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Mirando la Jugada: Eufracio González, un campeón anónimo

Mirando la Jugada: Eufracio González, un campeón anónimo

El entrenador cubano de boxeo, Eufracio González ha protagonizado un largo camino como técnico de una disciplina que lo ha consagrado.

Por José Luis Nápoles

MIAMI, Florida - El entrenador cubano de boxeo, Eufracio González ha protagonizado un largo camino como técnico de una disciplina que lo ha consagrado tras haber concluido su trayectoria como atleta.

“Me dediqué al boxeo casi por casualidad, cuando el boxeador cubano Mario Iribarren me pidió que lo entrenara y luego me gustó hacerlo. Llegaron propuestas posteriores y logré estabilizarme sobre el ring, donde llevo más de 15 años”.

Conocido con el seudónimo de Franco, antes compitió con éxito en el kárate, integrando selecciones nacionales y lidiando a nivel panamericano por Cuba, y con EE.UU. en el mundial de 1996. Una lesión le hizo abandonar el deporte activo, pero se mantiene “en forma” y entrenar de cerca a tantos púgiles le permite mantenerse eternamente joven.

“Ya has visto como es esto, tengo que levantarme temprano con ellos, correr, los acompaño en sus dietas y luego las secciones de “guanteo” sobre el ring, donde si no me muevo rápido me pegan en la cara y caigo a la lona”

Franco es de esos entrenadores que defiende con uñas y dientes a sus boxeadores, a los cuales le entrega alma, corazón y vida, siempre con el emblema de su Cuba querida en una bandana que rodea su cabeza, quedando la estrella en su parte frontal. Sin embargo, Eufracio se ha caracterizado por entrenar boxeadores de otros países, los cuales curiosamente han peleado contra cubanos.

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“No tengo nada en contra de los cubanos, al contrario, son mi gente. Lo que pasa es que han sido otros los que me han dado la oportunidad de entrenarlos y abrirme camino. Cuando estoy en el ring, la bandera que defiendo es la de mi esquina, y particularmente  a los colombianos que han creído mucho en mi”.

La conducción de los combates suelen ser complicadas y muchas veces los peleadores no obedecen las órdenes de la esquina, o sencillamente están atontados en el fragor de la emoción y la adrenalina.

“Les tengo que hablar fuerte y mirándolos a los ojos, luego de preguntarles como se sienten e informarles el número de asaltos que han combatido. Atiendo las posibles heridas, y vemos la situación del pleito que siempre dicta las indicaciones que damos. Siempre hay que insistir, pues cuando suena la campana vuelven a reaccionar con instintos que los pueden traicionar. Una vez me ocurrió con el gran campeón, Breydis Prescott, quien tenía la victoria y se escapó increíblemente”.

Muy pronto Franco tendrá una nueva oportunidad con el colombiano Prescott, quien subirá al ring buscando revancha en pelea de título mundial con asiento en Las Vegas.

“Espero que salga campeón, estamos hablando de un guerrero que no se rinde y posee las herramientas para lograr una pelea millonaria. El es como un hijo para mi, para mis peleadores son una parte de la familia, y hasta puedo convertirme en su psicólogo personal o consejero matrimonial”

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El boxeo se ha convertido en mi mayor motivación, aunque vengo del kárate, fui salvavidas y me gusta el beisbol. Pero estar en el ring me hace sentir de una manera especial, y levantar la mano de uno de mis boxeadores, siempre llena mis pulmones. Es un premio a tantos meses de sacrificio, porque con ellos también me siento campeón. 

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