Juan Manuel Santos, el jugador de póquer que ganó el Nobel tras perder un proceso de paz

El presidente de Colombia recibe este sábado el premio Nobel de la Paz. El periodista Simón Posada hace un repaso a la trayectoria de un presidente que, como buen jugador de póquer, sabe salirse con la suya.

Juan Manuel Santos dedica el Nobel a todos los colombianos, en especial a las víctimas © 2015 Univision Communications Inc.

Sus ojos parecen los de un lince –delineados, espigados– y son el rasgo que más lo define. Por eso, todos los caricaturistas de los periódicos de Colombia se concentran en sus ojos para retratarlo. Para quienes lo conocen en la política y la vida privada, lo que caracteriza al presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, es la sagacidad y el equilibrismo. No es exagerado decir, entonces, que además de tener ojos de lince se mueve como uno.

Mauricio Rodríguez, su cuñado, le dio a la revista Bocas una gran definición en 2014: “Santos es un eficaz líder político, mezcla de muchas sangres: temperamento británico, malicia indígena, pragmatismo gringo, dignidad boyacense y, además, coraje santandereano para hacerles la guerra a los que no quieren la paz”.

La llamada con la que el presidente Santos se enteró de su Premio Nobel de la Paz © 2015 Univision Communications Inc.

Si no es un equilibrista, ¿de qué otra forma podría llamársele al hombre que se hizo elegir presidente de Colombia gracias a la ayuda de Álvaro Uribe, su opositor más grande hoy? Santos es el hombre que pasó de ser en 2008 un “francotirador”, según Hugo Chávez, a su “nuevo mejor amigo”, en 2010; el hombre que Ecuador quiso poner preso en 2009, con una orden de captura que envió a Interpol, y que cinco años después se ha reunido en varias ocasiones, y en muy buenos términos, con el presidente Rafael Correa; el hombre que después de ser ministro de Defensa y dar los golpes más duros a las FARC durante su gestión, gana el premio Nobel de la Paz después de perder en las urnas en su apuesta por un proceso de paz con ese grupo guerrillero; el hombre que, después de su derrota en el plebiscito, pidió renegociar el acuerdo que finalmente fue ratificado por el Congreso colombiano.


Contradictoria. Así se podría ver de manera superficial la vida del presidente Santos. Pero, ¿de qué otra forma podría ser el presidente de un país que, después de más de 50 años de guerra, le dijo "No"a la paz en las urnas?

En la mañana del viernes 7 de octubre, el presidente Santos recibió antes de las 4:00 a.m. una llamada de su hijo Martín, que se enteró gracias a un amigo de que su papá se había ganado el Nobel de la paz. Este sábado, Santos recibirá el premio en sus manos, en las que tiene unas cicatrices de quemaduras por un peligroso juego infantil: intentó hacer un cohete con pólvora, gasolina y un frasco metálico de galletas. Estuvo tres meses en el hospital.

Al nuevo Premio Nobel le gustaban los explosivos e, incluso, recuerda con cariño el revólver máuser que usó en los dos años en que estuvo en la Armada de Colombia, donde terminó la secundaria. Por eso, no es nada raro que haya sido ministro de Defensa y que bajo su gestión se haya orquestado un bombardeo en Ecuador sin permiso de ese gobierno y, además, haya usado el logo de la Cruz Roja – también sin su permiso– para engañar a las FARC en la cinematográfica Operación Jaque, en la que liberó a Ingrid Betancourt y a tres ciudadanos estadounidenses.

De niño, Juan Manuel Santos era tartamudo –él mismo ha reconocido que lo fue casi como Jorge VI de Inglaterra–. Buen estudiante, aunque un poco rebelde: sus papás lo sacaron del colegio Nueva Granada de Bogotá, una escuela bilingüe, por hablarle en inglés a su mamá después de recibir un regaño.

Nació en una de las familias más ricas de Colombia, fundadoras del periódico El Tiempo, del que fue subdirector. Tras la venta del periódico al Grupo Editorial Planeta, Santos recibió varios millones de dólares, con los que pretendió, en un momento, comprarle varias obras de arte al hijo del pintor colombiano Fernando Botero.

Sin embargo, como el sagaz negociante que es, consultó con un amigo suyo que trabajaba en la casa de subastas Christie’s y declinó la oferta: “Le ruego entienda que es lo que le quiero dejar a mis hijos pero los precios que me dio están bastante por encima. No hard feelings (Sin rencor)”, le respondió al hijo del pintor, en un email que se conoció por un filtración en su sistema de seguridad informática.

Con esos antecedentes, suena descabellado que la oposición a su gobierno lo tache de ser “castrochavista” y de querer entregarle el país a las FARC. Santos podría estar disfrutando hoy de su jubilación y de su herencia. Sin embargo, hoy está en su segundo periodo presidencial, por un salario de cerca de siete mil dólares al mes, con una popularidad por el suelo entre los colombianos.


Como un gran jugador de póquer, Juan Manuel Santos sabe salirse con la suya. El dinero con el que iba a comprar las pinturas de Fernando Botero lo invirtió en finca raíz. Este año, el artista le envió una escultura al Palacio de Nariño: mide 70 centímetros de alto y tiene un metro de base. Es una paloma blanca con el pico dorado. El pasado 2 de octubre, el plebiscito en el que se jugaba el Proceso de Paz con las FARC perdió en las urnas, pero el siguió firme en su apuesta. Hoy, el Nobel de la Paz le demuestra a la oposición y al mundo que en su lucha por la paz, el presidente Santos estaba en lo cierto.