Nuestro último año juntos: lo que mi cámara capturó antes de que mis padres murieran de cáncer

Nancy Borowick documentó los últimos momentos de la vida de sus padres, quienes fallecieron de esta enfermedad con apenas meses de diferencia. La fotógrafa, que ha hecho historias para el New York Times, Washington Post y CNN, convirtió su historia familiar en un libro que deja constancia sobre cómo el amor, el humor y el optimismo sobrepasan cualquier mal pronóstico.

Papá llamó a estas "sillas de él y de ella". Se sentaba al lado de mamá, su pareja y su esposa de 34 años, mientras recibían sus tratamientos semanales de quimioterapia. Howie, mi padre, acababa de ser diagnosticado con cáncer de páncreas, y Laurel, mi madre, estaba en tratamiento para el cáncer de mama por tercera vez. Para él esto era nuevo y desconocido. Para ella era una rutina, otra cita en su calendario. Nancy Borowick


Hay toda una gama de sentimientos que brotan cuando te enteras de malas noticias. En mi caso, las rodillas se me bloquean, el corazón se acelera y los vellos de mis brazos cosquillean. De cualquier forma, en ese momento lo que sentí fue mucho peor.

Cuando mi padre nos informó a mi marido y a mí, que vendría a Manhattan junto a mamá, me emocioné y, de inmediato, hice un plan para cenar a las 8:00 de la noche en el Café Orlin, mi restaurante favorito. Tan pronto como nos sentamos, supe que algo estaba muy mal.

No importa cuántas veces su cáncer regresó, mamá encontró una manera de vivir su vida y no tomarlo demasiado en serio. Nancy Borowick

Mi mamá había sido sometida a distintos tratamientos para su cáncer de seno durante 15 años y había manejado la enfermedad como si no fuera un gran problema, aunque ya estaba en sus cincuentas. ¿Nos iban a decir que todo estaba peor y que se estaba muriendo? No, esta vez fue mi papá. Tenía cáncer de páncreas de estadio 4. Mi mundo de 28 años tembló. Sabíamos lo que esto significaba.

Papá comienza una danza frenética para tratar de sacar una sonrisa a mamá en la cocina. A menudo recurrían al humor para aligerar el pesado estado de ánimo que había en casa. Nancy Borowick

Como fotoperiodista hice lo único que sabía: agarré mi cámara y documenté los tratamientos de cáncer de mis padres durante los siguientes 24 meses, mientras nuestras vidas continuaban. La cámara me acompañó a las sesiones de quimioterapia de siete horas y a las diligencias que hice junto a mamá.

Una tarde papá cortó el cabello de mamá, aunque sabía que comenzaría a caerse por sí solo en las próximas semanas como un efecto secundario de la quimioterapia. Mamá jugaba con el cabello recién cortado a que tenía unas cejas pobladas. Nancy Borowick


Cuando reflexiono sobre el tiempo que pasé documentando estos complicados meses, no recuerdo haberme sentido asustada de inmediato. Lo que sí recuerdo son las risas como para "hacerte pis encima", las comidas altas en calorías (tal y como lo recetó el médico, por supuesto), las fiestas nocturnas en la cocina y las interminables conversaciones acerca de un plato de Chappaqua asada de la tienda de Susan Lawrence, o del pastel de arándanos de la panadería de Bea.

Papá y mamá se abrazan en el dormitorio de su casa. Jamas hubieran imaginado que ambos estarían en tratamiento para el cáncer al mismo tiempo. Juntos, enfrentaron las luchas cotidianas de la enfermedad en sus propias vidas mientras se cuidaban el uno al otro. Nancy Borowick


Todo el mundo enfrenta sus temores a su manera, especialmente el miedo a la muerte. Mi familia se apoyó en el humor para transitar ese difícil momento.

Aunque la enfermedad golpeó dos veces la casa de los Borowicks, lograron encontrar fuerza y valor a través del humor.
Nancy Borowick

Recuerdo que una noche estaba sentada en el piso del baño cuando papá empezó a cortar el pelo de mamá, que se había convertido en dreadlocks firmemente anudados contra su cuero cabelludo. La quimioterapia había detenido el crecimiento, pero ella no estaba lista para separarse del pelo por tercera vez, como ocurrió con cada diagnóstico de cáncer anterior.
En ese momento, maldije al universo, pidiéndole que le diera a mi mamá descanso al menos una vez. De pronto, ella saltó delante de mí y de mi lente, y colocó parte del cabello recién cortado sobre sus ojos, como si fueran cejas. De allí siguió un desfile de moda y todos (hasta el perro) 'lucimos' su cabello. Que ella tuviera la claridad y la capacidad de encontrar alegría en este momento habla de la tremenda mujer que era.


Al confrontar lo que más temía, usando mi cámara como escudo, pude traspasar el trauma y disfrutar verdaderamente del tiempo que nos quedaba juntos. Si me hubiera escondido de la realidad no tendría la hermosa foto de mis padres con sus manos tomadas en las sillas de quimioterapia mientras recibían sus tratamientos. Eran la definición de fuerza y coraje y ver estas imágenes me refuerza la importancia de no dejar que el miedo me detenga. También me recuerda que debo apreciar cada día y no perder la perspectiva. Como mamá me dijo una vez: "También la vida transcurre aquí, estoy comiendo malvaviscos, ¿sabes?".

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Howie y Laurel Borowick asistieron a la boda de su hija, la fotógrafa Nancy Borowick, en 2013. Howie gritó el último 'hurra' de la familia ese día. Matthew Borowick
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No importa cuántas veces su cáncer regresó, mamá encontró una manera de vivir su vida y no tomarlo demasiado en serio. Nancy Borowick
Papá comienza una danza frenética para tratar de sacar una sonrisa a mamá en la cocina. A menudo recurrían al humor para aligerar el pesado estado de ánimo que había en casa. Nancy Borowick
Una tarde papá cortó el cabello de mamá, aunque sabía que comenzaría a caerse por sí solo en las próximas semanas como un efecto secundario de la quimioterapia. Mamá jugaba con el cabello recién co... Nancy Borowick
Papá y mamá se abrazan en el dormitorio de su casa. Jamás hubieran imaginado que ambos estarían en tratamiento para el cáncer al mismo tiempo. Juntos, enfrentaron las luchas cotidianas de la enferm... Nancy Borowick
Aunque la enfermedad golpeó dos veces la casa de los Borowicks, lograron encontrar fuerza y valor a través del humor. Nancy Borowick
Howie y Laurel Borowick asistieron a la boda de su hija, la fotografa Nancy Borowick, en 2013. Howie gritó el último 'hurra' de la familia ese día.
Matthew Borowick

¿Fue espantoso? Por supuesto. Cuando murió Howie, mi padre, en 2013, él tenía 58 años . Mi madre, Laurel, falleció un día antes del aniversario de la muerte de mi padre, con 59 años. Lo más notable fue cómo esos últimos meses se llenaron de amor y vida.

A pesar de que mis padres se han ido, mis hermanos y yo seguimos sintiendo su amor y guía cuando revisamos décadas de cartas y notas. En una pequeña pila de ‘post-its’ nuestra madre nos habla de la importancia de inclinarse hacia el miedo y tomar riesgos: "El valor no es la ausencia de miedo, es saber que tienes miedo y hacerlo de todos modos. No pases los días evitando el riesgo, siendo temeroso. Actúa. Vive la vida en tus propios términos. La vida es preciosa; vívela sin arrepentimientos en tu propia y hermosa voz. Para mis tres ángeles: si quieren hablar o sentir mi amor miren hacia el cielo nocturno, siempre los estaré cuidando".


Este artículo fue publicado originalmente en NPR.