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Carlos Arroyo

Carlos Arroyo, un veterano con el espíritu de un joven de 21 años

Carlos Arroyo, un veterano con el espíritu de un joven de 21 años

"Mi padre es abogado, pero vive su sueño a través de mí. Siempre le gustó el baloncesto. Le debo todo a él."

Carlos Arroyo
Carlos Arroyo

Por Víctor Martí

Barcelona - "Tu cuerpo es tu templo". Es uno de los sabios consejos que el base puertorriqueño Carlos Arroyo aprendió de su padre y que ahora, en su nueva etapa en el FC Barcelona Lassa, aplica para mantenerse en lo más alto y convencer a los que dudan del rendimiento que puede ofrecer un talentoso base de 36 años.

Para el veterano director de juego, la edad es una cifra más en su pasaporte. De hecho, dice sentirse como un chaval de 21 años que afronta su enésimo reto en la élite con la misión de ganarse "el respeto" de la afición.

Su discurso, propio de un jugador que las ha visto de todos los colores, es muy similar a su juego: elaborado, inteligente, sin fisuras, cocinado a fuego lento, evitando los tópicos lógicos que emergen en el inicio de temporada.

Con un español caribeño-estadounidense, Arroyo cautiva a los interlocutores que, ante su facilidad por la palabra, le bombardean a todo tipo de preguntas en la jornada de puertas abiertas a los medios de comunicación que el Barcelona ha organizado con motivo del inicio de la temporada.

"Mi padre es abogado, pero vive su sueño a través de mí. Siempre le gustó el baloncesto. Le debo todo a él, ya que gracias a él pude ser quién soy hoy. Me enseñó la disciplina desde niño", relata, sincero, al ser preguntado por sus orígenes.

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A pesar de su amplia trayectoria en la NBA y en equipos punteros de la Euroliga, Arroyo desprende la humildad de un chaval que quiere comerse el mundo y ayudar a que el Barcelona "vuelva a estar en la élite" del baloncesto del viejo continente.

"Lo importante no es sólo mi rol, es el de todos. No importa quién coja el crédito, vamos a salir a ganar. Sean los minutos que sean, sea el jugador que sea", señala.

Consciente de que Tomas Satoransky tendrá mucho protagonismo en la dirección de juego de la nave de Xavi Pascual, a Arroyo le motiva contagiarse de la "energía" del joven base checo.

"Satoransky me mantiene trabajando fuerte, exigiéndome en la cancha. Sé que tengo que competir con un chaval que no le falta energía. Tiene mucha ambición, le gusta aprender y eso a mí me ayuda también", agrega.

A la competencia sana que le aportará compartir vestuario con un base que apunta a la NBA se suma su adición al baloncesto, la llama que, según explica, le permite seguir sintiéndose físicamente bien.

"Me encanta jugar al baloncesto. Cuando termina la temporada, tras dos semanas de descanso, siempre tengo que volver a la cancha. Para sacarme de ella, mi esposa me tiene que ir a buscar y quitarme las llaves de la cancha", bromea.

Y es que para Arroyo, el elixir de la eterna juventud -"me siento como si tuviera 21 años", insiste- es el respeto que sigue teniendo hacia su cuerpo.

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Quizá por ello el pasado verano -como también hizo su compañero Juan Carlos Navarro- decidió renunciar a la selección puertorriqueña y ordenó su "templo" para que el Barcelona "sea el equipo que el Real Madrid fue el año pasado".

En apenas dos meses en Barcelona, el exjugador del Galatasaray turco ha aprendido rápidamente que en el Palau Blaugrana se juega para levantar trofeos.

"Queremos ganar todos los títulos que lleguen, queremos recuperar el respeto en Europa. El Barça lo tiene, pero tenemos que volver a ser el equipo de élite que fuimos", subraya.

Mientras espera que se confirmen las buenas sensaciones que mostró en la final de la Supercopa, Carlos Arroyo promete el hambre y experiencia de un chaval de 36 años que espera que su cuerpo se adapte a un templo mítico como el Palau Blaugrana. EFE

vmc/fa/asc

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