Los supremacistas blancos están librando una guerra contra los espacios públicos

El fascismo y la portación de armas a la vista son incompatibles con las plazas públicas, en Charlottesville y en todas partes.

El Parque de la Emancipación, luego de la controversia, bloqueado al acceso del público. Chip Somodevilla/Getty Images

Lo sucedido el sábado en Charlottesville, Virginia está teniendo repercusiones en todo Estados Unidos. Mientras el fiscal general ha calificado el atropello de 20 personas como "terrorismo" –donde murió Heather Heyer–, el presidente Trump ha sido más que poco claro en su postura frente a los grupos nacionalistas blancos que organizaron la manifestación.

Las ramificaciones del ataque son muy amplias: para el cada vez más visible movimiento de supremacía blanca; para los conservadores convencionales que les dan refugio; para la ciudad universitaria liberal de Virginia acosada por estas marchas con antorchas; y para las víctimas del racismo y la intolerancia.


Pero el ataque también amenaza el espacio público, una comodidad que es escasa y necesaria para la democracia. La idea de la plaza pública está bajo ataque. Y la derecha alternativa extremista está librando una campaña para cerrar las plazas públicas, mediante la violencia y la intimidación, especialmente bajo las leyes de portación de armas a la vista.

El espacio público como 'ámbito público' es un concepto que se remonta a la Gran Bretaña de finales del siglo XIX. En 1866, el Secretario del Interior del Reino Unido Spencer Walpole le prohibió a la Liga de la Reforma celebrar un mitin por el sufragio universal en el Hyde Park de Londres. La Liga de la Reforma se defendió, argumentando que el parque pertenecía al público o a la corona. El Secretario del Interior no era ninguno de los dos. Cuando él no cedió, se produjeron disturbios, y durante el tercer día de violencia, unas 200,000 personas derribaron las puertas y tomaron por asalto Hyde Park. Hoy, un mosaico marca el Hyde Park Railings Affair (como se le conoce al suceso) en el sitio del denominado Árbol de los Reformistas, que fue quemado durante los disturbios. El árbol quemado sirve como un tablón de anuncios y punto de convergencia, un símbolo del derecho de reunión.

"Esos derechos que tomamos como 'inmemoriales', tales como el derecho a reunirse y utilizar el espacio público, no sólo son relativamente nuevos, siempre son muy disputados y quienes están en el poder sólo los conceden a regañadientes", escribe Don Mitchell en The Right to the City: Social Justice and the Fight for Public Space. "Siempre muy disputados: los derechos al espacio público nunca se garantizan de una vez por todas".

Arrollar a una multitud de personas en una concurrida zona comercial peatonal es una táctica que la extrema derecha adoptó de el Estado Islámico y el ataque del sábado fue el primer ataque terrorista con vehículos de ese tipo en Estados Unidos. Parecía como si hubiera sido calculado para causar el mayor daño posible. El Downtown Mall de Charlottesville es una de las más exitosas zonas comerciales peatonales en el país, una característica fundamental de la vida pública en la ciudad. Es una de las pocas zonas comerciales peatonales libres de coches en Estados Unidos y ha existido durante décadas.

Una breve historia al respecto: el Downtown Mall de Charlottesville fue diseñado por Lawrence Halprin, el arquitecto paisajista que hizo el Memorial a Franklin Delano Roosevelt en Washington DC y la Plaza Ghirardelli en San Francisco, entre muchas otras queridas plazas públicas. La ciudad lanzó el proyecto Downtown Mall en 1973 como un esfuerzo de revitalización. Como los negocios huían de los corredores urbanos hacia los distritos comerciales suburbanos, la ciudad redobló sus esfuerzos con una gran apertura para intentar cambiar el destino del centro. Y funcionó.

El Downtown Mall de Charlottesville ha sido escenario de protestas regulares desde el año pasado, cuando la ciudad declaró su intención de retirar una estatua confederada que homenajeaba a Robert E. Lee. Los supremacistas blancos viejos y jóvenes, desde el Ku Klux Klan hasta los Proud Boys, han llegado a la zona comercial en mítines de apoyo a la estatua, mítines que han atraído cada vez mayores protestas antifascistas.

El mitín del sábado de ‘Unite the Right’ (Unir a la Derecha) fue, de cierta forma, sobre el espacio público. Sus organizadores pretenden defender una estatua que proclama su historia, una que proclama la supremacía blanca como el poder oficial. También se involucraron en una batalla legal para celebrar la protesta en su parque preferido, el Parque de la Emancipación, un espacio que la ciudad consideraba peligroso para un mitín de supremacistas blancos. Y en las horas antes del mitín, ganaron esa batalla.

Ésa es la explicación textual: éste es un mitín por una estatua en un parque. Así es cómo los organizadores definen sus manifestaciones, como de naturaleza conservadora y preservadora. Pero la lucha de la derecha alternativa tiene que ver también con el espacio público. El fascismo rechaza el libre flujo de ideas y expresión. Es un ataque contra la esfera pública. El sábado se demostró eso.

La intimidación es también un ataque contra el espacio público. Y en los estados donde está permitida la portación de armas a la vista, Virginia entre ellos, la extrema derecha utiliza las armas para coartar la libre expresión. Consideremos esta escena de Charlottesville:


En los estados donde está permitida la portación de armas a la vista, los legisladores les han cedido visiblemente autoridad de aplicación de la ley a los provocadores racistas. Los derechos a la portación de armas a la vista no se extienden a las personas negras, no de forma segura e importante, por lo que los términos de este ‘debate’ —entre las minorías que intentan vivir y los blancos que intentan reprimirlos— no se pueden regularizar. La portación de armas a la vista es incompatible con el concepto de espacio público y libertad de expresión. Una plaza pública no es posible en los estados con leyes de portación de armas a la vista.

Las plazas públicas son vulnerables a ataques en autos porque están diseñadas (idealmente) para ser amplias, abiertas y accesibles a muchas personas para muchos propósitos. Un ataque en un auto ocurrido en mayo en la Plaza de Times Square de Nueva York —quizás la plaza pública más famosa de Estados Unidos— despertó temores de que había sido un ataque terrorista. En este caso, el conductor estaba bajo la influencia de drogas y afectado por graves problemas de salud mental. Una persona murió en el accidente de Times Square y 22 resultaron heridas. El accidente podría haber cobrado más vidas, si no fuera por los bolardos antichoques de seguridad de acero que detuvieron el coche, una característica de las muchas tantas agregadas desde 2010 para hacer Times Square más seguro para los peatones.

Esos bolardos no funcionarían en la Calle 4ª de Charlottesville, que está abierta al tráfico y cruza la zona comercial peatonal. El problema en Charlottesville no fue un problema de diseño, sino filosófico. El fascismo no es compatible con las plazas públicas. No es una idea competitiva que pueda ser sopesada de la misma forma que otras al decidir cómo garantizar el derecho de la Primera Enmienda a la libertad de reunión. Los supremacistas blancos están atacando una característica de la propia democracia.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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"Marchábamos por la calle cuando un automóvil, una berlina negra o gris, se nos lanzó encima, golpeó a todo el mundo. Luego retrocedió y nos volvió a embestir", relató a AFP un testigo. AP Photo