Facebook planea construir un pueblo: esto es lo que puede aprender de las industrias que ya lo hicieron

Las colonias industriales tienen una larga historia en el mundo. La localidad de Facebook en Silicon Valley podría utilizar sus lecciones.

El parque comercial en el pueblo propuesto por Facebook. OMA

En los comienzos del siglo XX, centenares de colonias industriales comenzaron a aparecer en todas partes de Estados Unidos. En estos cuasi-municipios públicos la corporación para la que trabajabas te construía tu casa, educaba a tus hijos, mantenía tus calles y alcantarillas e incluso te vendía los víveres. En algún momento contuvieron hasta un 3% de la población estadounidense, según el Economist.

Conforme la fuerza laboral del país se hizo más móvil y aumentó la prosperidad, las viviendas de trabajadores en el lugar se hicieron menos necesarias. La mayoría de las antiguas colonias industriales se han convertido que ya no dependen de sus patrocinadores corporativos.

Pero la colonia industrial no ha muerto aún. Facebook anunció recientemente un nuevo campus con 1,500 residencias y un distrito comercial transitable cerca de su sede en Menlo Park, California. Se han revelado pocos detalles hasta este momento, aparte de que se llamará Willow Campus y será diseñado por OMA, la empresa de arquitectura holandesa fundada por Rem Koolhaas.

Las colonias industriales de la actualidad, como en los días de antaño, son el producto de tres fuerzas: la expansión económica, el perfeccionamiento empresarial, y la planificación urbana optimista. Los primeros ejemplos de colonias industriales en Estados Unidos fueron las comunidades de las fábricas textiles de Nueva Inglaterra antes de la Guerra Civil. Las estimaciones para el número total de estas comunidades que existían en Estados Unidos van de 2,000 a 3,000. Su propósito era "facilitar la producción en zonas aisladas, y administrar eficazmente los recursos y la mano de obra", dice Marcelo Borges, profesor de historia de Dickinson College quien las estudia.

Las colonias podían ser ingeniosamente paternalistas, abiertamente explotadoras o algo entre estos dos puntos. Las corporaciones las consideraban una forma eficaz de administrar las relaciones laborales, un impulso extra que servía como zanahoria y como garrote al mismo tiempo. Si las compañías poseían toda la infraestructura que sus empleados utilizaban, podían asentarlos en viviendas de alta calidad y en comunidades con muchos servicios, con la esperanza de mantenerlos felices y productivos. Pero si los inodoros no eran suficientes para desalentar los piquetes, tener a sus jefes como arrendadores ponía a los potenciales organizadores de la fuerza laboral en un cepo.

"El bienestar social provisto por las empresas se consideraba una estrategia importante para promover la lealtad", dice Borges. "Hubo críticos de esta estrategia que la consideraban otra forma de control de la mano de obra, y también hubo exclusiones [de la vivienda] siguiendo líneas étnicas y raciales". Dos colonias industriales establecidas con unos 15 años de diferencia—Marktown, en Indiana, y Hershey, en Pennsylvania—ilustran los peligros del modelo y proporcionan el contexto para la comprensión de lo que podría ser el pueblo de Facebook en unas pocas generaciones. Ambas comenzaron como visiones amigables con los trabajadores del iluminado industrialismo de la Época Dorada, pero sus destinos difirieron dramáticamente. Hoy, Hershey es una ciudad relativamente próspera de 14,000 habitantes que acoge su herencia como el hogar de una querida empresa de golosinas; Marktown, otrora un centro de fabricación de acero, ahora está acosado por el desempleo y la desinversión, encerrado por gigantescas refinerías de petróleo. ¿Qué sucedió?

Marktown: construida para durar, ahora lucha por sobrevivir


Marktown en 1920. Cortesía de la Sociedad de Preservación de Marktown

Construida hace cien años, Marktown recibió su nombre en honor al industrialista Clayton Mark, quien fabricaba acero con el cual hacía tubos y tuberías. Mark contrató al arquitecto de Chicago Howard Van Doren Shaw para diseñar un modelo de comunidad de trabajadores. Shaw había estudiado previamente la inestabilidad laboral, una preocupación apremiante de industrialistas como Mark: a menudo, los obreros se quedaban en un trabajo durante sólo unos pocos meses, provocando una mayor rotación de empleados.

La razón para ello, concluyó Shaw, era la falta de viviendas de alta calidad. Con mejores viviendas, creía, las compañías tendrían una fuerza laboral más estable y mejores balances. Así que Shaw construyó las casas de Marktown de ladrillo ignífugo durable, las revistió de estuco y las pintó de brillantes colores pastel (que todavía brillan a través de las telarañas y los rincones derrumbados). Todas las comodidades más modernas (para 1917) estaban incluidas: agua corriente, hornos de carbón, y sótanos completos.

Zach Mortice

La decadencia de Marktown está ligada a la historia de la industria estadounidense del acero. Los avances tecnológicos redujeron la cantidad de trabajadores necesarios para producir el acero. En su apogeo, 14,000 personas trabajaban en la Indiana Harbor Works adyacente a Marktown. La misma planta (actualmente propiedad de ArcelorMittal, empresa con sede en Luxemburgo) ahora emplea menos de 5,000 personas.

"Yo creo que lo que nos hizo perseverar y mantenernos es la calidad de la construcción", dice Paul Myers, de la Sociedad de Preservación de Marktown, quien creció en Marktown y aún vive allí. "Si esto estuviera [hecho de] estructuras de armazón, ya habría desaparecido".

Shaw ideó una comunidad íntima con calles estrechas y transitables, para que los vecinos pudieran sentarse en sus porches delanteros y charlar con la gente que pasaba. Las calles de Marktown son tan estrechas que hoy los residentes estacionan en las aceras y caminan por el medio de la calle. Parece torpe al principio, pero en la práctica no es tan diferente de las calles urbanas compartidas o woonerfs, donde la integración de tráfico peatonal y vehicular es el principal punto de venta.

Zach Mortice

Marktown estaba destinado a albergar a 8,000 personas en las orillas del lago Michigan, pero nunca fue terminado; sólo se construyeron unas 200 viviendas en una docena de cuadras. La compañía de gas y petróleo BP, uno de los vecinos industriales de Marktown, ha estado comprando propiedades y demoliéndolas (alrededor de dos docenas hasta el momento) desde 2014. Marktown ha estado en el Registro Nacional de Lugares Históricos desde 1975. Un vocero de BP, dijo al Northwest Indiana Times que la compañía está comprando propiedades "alrededor del perímetro de la planta en un esfuerzo para crear más espacio verde". Myers, sin embargo, se queja de que BP no tiene "ningún respeto por su vecindario".

Hershey: un pueblo de golosinas que encontró un futuro más dulce


La avenida Chocolate, en Hershey, Pennsylvania. gsheldon/iStock

Quince años antes de construirse Marktown, el confitero Milton Hershey se sintió atraído hacia Eastern Pennsylvania por sus granjas lecheras y comenzó la construcción de una fábrica en 1903. Les dio a las calles de viviendas de obreros nombres de lugares tropicales donde crece el cacao: Granada, Caracas, Ceilán. Las viviendas unifamiliares en estas calles poseían "amplias zonas de césped, rodeadas por arbustos y flores", según la Hershey Derry Township Historical Society. Los principales edificios públicos en Hershey fueron diseñados en una variedad de estilos, desde el Art Decó hasta el Renacimiento italiano.

Inicialmente, para comprar bienes o construir en las propiedades de Hershey, había que ser empleado de Hershey. Desde el principio, Hershey alentó a la gente a comprar o construir, no alquilar. Esto era muy diferente a las empresas que pagaban salarios en 'scrip' (moneda sólo utilizable en la tienda de la compañía) y les cobraban en exceso a los trabajadores residentes. Un anuncio de Hershey de 1911 pregonaba así: "Seguramente es un mal negocio invertir su dinero en bienes raíces en una anticuada ciudad donde no existen mejoras modernas, no hay restricciones de construcción y no hay ninguna industria que apoye a la ciudad". Esto estaba en contraposición con una ciudad nueva como Hershey.

Milton Hershey también invirtió dinero en servicios públicos, incluso en los peores momentos de la Gran Depresión. Mientras el desempleo agitaba el resto de la nación, Hershey aprovechó los baratísimos precios de los materiales y una hambrienta mano de obra para construir un hotel, un teatro, un estadio de deportes y más como parte de su "Gran Campaña de Construcción".

El centro de visitantes en Hershey, Pennsylvania. Terryfic3D/iStock

La división de Hershey que no estaba relacionada con las golosinas perdió dinero durante décadas. Pero a Milton Hershey no le importaba. "Estaba mucho más interesado en que la ciudad fuera atractiva y habitable", dice Pam Whitenack, directora de Hershey Community Archives.

A través de las fronteras de la ciudad, Milton Hershey construyó y subsidió líneas de ferrocarril interurbano, dándoles a sus trabajadores la posibilidad de vivir en otros lugares. "La gente podía fácilmente comprar en otros lugares", dice Whitenack. "Si vivías en Hershey, no estabas confinado a la tienda de Hershey". El industrialista consideraba a Hershey un nodo en una red de comunidades, no un feudo aislado cuya insularidad podría traerle mejores rendimientos.

Los resultados de esa convicción pueden verse en el estado actual de salud económica relativa de Hershey: estimulada por los dólares de los turistas procedentes de su popular parque de diversiones, la ciudad goza de una gran cantidad de museos de historia y otras atracciones. Y todavía hacen chocolate aquí también. La sede corporativa de Hershey Company permanece en Hershey y, aunque cerró su fábrica de chocolate original hace varios años, se construyó una nueva planta en las cercanías. La empresa empleaba a 4,300 personas en la zona en 2015.

Cómo puede durar una colonia industrial

Facebook también hizo hincapié en la comunidad y la conexión para su nuevo campus y eso incluye planes para futuras conexiones ferroviarias (cuente el número de veces que la gente usa la palabra "comunidad" en el video). Como Hershey, Facebook considera que comprometerse con la zona circundante mejorará su rentabilidad. Esa visión difiere enormemente de la de otros titanes de la tecnología en Silicon Valley, que prefieren sus campus aislados e independientes. Pensemos en la nueva sede de Apple diseñada por Norman Foster, un elegante anillo insular de vidrio, rodeado por un foso de espacios de estacionamiento.

Quizás el mayor factor en la continua prosperidad de Hershey fue la decisión de Milton Hershey de transmitir su generosidad. Estableció un internado para niños de bajos ingresos. Tras su muerte, la empresa de chocolates estableció un fondo fiduciario que actualmente paga de 1.5 a 2 millones de dólares anuales a las escuelas públicas locales. Milton Hershey Medical Center, ahora el mayor empleador de la región con 12,000 empleados, comenzó con una donación de 50 millones de dólares de una fundación Hershey a la Penn State University. Milton Hershey garantizó que hubiera pilares económicos de Hershey más allá de la fábrica de dulces.

Todas las inversiones de Milton Hershey en el sector público y en el ámbito cultural, y la profunda reserva de recursos que creó para mantenerlas, dieron a su pueblo cierto margen de maniobra en caso de que la economía de la producción de chocolate en Eastern Pennsylvania resultara inviable. En caso de que una nueva empresa startup encuentre una mejor manera de compartir fotos de bebé, ésa es una lección que Facebook podría querer conservar.

La lección principal para Facebook y otros titanes de la tecnología que están considerando las viviendas para trabajadores es que las colonias industriales deben ser inversiones para el futuro, no sólo soluciones temporales de un problema inmediato—la aguda crisis de vivienda asequible de Silicon Valley. Desde la construcción robusta de Marktown hasta el conjunto de fondos fiduciarios y fundaciones que ayudaron a diversificar la economía de Hershey, las colonias industriales que perduran miden su rendimiento en el espacio público de alta calidad y la buena voluntad durante décadas por venir. Son sistemas económicos simbióticos con vida y vitalidad propias. Si el pueblo de Facebook sobrevive, como Hershey, las oleadas sucesivas de desarrollos se basarán en la visión de Mark Zuckerberg, y las líneas entre el patrono y el beneficiario se desdibujarán.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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