La economía del país se encuentra en un momento clave. Las decisiones
que se están tomando tendrán un impacto importante en nuestro bienestar
económico y político durante muchos años. Sabemos que el sector
financiero está en crisis. Sabemos que un mal paso ahora puede tener
consecuencias graves para la economía.
Entonces, ¿qué se debe hacer? ¿Tiene sentido el plan de rescate
propuesto por el secretario del Tesoro? ¿Qué dice esto de nuestro
sistema y del capitalismo? Son preguntas muy profundas.
Los bancos y la gran mayoría de las empresas grandes en el mundo operan con dinero prestado. No es tan diferente de los consumidores. Uno recibe su sueldo cada dos semanas o una vez al mes. Mientras tanto, usa tarjetas de crédito para comprar la comida, ropa y manejar los gastos cotidianos.
En el caso de los bancos, usan sus activos como respaldo para
el dinero que toman prestado. Lo que ocurre actualmente es que una gran
parte de esos activos consisten en hipotecas de alto riesgo o
inversiones cuyo valor se deriva de estas hipotecas. Dada la crisis –y
otras razones técnicas– no se sabe realmente cuál es el valor de estas
hipotecas e inversiones.
Sin poder asignar con confianza un
valor a estos activos, no sirven como respaldo y nadie les quiere
prestar dinero a los bancos. Es como si mañana –de repente– alguien
congela tus cuentas. Claro que vas a recibir tu cheque el 30 del mes,
pero ¿qué haces mientras tanto?
Otro problema que tienen los
bancos es que para ciertos préstamos que ya fueron otorgados usando
estas hipotecas e inversiones como respaldo, los prestamistas están
tocándoles a la puerta diciendo que ese respaldo ya no sirve y tienen
que conseguir otro. ¿De dónde?
Así funciona el plan
El propósito del plan de rescate
es reestablecer la confianza en el sector financiero. La idea es que el
gobierno va a comprarles estos activos a los bancos, pagando con bonos
del gobierno federal. El precio que pagarán se determinará por un
proceso de subasta.
Al vender estas inversiones por bonos del
gobierno –aunque sea solo por una fracción del valor original– los
bancos están eliminando algo con un valor desconocido por algo cuyo
valor se conoce bien. Los bonos se pueden usar como respaldo, y pueden
seguir tomando dinero prestado y operando normalmente.
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