CIUDAD DE MÉXICO – En el fondo, Brenda es una adolescente cualquiera. Le gusta bailar y salir con sus amigos, sólo que sus cabellos cubren la mitad de su rostro y en su cuerpo lleva más de 50 cicatrices que ella misma se propinó, para expresar su sufrimiento.
Tiene 17 años, pero desde hace cinco se considera "emo", un movimiento juvenil que tomó su nombre de la palabra emotional, y en los últimos días ha cobrado relevancia en México, a partir de una ola de violencia generada en su contra, alertando a las autoridades, organismos sociales y padres de familia en general.
Los especialistas los definen como un grupo de jóvenes depresivos
con tendencias suicidas. La mayoría de ellos ronda entre los 12 y 18
años.
En la ciudad de Querétaro y en la propia capital del país,
los "emos" han protagonizado enfrentamientos con otros movimientos de
adolescentes, como los "darks", los "punks" y los "góticos", quienes los
señalan de homosexuales. Además, los acusan de haberles copiado su estilo de vestir e ideología,
descargándoles severas golpizas.
En internet circulan
convocatorias para agredirlos en diferentes plazas de los estados de
Aguascalientes, Baja California, Jalisco y Yucatán, sin que nadie
entienda a bien las razones de la discordia.
"Somos pacíficos,
sólo buscamos ser nosotros mismos", explica Brenda, mientras se acomoda
los estoperoles del cinturón que ajusta un pantalón ceñido hasta los
tobillos, marcados por sus tenis Converse ya
desgastados y mugrientos. Según ella, el blanco, el morado y el negro
son los colores que distinguen a los emos de las otras "tribus urbanas".
Unas
pulseras esconden las cicatrices de sus muñecas y con sus flecos cubre
los ojos delineados con maquillaje. Su aspecto es el de una frágil
niña. Apenas alcanza los cinco pies de estatura y no ha de pesar ni 100
libras.
En su mundo todo está lleno de simbolismos. Las
perforaciones sobre su ceja significan "amor" y el negro de sus ropas,
"sabiduría". Pero la principal característica de los "emos" gravita en la
depresión y escuchar música "emocional", reconocen los estudiosos de
los movimientos adolescentes en México.
Brenda además es
lesbiana. Esta tarde se quedó de ver con su novia a las afueras del
Metro Insurgentes, uno de los principales puntos de encuentro de este
movimiento urbano en la capital, pero la acaban de dejar plantada. Su
enamorada prefirió irse de vacaciones a Cuernavaca.
"Cuando la
conocí, dejé de estar deprimida y decidí renunciar a ser 'emo', a pesar
de que mis amigos amenazaron con golpearme si los abandonaba",
recuerda. Ahora se anda con cuidado entre las calles, pues enfrenta dos
amenazas: las de sus rivales y las de sus propios camaradas, aún cuando
todavía se viste y actúa como ellos.