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La Liga

Lionel Messi

Lionel Messi, el prodigio

Lionel Messi, el prodigio

El mundo del fútbol se mostró admirado y agradecido por el partido entre Barcelona y Bayern Munich, pero sobre todo por la actuación del argentino.

Lionel Messi
Lionel Messi

Por Omar Carrillo H.

A los artistas, en cualquier ámbito, hay que disfrutarlos. A los genios aplaudirles y, muchas veces, y si hay algo de tiempo, tratarles de entender. A los prodigios no se puede aplicar ni una ni la otra porque no es suficiente, basta admirarles o te volverán loco, te dejarán sin aliento, sin explicación. Te harán sentir mundano, vulgar, casi un grano de arena en una inmensa playa y ellos el mar embravecido, y colosal.

A los cinco años, una edad más propia para el berrinche y el juego a ras de piso entre la tierra y el lodo, Mozart componía piezas musicales completas con un estilo propio y versado.

Lope de Vega escribió a lo largo de su vida más de 1500 obras, casi todas comedias ¿Cómo explicarlo sin verte ingenuo, sobrepasado? ¿Sin sentir vértigo?

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Uno de ellos, de esos prodigios que de pronto escupe Dios a destajo sobre la tierra, Albert Einstein -tan de moda ahora mismo porque se cumplen 110 años este 2015 de que publicara tres artículos sobre física que cambiaron nuestra concepción del mundo, del tiempo y del universo, entre ellos el de la teoría de la relatividad- dijo en una entrevista a George Sylvester Viereck en The Saturday Evening Post en 1926: “La imaginación es más importante que el conocimiento. El conocimiento es limitado y la imaginación circunda el mundo”.

Ellos, los prodigios vaya, en eso coinciden. En su capacidad impenetrable de imaginar lo inimaginable incluso o más bien sobre todo cuando parece imposible.

Ahí estaba Lionel Messi -pequeño, enjuto, casi desamparado, un mentiroso perfecto- a los 79 minutos del juego ante el Bayern Munich cuando recibió el balón a unos metros del área del conjunto alemán. Lo arrastró y Boateng, un defensa alemán con músculos incluso encima de los botines y el uniforme por no contarles de su estatura, le salió a la marca.

El argentino, le enseñó el esférico con la pierna izquierda, le hizo una maniobra con el cuerpo que dictaba correría hacía adentro, pero la sorpresa para Boateng y el planeta fue que lo hizo hacía afuera. El moreno jugador, se hizo un lío y cayó desparramado e impotente en una imagen que el mundo del fútbol difícilmente le dejará olvidar.

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Pero Messi, mientras el defensa caía cual coloso de Rodas en terremoto, ya enfrentaba a Neuer, otro poderoso e inalcanzable, por altura, alemán colocado en la portería.

Plástico y enorme, impasable el portero por abajo pese a la multitud de centímetros de su cuerpo, Lionel decidió disparar por encima de él en una operación matemática más cercana al propio Einstein que a un futbolista porque cerraban dos defensas y le cubrían la portería. El balón pasó en un palmo, el único espacio posible para que meciera las redes entre tres rivales. Una obra inmortal en sí misma.

El mundo del fútbol ha amanecido admirado y agradecido por el partido entre Barcelona y Bayern Munich, pero sobre todo por la actuación del argentino. De las dos anotaciones y la asistencia a Neymar, pero se ha sobrecogido por su gol a los 79 minutos.

Gary Lineker lo expresó mejor que nadie en declaraciones recogidas por la BBC.

“Resistir a la necesidad de alabar a Messi es muy difícil. Él es ridículamente bueno. Es un gran placer ver a Messi. ¡Él más grande! ¿Alguien todavía lo discute? Él es el Mesías”, dijo en un juego de palabras.

Hay quien todavía está intentando explicarse lo que pasó el miércoles sobre el Nou Camp. Imposible.

Porque ellos, los prodigios, esos seres que a veces escupe Dios a destajo sobre la tierra, son inexplicables. Porque su imaginación, bendito y dilucidante Einstein, rebasa siempre nuestro conocimiento.

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