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Farida Brown, de 73 años, pensó que moriría en la iglesia bautista de Sutherland Springs.

Fue rescatada durante Harvey; tres meses después, sobrevivió a la masacre de Sutherland Springs

Fue rescatada durante Harvey; tres meses después, sobrevivió a la masacre de Sutherland Springs

Farida Brown está viva gracias a que un vecino detuvo al atacante que acribilló a feligreses en el tiroteo de Texas, según cuentan sus hijos. La damnificada del huracán, busca recuperarse ahora de un trauma mucho más profundo.

Farida Brown, de 73 años, pensó que moriría en la iglesia bautista de Su...
Farida Brown, de 73 años, pensó que moriría en la iglesia bautista de Sutherland Springs.

Cuando en agosto las aguas torrenciales del huracán Harvey inundaron Texas, Farida Brown tuvo que ser rescatada. Tres meses después, antes de que su vivienda haya sido reparada, Brown se ha convertido en sobreviviente de otra tragedia: el tiroteo en Sutherland Springs, la peor masacre en la historia moderna del estado.

Brown, de 73 años, estaba sentada en uno de los últimos bancos de la iglesia bautista de Sutherland Springs el domingo cuando los disparos empezaron a entrar a través de las ventanas. Recibió cuatro balazos en su piernas, contó su hija Carol Brown en entrevista con Univision 41.

Creyó que moriría, pero en ese momento vió a un hombre que distrajo al atacante, identificado por las autoridades como Devin Patrick Kelley.

El asesino estaba yendo fila por fila, buscando acabar con los feligreses que siguieran con vida, le relató Brown a su hijo David, según el Washington Post. Llevaba un rifle semiautomático Ruder AR-556, detallarían luego las autoridades.

“Fui la última en sobrevivir”, le repite ahora Brown a sus hijos.

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Stephen Willeford, un residente que vive cerca de la iglesia, disparó a Kelley y lo siguió cuando huyó con la ayuda de Johnnie Langendorff, quien pasaba con su vehículo por la iglesia. La persecución en auto terminó cuando el atacante se descarriló. Lo hallaron muerto con una lesión que parece autoinflingida en la cabeza, de acuerdo con Freeman Martin, vocero del departamento de Seguridad Pública de Texas.

Brown tenía una década acudiendo a la iglesia bautista, le dijo David al Washington Post.

Tras ser dada de alta el martes, rutinas tan sencillas como comer en la mesa del comedor familiar le recuerdan a Brown a los que ya no están. El viento le suena a balas.

“Yo estoy aquí comiendo mientras mis amigos nunca lo podrán hacer”, afirma Carol que le dice.

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Brown sigue conservando su fe, pero ya no se siente segura en un templo.

“No puedo creer que mi madre diga que nunca entrará a otra iglesia de nuevo”, relató Carol.

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