Los programas de guarderías y jardines infantiles están sobrepoblados en EEUU

Este problema es especialmente marcado en zonas de pobreza. La solución sería invertir fuertemente en infraestructura para estos programas.

Niños pintando en una guardería en Washington DC. GettyImages

En abril, Creative Learning Preschool, en el corazón del centro histórico de Madison, Wisconsin, lanzó una ambiciosa campaña: conseguir medio millón de dólares para comprar el edificio que ellos habían ocupado por 19 años. Mientras la renta sigue subiendo en Madison, tanto Creative Learning, como otras guarderías públicas, han luchado por permanecer. Encima, la otra opción sin fines de lucro con que cuentan los padres de esa localidad, Red Caboose, anunció una mudanza en septiembre al lado este de la ciudad.

Si Creative Learning fuera expulsada de ese edificio, “no quedaría ya en la zona a quién encomendar sus hijos, y los padres tendrían que, para hacer que los cuidaran, viajar mucho diariamente”, dijo a WISC-TV Madison, Mary Flanner, directora ejecutiva de Creative Learning.

Por medio de donaciones locales, esta guardería alcanzó sus propósitos de financiamiento a fines de septiembre y cerró la compra del edificio. El problema ahora es que la escuela puede recibir solo a 150 niños, según reporta WISC-TV, generándose siempre una lista de espera.

Especialmente carente de guarderías, el centro de Madison fue definido, en un nuevo informe del Center for American Progress (CAP, por sus siglas en inglés), como una zona postal donde el número de chicos es, como mínimo, tres veces mayor que el espacio disponible en los centros de cuidado (tomando en cuenta zonas con al menos 30 niños menores de 5 años). Debido a restricciones en la disponibilidad de datos, el informe solo analiza cerca de 7,000 áreas postales en 8 estados: Colorado, Georgia, Illinois, Maryland, Minnesota, North Carolina, Ohio, y Virginia (véalo aquí). Sin embargo, el estudio hace notar que las tendencias observadas en estos estados son representativas a nivel de país, donde cerca de la mitad de las zonas postales acusan el mismo problema del centro de Madison.

Rasheed Malik, autor del informe, sostiene que el acceso a las guarderías es a menudo expresado en términos financieros: fijado en 18,000 dólares al año, el costo promedio del cuidado asciende a un 29% del ingreso medio de un hogar. Si bien los altos costos disuaden a muchas familias de solicitar el servicio a estos centros, las limitaciones de espacio –como las del centro de Madison– también coartan el acceso, indica Malik. En muchas áreas, añade, incluso personas que son capaces de pagar pueden tardar algún tiempo en encontrar un lugar al que llevar a sus niños.

Con un 65% de los menores de 5 años viviendo con padres que trabajan –y un 42% de esas familias residiendo en zonas desérticas en materia de guarderías–, los autores reclaman un mayor acercamiento político al problema.

El informe del CAP desglosó las zonas postales siguiendo sus índices de pobreza, densidad, y composición demográfica. Cerca de un 55% de los niños en las áreas rurales viven en ‘desiertos’ en materia de guarderías. Mientras tanto, en el caso de los niños urbanos, la estadística refleja un 49%. Malik señala que los barrios urbanos con las mayores poblaciones de jóvenes son los menos favorecidos por este tipo de centros. Estos vecindarios son también, a menudo, áreas de pobreza moderada, como el centro de Madison, donde de un 10% a un 20% de las familias vive por debajo del umbral de la pobreza. Por su parte, las áreas consideradas muy pobres, refiere Malik, son las menos proclives al desamparo en términos de cuidado infantil.

Si bien esto puede parecer ilógico, Katie Hamm, coautora del informe, relaciona lo anterior con la existencia, allí en las áreas de mayor pobreza, de programas financiados federalmente, como son los casos de Head Start y Early Head Start, los cuales están orientados hacia las comunidades más necesitadas. “La plática en torno a Head Start pasa usualmente por la pregunta: ¿Realmente funciona?”, indica Hamm. “Pero este estudio pone el acento en la pregunta de si los niños, en estas áreas de extrema pobreza, tendrían siquiera algo si no fuera por Head Start”.

En cambio, Malik añade que estos programas federales están subfinanciados y sobrepoblados. En 2014, solo un 43% de los niños elegibles obtuvieron ayuda de Head Start. Por su parte, Early Head Start (para niños menores de 3 años) alcanzó a un 4% de los chicos elegibles. Particularmente en ciudades densamente pobladas, subraya Malik, los índices de pobreza pueden no ser lo suficientemente elevados como para atraer el financiamiento federal necesario. Pero tampoco los ingresos son lo bastante altos para que las familias afronten el costo de las guarderías privadas. Este círculo vicioso incrementa la demanda de guarderías públicas, las cuales con frecuencia luchan duramente por conseguir los recursos financieros para no verse obligadas a cerrar.

Con el fin de reducir esta brecha, el CAP propone lo que los autores llaman “inversión en infraestructura” para guarderías. Si bien este Centro propone un crédito fiscal de más de 14,000 dólares para que las familias sufraguen el costo, eso no es suficiente, agrega Hamm. En el estudio, los autores trazan un paralelo con otros tipos de gastos federales:

“Así como los legisladores reconocen la necesidad de ansiadas inversiones en infraestructura de carreteras, puentes, y edificios públicos; a su vez deberían distribuir los recursos públicos en el mejoramiento de la infraestructura requerida para disponer de centros de alta calidad, tanto de cuidado infantil como educativos para la primera infancia”.

El gobierno federal ya destina cinco mil millones de dólares cada año para asistir financieramente a las familias de bajos ingresos. Dado que el crédito fiscal propuesto iría a parar al cuidado infantil, el CAP quiere ver el presupuesto federal efectivamente canalizado hacia las instalaciones, ya sea a través de la construcción de nuevos centros, o de la conversión en guarderías de escuelas sub-utilizadas u otros espacios públicos.

En Estados Unidos, “el cuidado infantil ha ocupado un segundo plano por mucho tiempo”, sentencia Hamm. “Ha habido una suerte de efecto paralizador sobre el diálogo político, ya que las personas suelen verlo como una responsabilidad familiar: si tienes niños, agénciate la forma de cuidarlos”. Hoy, prosigue Hamm, se está dando un giro. Mientras más madres se integran a la fuerza de trabajo, “crece la conciencia de que, contrariamente a como se percibía, el cuidado infantil no es un lujo”, remata. “Es un bien público y, como tal, debería ser entendido”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.