manu Ginóbili, Luis Scola y tantos otros. Su ascendencia en el grupo a través de los años pudo ser disfrutado hasta el año pasado, cuando decidió que aquel partido por los cuartos de final de los Juegos Olímpicos de Rio 2016 frente a Estados Unidos sería el último que dispute oficialmente con la “albiceleste”. En total jugó 126 encuentros con los colores nacionales y obtuvo la medalla de Oro en Atenas 2004, la de Bronce en Beijing 2008 y la de plata en el mundial de Indianápolis, en 2002, como así también el Sudamericano de Chile 2001.

Aunque tan importante como sus títulos es su legado. Ese legado que no solo le sirvió a la selección argentina durante tantos años para marcar el camino a seguir, sino también que construyó una relación con el público que lo convierte en un jugador icónico. Una figura amada por los propios y respetado por los ajenos. Un jugador que quedará en el corazón de la gente para toda la vida.

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