publicidad

A ti, ‘viejo, mi querido viejo’

A ti, ‘viejo, mi querido viejo’

Cuando naciste, su cara lucia rígida, como una piedra. Se encontraba al lado de mamá, dándole apoyo para ese día que fue tan especial.

¡Gracias papá!

Cuando naciste, su cara lucia rígida, como una piedra. Se encontraba al lado de mamá, dándole apoyo para ese día que fue tan especial.

Trataba de mostrarse fuerte y sin problemas. Como diciendo, “todo está bajo control, y aquí nada malo puede pasar”.

Esa mirada profunda y de aliento, sin duda le daba la tranquilidad que tu madre necesitaba en ese momento, cuando se la comían los nervios.

Sin embargo, por dentro papá estaba tan asustado y lleno de inseguridad. Pero no lo podía demostrar. Él sabía que en sus hombros se apoyaban todas las expectativas de este nuevo miembro de la familia, y así se mantuvo, sin derramar una gota de sudor.

Luego llegaste al mundo. Vio tu piel rosada, sano y lleno de vida, y él por fin pudo respirar… pero sólo por un momento, pues supo en ese instante, que aún le faltaría un largo camino por recorrer contigo.

Y no era para menos. La mente de papá fue bombardeada con un sinfín de preocupaciones: “Necesitamos un coche más amplio”. “Debo hacer espacio en la casa o tendremos que mudarnos”. “Que no le falte comida”. “¿A dónde lo enviare a la escuela?”, entre muchas más.

Lo que tal vez no sabes es que muchas de estas incógnitas las respondió con, “No importa, trabajaré más o conseguiré un segundo empleo para poder sacarlos adelante”.

Así es, mientras caía más peso en sus hombros, él mismo no se daba por vencido, aceptaba el reto y lo enfrentaba con dignidad.

publicidad

En el trabajo aguantó humillaciones, gritos e injusticias, siempre con la mente fija en un objetivo: tu bienestar.

Después de un día arduo, largo y que parecía interminable llegó a casa. Ahí se encontró con que tú te habías portado mal y, según mamá, debía ponerte un castigo.

Sin embargo, él lo único que quería era verte y abrazarte. Esto fue lo que le permitió continuar con sus labores. Pero aún cuando se encontraba sumamente cansado, en lugar de una reprenderte, se tomó el tiempo de sentarse contigo y explicarte por qué tus acciones eran incorrectas.

Así como ese momento, te fue llevando de la mano hasta que creciste. Hasta que tú mismo reclamaste libertad. Era hora de caminar solo.

Saliste del hogar que él construyó para ti, pensando que ya no lo necesitabas. Querías ‘comerte’ el mundo entero y sentías que las reglas y la disciplina sólo te detendrían.

Luego enfrentaste la realidad. El mundo no era lo que pensabas, y recordaste los consejos de tu padre. En ese instante regresaste. Estabas seguro que aunque ya podías 'volar', aún necesitabas más instrucciones del ‘viejo’.

Pasaron los años y ahora te tocó el turno a ti de ser padre.

Al estar en la sala de maternidad del hospital, enseguida de tu esposa, tratando de contener los nervios, haciéndote el fuerte, te llegó la imagen de tu padre. Esa imagen de aquel gigante que en todas tus caídas, en todos tus desplantes, en todos tus triunfos y fracasos te llevo de la mano.

publicidad

En ese momento, lo entendiste. Entendiste la magnitud del amor de padre, su inteligencia, su fuerza, su cariño.

De alguna forma, aquel hombre que veías fuerte, alto, inalcanzable, ahora lo percibes un tanto encorvado, con la piel castigada por los años, pero con la misma mirada profunda y de fuerza, igual que el día en que tu naciste. Ahora lo comprendes.

Por esto y mucho más, “gracias, viejo… Mi querido viejo”.

publicidad
publicidad
Escuchar de manera activa y sin interrumpir, para entender lo que nos quieren decir. Mantener el contacto a los ojos permite un mejor entendimiento y da la señal de que estamos poniendo total atención.
En un minuto también te informamos que la administración de Donald Trump amplió la lista de personas que son prioridad de deportación y que San Francisco figura entre las cinco ciudades donde hay más congestión de tránsito en Estados Unidos.
En un minuto también te informamos sobre la protesta que realizaron varias personas mayores por la apertura de una tienda `Target´ en un sector de la ciudad.
La mujer fue identificada como Ivette Susana Chávez, de 40 años, y su esposo Oliver Acosta, de 34.
publicidad