¿Dónde viven y dónde trabajan los neoyorquinos?

Manhattan ha reforzado su posición como el polo de empleos, pero sólo la llamada 'clase creativa' puede vivir en la isla. Acá explicamos la situación condado por condado.

La mayor cantidad de la clase obrera vive entre Brooklyn y Queens, pero Manhattan concentra los trabajos. marcoprati/istock

Durante su campaña electoral, hace tres años, Bill de Blasio se refirió a cómo algunos restaurantes de la ciudad de Nueva York ofrecían a sus clientes pizza de caviar por 1,000 dólares. Su alusión era parte de su discurso donde habló de la 'historia de dos ciudades en una”. En este, hizo un llamado a la necesidad de rescatar a la menguante clase media y a reducir la brecha, nunca antes tan amplia, entre ricos y pobres.

En algo sobre lo que escribí aquí unos pocos meses antes de que de Blasio profiriera su famoso discurso, describí la geografía de esas divisiones de clase. La clase creativa pudiente de trabajadores del conocimiento, profesionales, artistas, y trabajadores de los medios de comunicación se agrupaban en Manhattan y las zonas adyacentes a Brooklyn. La creciente clase de trabajadores en servicios de comida, pequeños negocios, empleados de oficina y de cuidado personal solían concentrarse en distritos periféricos. Y los obreros, entendidos en el modo tradicional, en pleno retiro.

Junto a mi colega Steven Pedigo de la NYU School of Professional Studies Urban Lab en el Schack Institute of Real Estate, realicé un análisis detallado de la estructura de la división de clases en el caso de las tres clases de empleo principales (la creativa, la de servicios, y la trabajadora u obrera). A su vez, nos enfocamos en dos dimensiones: los lugares en que trabajan y los barrios en que viven. Desarrollamos el estudio para la ciudad en general y para cada uno de los distritos por separado: Manhattan, Brooklyn, Queens, Bronx y Staten Island. Nuestros datos sobre el empleo provinieron mayormente de la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos, organizados y actualizados por EMSI, mientras que los datos relativos a los lugares de residencia los sacamos de la American Community Survey de 2015.


El gráfico de arriba muestra el patrón de la ciudad como un todo. L a favorecida clase creativa cuenta ahora con cerca de 1.5 millones de trabajadores, un 35% de los empleos en la ciudad y un 38.6% de sus residentes, promediando 88,000 dólares en sueldos y salarios al año. La clase de servicios es aún más extensa, con aproximadamente 2 millones de trabajadores, casi la mitad de la fuerza laboral de la ciudad. Pero representan solo un 42% de sus residentes, quizá un producto de que esta clase está forzada a vivir fuera de la ciudad. De hecho, los miembros de esta apenas hacen 38,900 dólares como promedio. La clase trabajadora, alguna vez la clase dominante de la ciudad, comprende ahora menos de una quinta parte de aquellos que habitan la ciudad y solo un 16% de su fuerza de trabajo.

La situación condado por condado


La isla de Manhattan sigue siendo el corazón de todo: aunque principalmente los privilegiados de la clase creativa viven aquí, este lugar concentra empleos de todas las clases como ningún otro condado. iStock


A Manhattan corresponde la mayor economía de la urbe y el principal empleador entre los condados, pues allí residen alrededor de la totalidad de los 116 multimillonarios de la ciudad y 2,100 millones de dólares en pequeñas empresas financiadas con capital especulativo, además de casi 6 de cada 10 miembros de su clase creativa.

Además, es la fuente de empleo para prácticamente la mitad de la clase obrera de la ciudad, un 60% de su clase de servicios y un 70% de su clase creativa. Los creativos de Manhattan consiguen cerca de 100,000 dólares al año, más del doble que la media de la ciudad en su conjunto. Además, esta clase constituye, como se decía antes, un 60% de todos los residentes de Manhattan.

Quienes trabajan en servicios no viven aquí en su mayoría, en todo caso. Los empleos en este sector representan un 47% de las ocupaciones en la famosa isla, pero implican a menos de un tercio de sus residentes. La clase trabajadora abarca un 13% de los empleos del distrito y a un increíblemente bajo 8.6% de sus habitantes.

Es por ello que Manhattan ha devenido un lugar para y de la favorecida clase creativa, con mucha menor representación del resto de las clases, quienes son indirectamente forzadas a salir de este cada vez más caro distrito, donde la renta media de un apartamento de dos cuartos es de 4,500 dólares, y el condominio promedio se vende por 2,887,400 de dólares.

En cuanto a la concentración de prácticas de arte, diseño y medios de comunicación, que representa un 37% de la clase creativa de Manhattan, hay que decir que triplica la concentración promedio a nivel nacional.

Brooklyn ha devenido esencialmente una comunidad dormitorio para la clase creativa, con una proporción mucho mayor de residentes que pertenecen a esta clase que de trabajadores o empleos. Más de 400,000 personas pertenecen a su clase creativa, lo que significa un 37% de sus residentes. Menos de la mitad de ese número trabaja aquí y son menos de un 30% de la fuerza laboral del distrito. Sus salarios son un 22% inferiores a los de sus homólogos de Manhattan. Y solo en Brooklyn radica un 12% de los empleos de la clase creativa de toda la ciudad.

Por su parte, los trabajadores de servicios constituyen más de la mitad de la fuerza laboral del distrito, lo que hace pensar en similitudes con ciudades, también orientadas a los servicios y el turismo, como Las Vegas y Miami, si bien comprenden un poco más de un 40% de sus residentes. Entretanto, la clase trabajadora ocupa un 18% de los empleos del distrito e implica un 20% de sus residentes. Sus salarios, al propio tiempo, son considerablemente menores que los de sus contrapartes en la isla de los rascacielos.


Queens se está transformando, como Brooklyn, en un lugar que la clase creativa viene usando cada vez más para dormir. La dotación de residentes que pertenecen a esta clase es de 300,000, un 23% del total de la ciudad, si bien cuenta con menos de un 10% de los empleos creativos de toda la urbe. Los trabajadores de los servicios ocupan casi la mitad de los empleos del distrito y representan un 44% de sus residentes, mientras una cuarta parte de los empleos y los residentes son clase trabajadora.

La clase creativa de El Bronx (un 32%) está más empleada que como lo estaba en Brooklyn, si bien abarca a una menor proporción de residentes en el distrito, menos de la cuarta parte. Los creativos del Bronx ganan apenas algo más que sus pares de Brooklyn, pero muchísimo menos que los de Manhattan.

Cerca de la mitad de su fuerza laboral y de sus residentes son empleados de servicios, al tiempo que su clase trabajadora agrupa a un 18% de su fuerza de trabajo, pero implica a más de un 25% de sus residentes.

Hay solo 30,000 empleos creativos en Staten Island, una fracción ínfima de los que hay en Manhattan. Esta clase comprende un 28.7% de los empleos del distrito. Más del doble de esa cantidad, sin embargo, son miembros de esa clase y viven en el propio distrito, esto es, un 38% de los residentes de Staten Island, una cifra que es mayor que en la gentrificada Brooklyn. Como los creativos de Brooklyn y de El Bronx, los de Staten Island ganan sustancialmente menos que sus homólogos de Manhattan.

Los empleados de servicios, un 40% de los residentes del distrito, constituyen prácticamente la mitad de su fuerza laboral, mientras que la clase trabajadora equivale a la quinta parte de ambos (de sus residentes y su fuerza laboral). Estos empleados de servicios ganan muchísimo menos que la media de la ciudad, si bien los obreros, en lo tocante a salarios, sí se ubican en la media de la urbe.

Finalmente, lo que estos gráficos evidencian en sentido general es una ciudad estratificándose en áreas de concentrada opulencia, en contraste con otras áreas de concentrada pobreza. Manhattan se está convirtiendo no solo en una isla de viviendas con precios astronómicos y exclusiva para la gente rica, sino que está reforzando su condición de centro neurálgico de empleos de alta calidad para toda la urbe. Y no solo es que los trabajadores de la clase creativa ganen mucho más allí que en los distritos periféricos, sino que las economías de los distritos exteriores cada vez pagan menos a los empleados de servicios y los obreros.

A la historia de Nueva York, contada como una ciudad partida en dos según la clase económica, hay que añadirle un epílogo: es la historia de dos ciudades aisladas, separadas entre sí por el lugar en que vive (y trabaja) la gente que las habitan.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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