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Liga MX

América, un sube y baja emocional

América, un sube y baja emocional

Las Águilas anotaron y vencieron a Pachuca en la fecha 9, pero siguen generando grandes dudas en su ofensiva que no termina de entenderse sin Raúl Jiménez.

Por Omar Carrillo H.

América es un sube y baja emocional, entre risas y angustias, frente al arco rival. Porque en la Liga pasó 300 minutos sin anotar gol y a mitad de semana, con un equipo juvenil, le hizo 10 al Bayamón en la Liga de Campeones de la Concacaf, y contra Pachuca, por fin, dejó atrás esas tres centenas de minutos, pero lo hizo con un autogol y un gol de un defensa.

Y es que Oribe Peralta no termina de encontrar un compañero al frente que le entienda. Es como oír hablar a alguien ruso en una ciudad Latinoamericana, prácticamente incomprensible. Le urge un traductor, alguien que interprete su juego de la mejor manera.

Que se abra y le genere espacios, que le lance o esté donde debe estar para recibir sus servicios. Que le quite la marca, que preocupe y ocupe a los rivales para poder tener un poco más de espacio.

Porque Michael Arroyo es propenso a las individualidades y a decidir la última jugada erróneamente, muchas veces intentándola sea más a su conveniencia que para la del equipo. Rubens Sambueza es impredecible, hoy es Maradona combinado con Usain Bolt, mañana quién sabe. Y Osvaldo Martínez difícilmente toma responsabilidades creativas.

Las Águilas ante Pachuca controlaron el esférico, lo pasearon, lo llevaron siempre hasta la última zona del campo, pero en la definición tropezaron con ellos mismos con sus deficiencias e imperfecciones. Difícilmente llegaron con seguridad y solvencia al arco de Oscar Pérez.

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En esa lógica futbolística, Oribe suele estar más ocupado armando el juego y creando oportunidades que cerrándolas.

Antes de los goles, otro defensa del América, Erick Pimentel, hizo la jugada más peligrosa al errar un doble disparo a dos metros del arco del “Conejo”.

Sambueza, Arroyo, el propio Oribe, también tuvieron las suyas, pero Daniel Arreola les ahorró las molestias, por no decir las angustias, cuando a los 31 minutos, se tendió en su área intentando desviar el balón y éste, incomprensible como es, salió a las redes de los Tuzos.

Pero  los demonios no se exorcizan con tierra, se necesita algo más. América siguió llegando al arco y errando todo lo que se podía que fue mucho.

Del otro lado, Enrique Meza y sus hombres nunca pudieron detener los embates de las Águilas, lo intentaron y parecía que lo lograban con el ingreso de  de Nahuelpán y Buonanotte en la segunda mitad. Se hicieron del balón y hasta encontraron un gol vía el propio Nahuelpán. Aquella era demasiada recompensa para lo visto sobre el terreno de juego.

Pero un minuto después, por fin hizo América una anotación armada y culminada por ellos mismos.

Sambueza, extraviado y esquivo buena parte del encuentro, metió un  excelente balón filtrado que Miguel Layún  empujó con la tranquilidad y la solvencia que le ha faltado a los delanteros americanistas. Y así definió el partido.

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Se acabó la racha sin gol, pero en los alrededores de Coapa aún rondan las dudas ofensivas y sobre todo se sigue trayendo, inevitablemente, el nombre de uno que ya no está, que se entendía con Oribe y encajaba con el resto, que juega lejos, al otro lado del mar, más exactamente en el Atlético de Madrid.

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