Cuando mexicanos y estadounidenses usaban el muro para jugar al voleibol

Los pobladores de Naco (Sonora, en México) y Naco (Arizona, en Estados Unidos) jugaron partidos donde el balón iba de un lado al otro de los territorios fronterizos durante 28 años, desde 1979 hasta 2007. Cuando la reja cambió por una barricada alta e impenetrable ya ni siquiera el voleibol pudo unir a los dos pueblos hermanos.

El equipo que perdía 3 de 5 partidos debía organizar una fiesta en su lado del muro. Se dice que EEUU tuvo que organizar muchas. Archivo particular de Sixto de la Peña, cronista de Naco, Sonora (México).


¿Qué se puede hacer con una cerca que separa a dos pueblos hermanos de México y Estados Unidos? Usarla como malla para jugar partidos de voleibol con equipos de un lado y del otro, por supuesto.

Desde 1979, fueron emblemáticos los partidos de voleibol que se jugaron entre los pobladores de Naco, Sonora, en México y Naco, Arizona, en Estados Unidos. Partidos que, ante la mirada indemne de los guardianes que vigilaban ese pedazo de tierra, usaban de red el alambrado de púas que desde 1960, les habían impuesto como límite.

“En la frontera no se vivía con tensión. De hecho, estos partidos los jugábamos representantes de las autoridades municipales de un pueblo y del otro”, cuenta con gracia Sixto de la Peña, un reconocido poblador de la zona que después de desempeñarse en muchos cargos públicos ahora, a sus 70 años, prefiere que lo llamen simplemente “el cronista del pueblo”.

Los primeros partidos de voleibol en la frontera empezaron en 1979 cuando los pobladores de lo único que tenían que preocuparse era de que las púas del cercado no pincharan el balón. Archivo particular

Con los juegos de voleibol y la reja solo había dos problemas: “El primero, es que se nos pinchaban los balones por las púas, así que aprendimos a jugar una especie de “agarrabola” con los balones desinflados, aunque luego decidimos simplemente cubrir el alambrado con hule”, cuenta Sixto.

“El segundo problema era que el que perdía tres de cinco partidos tenía que hacer una fiesta en homenaje al otro pueblo, pero como estaba la reja lo solucionamos abriéndole un hueco con unos alicates para que así nosotros, los del lado mexicano que siempre ganábamos, pudiéramos ir a la fiesta que nos hacían los del lado americano”.

“En la frontera no se vivía con tensión. De hecho, estos partidos los jugábamos representantes de las autoridades municipales de un pueblo y del otro”

“El juego era efectivamente el gran evento que juntaba a los dos pueblos, -que alguna vez fueron uno solo-, en las celebraciones de las fiesta binacionales”, cuenta por su parte María Elena Bohórquez, directora del Museo Sitio de Naco, quien sin embargo recuerda cómo aquella tradición empezó a cambiar conforme fueron arreciando los conflictos migratorios y con ellos las formas que fue adoptando aquel enclenque cercado.

Durante años, en esta árida población de Naco había existido una reja que separaba a los del norte y los del sur, pero a la división que parecía más simbólica que política le fueron abriendo un gran hueco que se conocía coloquialmente como ‘El hoyo’ por donde pasaba la gente un poco a rastras a comprar comida de un lado y otro. “Incluso por ahí, por ‘El Hoyo’ regresábamos de las fiestas del voleibol cuando ya se nos hacía tarde y la aduana ya había cerrado con cerrojo las puertas”, añade el cronista.

Moviendo la cancha

En 1994, el gobierno de Estados Unidos al mando de Bill Clinton lanzó La Operación Gatekeeper, un acto con el que se intentó fortalecer los controles en la frontera de Estados Unidos con México con estrategias como poner más agentes de control, que estuviera en posiciones más visibles y que contaran con un manual de acción más claro frente a los que fueran pillados pasando ilegalmente la frontera. Vino además un fortalecimientos de las barreras que ya delimitaban muchas zonas.

“A finales de los 90 empezaron a reemplazar el enrejado de la frontera por unas vigas enormes y metálicas que estaban soldadas entre ellas. Mientras nos iban poniendo esas vigas, los juegos de voleibol y los festejos de los pueblos nos tocó empezar a correrlos a los lugares en donde aún el enrejado dejaba pasar un balón”, recuerda Bohórquez.

Antes de 1960, lo único que dividía al pueblo de Naco en dos fornteras, la de Estados Unidos y México, eran unos palos que a penas delimitaban el territorio. Luego fue contruída una reja que a finales de los 90 fue cambiada por una barricada metálica. Google Maps

“Esas columnas metálicas eran viejas plataformas que se usaron para el aterrizaje de aviones durante la Guerra del Golfo Pérsico que luego terminaron siendo recicladas en la frontera con México para convertirse en una barrera que cambió radicalmente el paisaje y que afectó drásticamente no solo nuestras rutinas sino también el medio ambiente, cuenta por su parte Sixto de la Peña.

Conforme las gigantes vigas iban sellando 306 de las 362 millas que comparten en este punto el territorio estadounidense y el mexicano, los pobladores de los Nacos del norte y del sur iban moviendo sus juegos de pelota incluso a lugares recónditos.

El balón era el único que podía seguir pasando indemne de un territorio al otro, el balón seguía siendo una señal de camaradería y de hermandad entre los pueblos, pero al atravesar en plena libertad un lado y otro se convertía en metáfora de lo que los pobladores de esta región ya no podían hacer. Ya no hubo festejos con los del lado estadounidenses porque solo con un pasaporte se podía pasar.

El último partido


Fotografía del juego de voleibol que se realizó en 2007 entre los pobladores de Naco, México y Naco, Estados Unidos, que fue cubierto por varias medios y agencias Reuters

Los medios y las cadenas internacionales registraron con mucho interés el último de los juegos que se llevaría a cabo en esta zona de la frontera. En 2007, demarcado el campo de juego con una tiza rosada, sobre un terreno anaranjado y polvoriento, como es toda la tierra de esa zona, los pobladores de Naco, Sonora y Naco, Arizona se dieron su cita anual de abril y jugaron a no dejar caer el balón.

Esto era lo que pasaba cuando se acababan los partidos de voelibol: los habitantes de los dos pueblos, ganara el que ganara, se abrazaban como si fueran un solo Naco. Rauters

“Recientemente muchos llaman a preguntar por los juegos de voleibol, pero ya no se hacen, todos recuerdan ese último juego de 2007, pero ya no se practican”, dice detrás de una bocina entrecortada Daniel Eduardo Rodríguez el encargado de los temas deportivos en el ayuntamiento de Naco, Sonora.

Sixto confirma que hoy ya nadie juega ni se divierte con el balón como lo hacían en su época. Pero hoy, aún Sixto a pesar de la contundencia de la barricada se junta con sus amigos del otro pueblo a conversar y a recordar los días en los que lo que más les preocupaba era que la reja les pichara el balón.

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