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José Fernández de los Miami Marlins vino de Cuba cuando era un adolescente.

Mirando la Jugada: Batalla Perdida

Mirando la Jugada: Batalla Perdida

El gobierno Cubano eliminó el profesionalismo en el beisbol desde la llegada de los “barbudos” al poder.                                             

José Fernández de los Miami Marlins vino de Cuba cuando era un adolescente.
José Fernández de los Miami Marlins vino de Cuba cuando era un adolescente.

por José Luis Nápoles

El gobierno cubano eliminó el profesionalismo desde la llegada de los “barbudos” al poder, y el capricho de los hermanos Castro sacó a Cuba del liderazgo que ejercían en Latinoamérica con el aporte de jugadores a las Grandes Ligas.

Nueve de cada 10 cubanos que llegaban a las mayores eran cubanos, “pero llegó el comandante y mandó a parar”. Así lo pregonaban las cotorras del tirano, pero el tiempo se ha ido encargando de poner las cosas en su lugar. 

De la inoperancia del sistema no pretendo escribir, ni siquiera es necesario. Me concentro en aquellas  campañas que intentaban definir a los atletas profesionales como mercancías. Un discurso que ha ido cambiando, quizás para que no se les escape más talento, dinero y poder.

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Aquella “batalla de ideas” que intentaba convencer a los deportistas de que lo más importante era competir por su pueblo y no por dinero, es una batalla perdida.

Habría que preguntarle a ex estrellas retiradas que hoy no tienen una casa, un vehículo o que terminaron sus carreras sin suficientes garantías materiales. Lo que hacían era solo jugar y lo más lógico era recibir un buen pago por el espectáculo que ellos engrandecían.  Los famosos estímulos morales, en lugar de los materiales, no eran más que la pura esencia de un doble discurso en el que la ignorante victima salía siempre perdiendo.

Ahora los jugadores cubanos llegan a las Grandes Ligas, con frecuencia casi mensual, y vemos nuevos millonarios cualitativamente inferiores a otros que prefirieron jugar solo para Fidel Castro en épocas recientes.

¿Qué pensarán hombres como Luis Girardo Casanova, Pedro José Rodríguez, Víctor Mesa, Omar Linares, Lourdes Gourriell, Antonio Muñoz, Armando Capiró o Pedro Jova? Hay muchos casos más.

Hoy Cuba pierde aquella famosa batalla que tildaba de mercenarios a los profesionales, aunque Diego Armando Maradona iba y se retrataba con el “líder” intentando ser un ejemplo; ya sabemos de qué.

Y pierde su batalla cuando acepta que le tiene que dar dinero a sus jugadores, los libera de jugar fuera del país e intenta desesperadamente de sacar provecho de su nueva estrategia, erigiéndose como el intermediario en los contratos que vengan.

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Solo los más ingenuos querrán recibir la migaja de su representante, “CubaDeportes”, renunciando  a un contrato justo como el que firman José Dariel Abreu por $68 millones, o más recientemente, Alexander Guerrero por $28 millones. Aquellos que no abran los ojos debían mirarse en el espejo de Casanova, Mesa, Linares…. Hoy no tienen nada, salvo lo que sus habilidades extradeportivas les han permitido gestionar.

Para un pelotero jugar en Japón, México, Venezuela u otro sitio que no sea EEUU, será desaprovechar lo mejor de sus virtudes atléticas sin probarse al máximo nivel, ni cobrar en la más alta de las tarifas.

En la pasada contienda jugaron más de 20 peloteros cubanos, nacidos y formados en la isla, algunos con gran protagonismo y jugosos contratos reconociendo su talento. El proceso continuará.

Seguirán viniendo, ellos saben que aquí es donde quieren jugar, donde se pueden probar al más alto nivel y donde le pagarían lo que realmente valen.

El discurso oficial del gobierno cubano ya no es lo único que llega al oído de sus atletas.


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