Cómo un abrazo en la frontera entre México y Estados Unidos se convirtió en una ceremonia anual que celebra la amistad

“Este fin de semana, las ciudades hermanas de Del Rio, Texas, y Acuña, México, celebrarán la asociación histórica entre ciudadanos de Estados Unidos y México durante la Fiesta de la Amistad”.

El presidente Richard Nixon y el presidente de México Gustavo Díaz Ordaz se reúnen en Del Rio para celebrar la terminación de la presa Amistad, en septiembre de 1969. National Archives

Como muchas comunidades fronterizas, Del Rio, Texas, y Ciudad Acuña, México, no son dos ciudades separadas sino una comunidad dividida por una frontera internacional. Este fin de semana, las ciudades hermanas de Del Rio y Acuña celebrarán la asociación histórica entre ciudadanos de Estados Unidos y México durante la Fiesta de la Amistad que se celebra cada año.

Para mí, lo más destacado del fin de semana es la Ceremonia del Abrazo, en la cual dignitarios de Estados Unidos y México se reúnen junto al puente fronterizo entre los dos países para un abrazo. El abrazo literal entre los representantes de ambos lados de la frontera es simbólico y representativo de la larga relación bilateral entre nuestras naciones. Este será el tercer año consecutivo en el que habré participado en el abrazo y el origen y significado de esta tradición anual es hoy más importante que nunca.

Después de que una inundación arrasó a Del Rio y las áreas aledañas en la mitad de los años cincuentas, el presidente Eisenhower trabajó con sus colegas mexicanos para desarrollar un plan de alivio de inundaciones para esta área del Rio Bravo, también conocido como Río Grande. En 1960, el presidente estadounidense Eisenhower y el presidente mexicano Adolfo López Mateos firmaron un tratado para la construcción de la Presa Amistad. Luego de firmar el documento, ambos presidentes se abrazaron, dando origen a lo que hoy se reconoce como la primera Ceremonia del Abrazo.

Poco antes de que la construcción de la Presa Amistad se iniciara, los dos presidentes se reunieron en Camp David para discutir el proyecto. En ese tiempo, la presa se llamaría Presa del Diablo, pero Eisenhower pensó que el nombre era muy ominoso para una presa. A sugerencia del presidente López Mateos, el nombre cambió a Amistad.

Después de nueve años de construcción, el entonces presidente estadounidense Richard Nixon y el presidente mexicano Gustavo Díaz Ordaz se reunieron en Del Rio para celebrar la finalización del proyecto. Durante sus discursos, ambos líderes enfatizaron la importancia de ambas naciones soberanas, cada cual con su propia cultura y retos distintos, trabajando juntas no solo para domar a la Madre Naturaleza, sino también para construir un monumento tangible para honrar la asociación de ambas naciones. Según dijo el Presidente Díaz Ordaz: “Ésta presa no es sólo para contener las aguas del Rio Bravo, o para mostrar que se puede contener a la naturaleza, sino que es también un puente, un puente más, construido entre ambos pueblos”.

Ceremonia de la amistad en la frontera entre Del Rio, Texas, y Ciudad Acuña, México. Photo courtesy of Office of U.S. Rep Will Hurd (TX-23)

El mensaje que nos transmitieron en su momento Eisenhower y López Mateos durante la Ceremonia del Abrazo original hace 57 años es hoy más relevante que nunca. En Washington, D.C., y a lo largo de Estados Unidos, la renegociación del TLCAN, la seguridad fronteriza y la migración están entre las principales preocupaciones de los estadounidenses. Mientras buscamos enfrentar estos retos con soluciones prácticas y eficaces, debemos recordar que México es nuestro amigo, no nuestro enemigo.

Hoy, la amistad entre Estados Unidos y México toma muchas formas. Las dos naciones trabajan juntas para mantener grandes proyectos de infraestructura como la Presa Amistad, y desde que se firmó el TLCAN nuestro comercio e inversiones recíprocas han aumentado drásticamente. De hecho, México es el socio comercial número uno no sólo para Texas, sino para otros 37 Estados de la Unión Americana.

Mi deseo es que en vez de referirse a nuestra frontera sur como una línea divisiva, la veamos nuevamente como un punto de reunión entre dos culturas orgullosas y naciones aliadas. Es mucho más lo que nos une que lo que nos divide.

Deseo unirme pronto a mis colegas estadounidenses y a los habitantes de Del Rio cuando el viernes abracemos a nuestros homólogos mexicanos de Ciudad Acuña. Aunque no siempre veamos las cosas iguales, si practicamos el respeto mutuo y buscamos bases comunes no hay reto que no podamos vencer. Y para mí, ese es el verdadero significado de la amistad.

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